La participación social de las personas mayores

Txema

Resumiéndolo en muy pocas palabras y sin matices, diríamos que la oferta de las instituciones para la participación social de las personas mayores se comprende, fundamentalmente, desde el paradigma del envejecimiento activo, que podría ser visto como la propuesta que se ha venido haciendo desde las Administraciones del bienestar a las llamadas clases pasivas con un cierto paternalismo y clientelismo en algunas ocasiones. Desde el punto de vista institucional ha venido siendo y es una realidad confusa, ya que, frecuentemente (como otras organizaciones del tercer sector), aunque tiene una forma jurídica de asociación autogobernada, su funcionamiento y financiación dependen en gran medida del sector público. Por último, como parte que son de una sociedad patriarcal, hemos de reconocer que estas iniciativas no han estado exentas de machismo en su funcionamiento y conducción.

La crisis de este modelo puede deberse a tres factores principales:

  • La revolución de la longevidad, que supone, conlleva y determina una gran diversificación de perfiles dentro del segmento de las personas mayores: diferentes edades y también capacidades e intereses.
  • El proceso de individualización, que ha transformado y sigue transformando fuertemente los entramados familiares y comunitarios, desvinculando a las personas, mercantilizando sus relaciones y diversificando sus trayectorias vitales.
  • La emergencia de la soledad y de la crisis de los cuidados como problema social y marco de referencia para las preocupaciones de las personas mayores y las políticas en relación con ellas.

En ese contexto cabe decir que nuestros tradicionales centros sociales de personas mayores se quedan un poco en tierra de nadie: demasiado asistenciales para algunas personas y contextos y demasiado poco para otras, por decirlo con una frase sintética y de brocha gorda.

Y, en todo caso, seguramente hemos de aceptar que la oferta para la participación social de las personas mayores, como otros dispositivos sociales coetáneos, está atravesada por fuertes tensiones que, hoy y aquí, se dan entre las generaciones, entre Administración y ciudadanía, entre profesionales y legos, entre tecnología y humanidad y, en definitiva, entre humanidad y entorno. Tensiones que parecen tener las características de los dolores de parto que esperamos que alumbren nueva vida pero que, en el mientras tanto, producen sufrimiento y zozobra. Tensiones que hacen que frecuentemente nuestras decisiones, movimientos o iniciativas desencadenen efectos opuestos a los deseados y agraven los problemas que queríamos resolver, metiéndonos en espirales de burocratización, desmotivación, desorientación, alienación o destrucción. Tensiones que, en todo caso, nos estimulan para seguir pensando, aprendiendo, disfrutando, trabajando y compartiendo.

(Fragmento adaptado del texto preparado para el curso de verano organizado por Euskofederpen para el próximo miércoles, día en el que se colgará en esta web el documento completo. En la foto, tomada de Deia, Txema Odriozola, líder de Euskofederpen en los pasados años.)

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