Sumando fuerzas por nuestro sistema de protección social

Sumar

La mayoría de las personas en nuestra sociedad, cuando sentimos una necesidad relacionada con la salud, la educación o la cobertura de gastos de subsistencia, tenemos los servicios e instituciones públicas como primera opción. Es a los poderes, presupuestos o estructuras públicas a las que acudimos mayoritariamente, en primera instancia, si enfermamos, si tenemos criaturas en edad escolar o si nos jubilamos, por ejemplo. Sin embargo, no pasa lo mismo cuando necesitamos cuidados, por citar otra importante área de necesidad. En ese caso se diría que los servicios sociales públicos son más bien el último recurso. No hemos conseguido universalizarlos y, sin embargo, muchas veces parecen haber quedado ya obsoletos, paradójicamente, además, cuando quizá más los necesitamos. (Como muestra , la inadecuación que esos dispositivos llamados residencias de mayores demostraron tener en la pandemia.)

El hecho de que nuestros servicios sociales, o también, por ejemplo, las políticas de vivienda sean partes de nuestro sistema de protección social que no han acabado de eclosionar no sólo deja importantes necesidades de las personas sin cubrir sino que hace que los ámbitos más desarrollados (como sanidad, educación o Seguridad Social) funcionen peor, al no estar mínimamente completada la arquitectura de nuestro sistema de bienestar. Hasta el punto de que, más que de ralentización o paralización del proceso de construcción del sistema de protección social, podemos hablar de retroceso y de crecientes disfunciones. Así, por ejemplo, personas relativamente bien cubiertas por el sistema sanitario y el de pensiones, ven gravemente comprometida su calidad de vida por las limitaciones o inadecuaciones de los servicios sociales y la política de vivienda.

Unas políticas sociales excesivamente contributivas (en detrimento de la universalidad) y excesivamente monetizadas (en detrimento de la prestación de servicios) hacen que, en ocasiones, el sistema de bienestar pase a ser parte del problema además de ser parte de la solución, contaminándose de desigualdad, patriarcado, colonialidad y discriminación. Además, una de las consecuencias de la globalización económica de las últimas décadas ha sido y sigue siendo la desvinculación comunitaria y la mayor segregación territorial. Y ahí notamos que nuestro Estado de bienestar dialoga mal con las comunidades y los territorios, no nos ayuda al desarrollo comunitario y territorial y contribuye en algunas ocasiones a la individualización, mercantilización y alienación en nuestros barrios, pueblos, ciudades y países. La crisis de los cuidados se complica con la crisis de los sujetos.

Sin duda hemos de reivindicar con orgullo y defender con vehemencia nuestro sistema de protección social pero, a la vez, hemos de ser conscientes de que necesita ser completado, además de requerir profundas reformas y mucha innovación, en un proceso coral que ha de ser acompañado por mayorías sociales que hay que construir, proteger y cuidar, sumando tradiciones políticas diferentes (socialdemocracias, izquierdas, sindicatos, movimientos sociales) y, en general, la mayor variedad de agentes que sea posible.

(Contenido aproximado de la intervención en el acto de escucha de Yolanda Díaz con personas de la sociedad civil vasca, en la foto, organizado por Sumar en Bilbao el pasado 9 de septiembre de 2022.)


  1. Comparto la reflexiones …..los Servicios Sociales sin vivienda ni urbanismo alineado, es probable que hagan mejor …lo que no hay que hacer. Eskerrik asko Fernando.

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