Tendencias para el gobierno de las políticas sociales

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Parecemos entrar en la transición entre los tiempos pandémicos y los tiempos de la reconstrucción y quienes gobiernan nuestras políticas sociales se encuentran ante el desafío de identificar grandes tendencias en curso, como corrientes u olas que aprovechar para tomar y dar impulso. Se proponen y presentan las siete siguientes:

1. Profesionalización

La sociedad del conocimiento es la sociedad de la profesionalización, es decir, la sociedad en la que más y más necesidades van obteniendo respuesta a través de esas figuras con un plus de saber exigible que llamamos profesionales. En ese contexto, es evidente que el campo específico de los cuidados de larga duración es uno de los que, con más claridad, va a necesitar más cantidad y cualificación de profesionales, por el aumento, diversificación y sofisticación de la demanda. Ello es interesante, por otra parte, porque vivimos en una sociedad en la que el empleo sigue siendo un regulador importante y un mecanismo fundamental del contrato social y el campo de los servicios sociales tiene, por lo dicho, una importante capacidad y potencialidad de creación, absorción y sostenimiento de empleo de diferentes tipos. La inversión en cualificación es predistributiva.

2. Digitalización

Internet es (con la experiencia de la pandemia todavía más) la infraestructura fundamental para el funcionamiento de la sociedad y, especialmente, para la regulación de las relaciones, la gestión de la información y la circulación del dinero. Aquellos sectores de actividad (y, específicamente, aquellas ramas de la política social) que equilibren e hibriden mejor la capa digital y los procesos materiales, corporales y presenciales en sus niveles operativos, de gestión y de gobierno tendrán, seguramente, más posibilidades de éxito. Sea como fuere, la digitalización representa un gran reto para el diseño de políticas sociales pues su poder tecnológico le permite una gran capacidad de transformar (y eventualmente de desfigurar) los procesos que se digitalizan (de ahí la importancia de la deliberación ética al respecto).

3. Territorialización

Por razones medioambientales y de supervivencia, resulta imperativo que nuestras vidas se desarrollen en mayor medida en la proximidad física y en la reciprocidad comunitaria, con una diversificación (en el continuo individual-comunitario-público) de las formas de tenencia y uso del territorio y la edificación y de los formatos de vivienda y equipamiento dotacional. Por ello, aportarán más valor aquellas políticas sociales y aquellos agentes y profesionales que mejor contribuyan a que las personas podamos vivir más tiempos y hacer más itinerarios de satisfacción de necesidades en nuestros vecindarios y localidades, potenciando los activos y relaciones comunitarias de todo tipo. La pandemia y la perspectiva de colapsos aconsejan invertir en comunidades y territorios resilientes apoyados en la capilaridad y atención integrada del personal profesional de las políticas de bienestar a pie de calle.

4. Clusterización

Las actividades económicas (y todas las que satisfacen necesidades lo son) suelen ordenarse (articularse o integrarse, vertical y horizontalmente) en ecosistemas (clústeres) donde unas organizaciones ejercen un efecto tractor sobre otras. Pensemos, por ejemplo, en lo diferente que resultará el futuro de las actuales residencias de mayores (la zona cero de la pandemia) si su necesaria transformación se hace en el marco de sistemas públicos de servicios sociales, en el marco de ecosistemas sanitarios, en un marco de silver economy, en un marco de regeneración de barrios y vecindarios, en el marco de un sistema de cuidados o en otro clúster diferente. Estamos en un momento crucial para tomar un camino u otro y para acertar en el impulso de las dinámicas de tracción, sinergia y estructuración.

5. Coproducción

Las nuevas complejidades de los desafíos a los que se enfrenta nuestra sociedad (como se está viendo con claridad en los meses de la pandemia) reclaman nuevas capacidades directivas de los poderes públicos y nuevas formas de repartir y coordinar los papeles entre la Administración pública y otros agentes. La pandemia ha sido ocasión de nuevas formas y cotas de ejercicio de la autoridad pública que reclaman, a su vez, de nuevas iniciativas de empoderamiento de la sociedad civil y de gobernanza, gestión y producción colaborativas, generadoras de confianza, que saquen lo mejor de cada tipo de agente, cada uno con su papel específico y sus correspondientes ventajas comparativas. De lo contrario, el enquistamiento endogámico de muchos partidos políticos se retroalimenta con el individualismo posesivo de relevantes capas de la población.

6. Politización

El aumento de las desigualdades y de la precarización, fragmentación y segregación laboral, residencial, económica y, en general, social hace que no pueda ser sino conflictiva la pugna por unas u otras políticas sociales. Se ha de intentar que las políticas sociales se apoyen en la mayor medida posible en la evidencia y en los consensos de la comunidad de conocimiento y, sin embargo, desde el diseño de políticas sociales se debe reconocer y reclamar la dimensión ideológica y emocional de las políticas sociales. Puede decirse que, en los pasados meses, hemos tenido en Pablo Iglesias el ejemplo de una acción política desconectada de la materia de su responsabilidad en el Gobierno (servicios sociales) y el ejemplo contrario, en Yolanda Díaz, de hacer política con mayúsculas (y emocionante) precisamente desde el conocimiento y la viabilización de su responsabilidad gubernamental (trabajo).

7. Disrupción

En una sociedad de la innovación y en la que, cuando creemos tener respuestas, cambian velozmente las preguntas, la maquinaria de construcción, implementación y reconocimiento de políticas sociales debe tener la capacidad de realizar con agilidad experiencias piloto (lanchas rápidas) que pronto puedan convertirse en iniciativas emblemáticas (buques insignia, según la terminología adoptada, por ejemplo, en el Plan de recuperación, transformación y resiliencia del Gobierno de España), tractoras de procesos de mejora, reforma y transformación de las políticas sociales (nuestra flota). La maniobrabilidad y capacidad de respuesta rápida a retos inéditos y tormentas perfectas se hace más necesaria para las políticas sociales.

Lecturas recientes inspiradoras

DEL PINO, Eloisa y SUBIRATS, Joan (coordinación)(2021): Las Administraciones ante los riesgos sociales y globales. Madrid, INAP.

GOMÁ, Ricard y UBASART, Gemma (coordinación)(2021): Vidas en transición. (Re)construir la ciudadanía social. Madrid, Tecnos.

PÉREZ ERANSUS, Begoña y MARTÍNEZ VIRTO, Lucía (coordinación)(2020): Políticas de inclusión en España: viejos debates, nuevos derechos. Madrid, CIS.

MORENO, Francisco Javier y DEL PINO, Eloisa (edición)(2020): Las transformaciones sociales y territoriales del Estado en la edad digital. Libro homenaje a Luis Moreno. Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

(Contenidos de o para encuentros de la semana pasada o previstos para la entrante con el Consorcio As Mariñas, Nerea Eguren, los Departamentos de Empleo del Gobierno Vasco y la Diputación Foral de Bizkaia, Elkarrekin Podemos, APTES, el Plan Estratégico Metropolitano de Barcelona, el Consejo Económico y Social Vasco, el proyecto CUMADE (con Amaia Pérez Orozco y Dolors Comas, entre otras), el PSOE (a través de Eva Granados), Adinberri, el Consell Comarcal de la Noguera y los grupos cooperativos Tangente y Servicios Sociales Integrados.)

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