Aportaciones, límites, riesgos y potencialidades de la acción comunitaria

Ruth

Bajo el concepto de acción comunitaria cabe englobar, tentativamente y en un sentido amplio, actuaciones de Administraciones profesionalizadas de proximidad, de movimientos ciudadanos o, eventualmente, de otros agentes que tienen como objetivo (central o colateral, final o instrumental) el fortalecimiento de relaciones primarias (en clave de reconocimiento, afectividad, gratuidad y reciprocidad) que impulsan (y se nutren de) proyectos compartidos (para la satisfacción de necesidades) por parte de grupos y redes de personas en un entorno territorial de carácter local.

En un contexto de posible colapso (en facetas importantes) de la globalización capitalista, la acción comunitaria puede ganar atracción como instrumento para crear, fortalecer o reinventar funcionamientos a escala humana (menor, próxima, local, relacional, cotidiana) capaces de reemplazar, complementar o transformar algunos de los dispositivos o estructuras que se pueden estar saturando, bloqueando o desmoronando. En la reciente pandemia, por ejemplo, hemos podido apreciar en mayor medida el valor del apoyo social y ayuda mutua en la proximidad convivencial o vecinal,  en el mismo momento en el que determinadas estructuras formales de protección se iban tornando más ineficientes, opacas e inaccesibles.

Lógicamente, hay problemas o retos sociales que deben abordarse a una escala mayor y mediante reglas y organizaciones formalizadas con otras lógicas (estatales, mercantiles o solidarias) y ciertamente uno de los riesgos para las comunidades y la acción comunitaria es que se espere demasiado de ellas, que se les pida lo que no pueden aportar. Hoy y aquí las dinámicas comunitarias (especialmente las que trascienden las familiares) son muy  frágiles. Prometedoras, ilusionantes e imprescindibles pero muy frágiles.

De ahí la importancia de no confundirnos, de no desperdiciar esfuerzos, de afinar y acompasar discursos, estrategias y prácticas. Sector público sumando con tercer sector. Profesionales de las políticas sectoriales (con enfoque comunitario) de la mano de especialistas en la acción comunitaria transversal e intersectorial. Legitimidad de las instituciones democráticas y legitimidad de la participación (también antagonista, problematizadora y conflictiva) comunitaria, ciudadana y popular. Preocupación por los espacios públicos y equipamientos (infraestructuras) tanto como por los servicios, programas e intervenciones que los llenan de contenido.

En tiempos de desvinculación, individualización y soledades, conviene estar alerta frente a iniciativas que usan la marca comunitaria como bandera de conveniencia oportunista para quince minutos de notoriedad o cortina de humo para disimular deterioros o regresiones en nuestro Estado de bienestar. Para ello resulta fundamental estrechar lazos en el seno de nuestras redes y comunidades de práctica y conocimiento de la acción comunitaria. Sistematizar, escribir y conversar abiertamente, especialmente con quienes provienen de una diferente trayectoria, tradición o cultura dentro del mundo de la acción comunitaria.

Lecturas recientes inspiradoras:

AGUILAR, María José (2020): “Comunidad 1: La jaula epistemológica” https://mariajoseaguilaridanez.wordpress.com/2020/12/22/comunidad-1-la-jaula-epistemologica/

AHEDO, Igor (2019): “Poder y potencia en la ciudad. Cuidado, participación y defensa comunitaria” en Anuario de Eusko-Folklore, 53, 35-56.

BALLESTER, Marta y MANYÀ, Clàudia (2022): Document de bases per a un marc de referencia del treball comunitari als serveis socials bàsics. Barcelona, Generalitat de Catalunya.

DFG (Diputación Foral de Gipuzkoa) (2022): Acción comunitaria. Marco conceptual, estratégico y operativo enfocado a la acción pública de la Diputación Foral de Gipuzkoa y ayuntamientos del territorio. Donostia.

FANTOVA, Fernando (2022): “Integración de la atención diurna y la acción comunitaria en los servicios sociales” http://fantova.net/?p=3890

GALLASTEGI, Asier (2018): “Bherria: cómo se construyen los procesos significativos” https://korapilatzen.com/2018/01/17/bherria-se-construyen-los-procesos-significativos/

GENERALITAT DE CATALUNYA (2021): Els plans locals d’acció comunitaria per a la inclusió social. Barcelona.

GIL, Mónica y JUBETO, Yolanda (coordinación) (2022): Economía feminista, políticas públicas y acción comunitaria. Valencia, Tirant lo Blanch.

GODÀS, Xavier (2021): “Concepte de comunitat i acció social profesional” https://lleiengel.cat/comunitat-i-accio-social-professional/

HERNAN, Mariano y CUBILLO, Jara (coordinación técnica) (2021): Acción comunitaria para ganar salud. Madrid, Ministerio de Sanidad.

KLINENBERG, Eric (2021): Palacios del pueblo. Madrid, Capitán Swing.

MANENT, Ariadna (2022): “Efecte mirall dels models organizatius en la intervención social comunitaria” https://ariadnamanent.blogspot.com/2022/09/efecte-mirall-dels-models-organitzatius.html

MORALES, Ernesto y REBOLLO, Óscar (2014): “Potencialitats i límits de l’acció comunitària com a estratègia empoderadora en el context de crisi actual” en Revista de Treball Social, 203, 9-22.

MORÁN, Nerea y FERNÁNDEZ CASADEVANTE, José Luis (Kois) (2022): “Tener muy presente el futuro urbano alternativo” https://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/80-numero-44/961-tener-muy-presente-el-futuro-urbano-alternativo

OVTSS (Observatorio Vasco del Tercer Sector Social) (2019): “Apoyo mutuo y reciprocidad: trasfondo y horizonte de la intervención social” https://3seuskadi.eus/breve/apoyo-mutuo-y-reciprocidad-trasfondo-y-horizonte-de-la-intervencion-social/

SEGURA, Javier (2022): “Introducción a la salud comunitaria (I): polisemia y conflicto” https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/2022/08/28/introduccion-a-la-salud-comunitaria-i-polisemia-y-conflicto/

(En la fotografía, mural de Ruth Juan en el barrio de San Francisco, Bilbao.)

Integración de la atención diurna y la acción comunitaria en los servicios sociales

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El Decreto 185/2015 de cartera de servicios y prestaciones del Sistema Vasco de Servicios Sociales opta por hablar de “servicio de atención diurna” para referirse a los de responsabilidad municipal (atención primaria o comunitaria) y de “centro de día” para los de responsabilidad foral (atención secundaria o especializada). Ateniéndonos a la ficha 1.7. de este Decreto, habría varios tipos de servicios de atención diurna y, entre ellos, por ejemplo, los servicios de atención diurna para personas mayores en situaciones de fragilidad o de dependencia moderada (con intervenciones de carácter habilitador o recreativo, entre otras). En la terminología de la llamada Ley de dependencia española estaríamos hablando de servicios de promoción de la autonomía y prevención de la dependencia.

Como cualquier otro servicio social, el servicio de atención diurna del que habla la ficha 1.7. busca proteger y potenciar la interacción de las personas, es decir, el ajuste entre su autonomía funcional para las decisiones y actividades de la vida diaria y su red de relaciones primarias (familiares y comunitarias). Dicho de otra manera, prevenir tanto la dependencia funcional como el aislamiento social (o la exclusión relacional, que sería más o menos lo mismo).

Por otra parte, la ficha 1.5. del Decreto de cartera es la del “servicio de promoción de la participación y la inclusión social en el ámbito de los servicios sociales”. Se trata de un servicio que fomenta la participación de la comunidad en o para la consecución de los fines de los servicios sociales (es decir, relaciones primarias positivas entre personas con la mayor autonomía funcional posible). En (o desde) este servicio es crucial identificar activos y dinámicas valiosas existentes en la comunidad, promoverlas y acompañar (en un sentido amplio) a las personas en y para sus procesos de encuentro, actividad y relaciones comunitarias.

Cabe pensar, por cierto, en un servicio integrado entre servicio de atención diurna (1.7.) y servicio de promoción de la participación y la inclusión social (1.5.), operando en y desde un mismo equipamiento o centro físico si, desde ese servicio integrado, además de atender a un determinado número de personas usuarias del servicio 1.7., se interviene con la comunidad, se construye comunidad, se fortalece la comunidad y, por lo tanto, se llega a un conjunto más amplio de personas que el de las usuarias del servicio de atención diurna.

El hecho de que el servicio de atención diurna (1.7.) ofrezca a sus personas usuarias encuentros y actividades dentro y fuera del equipamiento en el que está ubicado y el hecho de que el servicio de promoción de la participación y la inclusión (1.5.) pueda organizar encuentros y actividades comunitarias y apoyarse en encuentros y actividades que organizan otros servicios y, en general, agentes nos permite visualizar una posible dinámica en la que, a simple vista, no resulte posible diferenciar a las personas usuarias del servicio de atención diurna de las que no lo son, por decirlo gráficamente.

Así, una persona usuaria del servicio de atención diurna (1.7.) puede empezar acudiendo con regularidad y frecuencia a su centro físico y participando en los encuentros o actividades allí organizadas por ese servicio pero, tiempo después, puede suceder que los encuentros y actividades en las que participa no sean responsabilidad del servicio de atención diurna sino, por ejemplo, espontáneas en el vecindario u organizadas por otros agentes del barrio. En ese momento seguiría siendo usuaria de ambos servicios (1.7. y 1.5.) aunque el servicio de atención diurna (integrado con el de participación comunitaria) no le estaría ofreciendo directamente una actividad habilitadora o recreativa sino, más bien, un acompañamiento y seguimiento cuando participa en dichos encuentros o actividades comunitarias. La integración de estos servicios estaría ofreciendo, seguramente, calidad, flexibilidad y escalabilidad a los servicios sociales.

Lecturas recientes relacionadas:

BALLESTER, Marta y MANYÀ, Clàudia (2022): Document de bases per a un marc de referencia del treball comunitari als serveis socials bàsics. Barcelona, Generalitat de Catalunya.

CREAM, Julia y otras (2022): Building capacity and capability for improvement in adult social care. London, The King’s Fund.

DE MARTEL, Jean-François (2019): Un pognon de dingue. Reconstruire l’action sociale. Rennes. Presses de l’EHESP.

FERNÁNDEZ DE CASADEVANTE, José Luis y otras (2022): Solidaridades de proximidad. Ayuda mutua y cuidados ante la covid-19. Madrid, Tangente.

GIMÉNEZ BERTOMEU, Víctor Manuel (2010): Las organizaciones de servicios sociales de atención primaria. Alicante, Diputación de Alicante.

OECD (2015): Integrating social services for vulnerable groups: bridging sectors for better service delivery. Paris.

RECKNAGEL, Jan (2018): Ageing well: user centred principles for aging in community. Toronto, OCAD.

RODRÍGUEZ CABRERO, Gregorio y otras (2022): Informe de evaluación del Sistema de promoción de la Autonomía personal y Atención a las personas en situación de Dependencia (SAAD). Madrid, Gobierno de España.

SAN ROMÁN, Amalia y otras (2021): Apoyos 2030. Un viaje para avanzar hacia apoyos personalizados y en la comunidad. Madrid, Plena Inclusión.

(Nota al hilo de trabajos con la cooperativa Servicios Sociales Integrados y el Ayuntamiento de Bilbao, colaboraciones con el Ministerio de Derechos Sociales sobre legislación en la materia, consultoría sobre inclusión social con el Gobierno Vasco y una reciente conversación con Javier Segura, Marta Ballester y Xavier Godàs.)

Sumando fuerzas por nuestro sistema de protección social

Sumar

La mayoría de las personas en nuestra sociedad, cuando sentimos una necesidad relacionada con la salud, la educación o la cobertura de gastos de subsistencia, tenemos los servicios e instituciones públicas como primera opción. Es a los poderes, presupuestos o estructuras públicas a las que acudimos mayoritariamente, en primera instancia, si enfermamos, si tenemos criaturas en edad escolar o si nos jubilamos, por ejemplo. Sin embargo, no pasa lo mismo cuando necesitamos cuidados, por citar otra importante área de necesidad. En ese caso se diría que los servicios sociales públicos son más bien el último recurso. No hemos conseguido universalizarlos y, sin embargo, muchas veces parecen haber quedado ya obsoletos, paradójicamente, además, cuando quizá más los necesitamos. (Como muestra , la inadecuación que esos dispositivos llamados residencias de mayores demostraron tener en la pandemia.)

El hecho de que nuestros servicios sociales, o también, por ejemplo, las políticas de vivienda sean partes de nuestro sistema de protección social que no han acabado de eclosionar no sólo deja importantes necesidades de las personas sin cubrir sino que hace que los ámbitos más desarrollados (como sanidad, educación o Seguridad Social) funcionen peor, al no estar mínimamente completada la arquitectura de nuestro sistema de bienestar. Hasta el punto de que, más que de ralentización o paralización del proceso de construcción del sistema de protección social, podemos hablar de retroceso y de crecientes disfunciones. Así, por ejemplo, personas relativamente bien cubiertas por el sistema sanitario y el de pensiones, ven gravemente comprometida su calidad de vida por las limitaciones o inadecuaciones de los servicios sociales y la política de vivienda.

Unas políticas sociales excesivamente contributivas (en detrimento de la universalidad) y excesivamente monetizadas (en detrimento de la prestación de servicios) hacen que, en ocasiones, el sistema de bienestar pase a ser parte del problema además de ser parte de la solución, contaminándose de desigualdad, patriarcado, colonialidad y discriminación. Además, una de las consecuencias de la globalización económica de las últimas décadas ha sido y sigue siendo la desvinculación comunitaria y la mayor segregación territorial. Y ahí notamos que nuestro Estado de bienestar dialoga mal con las comunidades y los territorios, no nos ayuda al desarrollo comunitario y territorial y contribuye en algunas ocasiones a la individualización, mercantilización y alienación en nuestros barrios, pueblos, ciudades y países. La crisis de los cuidados se complica con la crisis de los sujetos.

Sin duda hemos de reivindicar con orgullo y defender con vehemencia nuestro sistema de protección social pero, a la vez, hemos de ser conscientes de que necesita ser completado, además de requerir profundas reformas y mucha innovación, en un proceso coral que ha de ser acompañado por mayorías sociales que hay que construir, proteger y cuidar, sumando tradiciones políticas diferentes (socialdemocracias, izquierdas, sindicatos, movimientos sociales) y, en general, la mayor variedad de agentes que sea posible.

(Contenido aproximado de la intervención en el acto de escucha de Yolanda Díaz con personas de la sociedad civil vasca, en la foto, organizado por Sumar en Bilbao el pasado 9 de septiembre de 2022.)

Retos para la innovación en inclusión social

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Estar en situación de inclusión social es formar parte del cuerpo social, participar en (un conjunto suficiente de) los diferentes tipos de transacciones con otras personas que permiten satisfacer necesidades e incrementar las probabilidades de volverlas a satisfacer en el futuro. La inclusión social es un bien del que podemos disfrutar en la medida en que disponemos de al menos algunos entre una serie de bienes (en una entrada reciente de este blog se han identificado y propuesto 16). Por eso hablar de inclusión social y exclusión social es hablar de situaciones:

  • complejas (multidimensionales),
  • diversas (heterogéneas), interseccionales,
  • estructuralmente (socialmente) determinadas,
  • interactivas (en parte dependen de nuestras acciones),
  • prevenibles y (también) reversibles.

Intentamos criticar y superar la concepción de la exclusión social como una realidad minoritaria, extrema, rígida, estereotipada y estigmatizada que se asocia a un grupo o perfil determinado (o a unos grupos o perfiles determinados) de personas: una especie de etiqueta (cajón de sastre) para un batiburrillo de personas que no sabemos cómo clasificar de otra manera… Una cosa es que tengamos (y sigamos teniendo) algunas herramientas, dispositivos, programas, prestaciones o actuaciones (por ejemplo en los servicios sociales, sanitarios, de vivienda o de empleo) para la detección y atención de algunas personas en situación grave de exclusión social (y que ello resulte pragmáticamente útil) y otra, distinta, que ello nos impida ver y analizar el fenómeno en su totalidad.

En una sociedad como la nuestra la referencia principal para la prevención y abordaje de las situaciones de exclusión social son las llamadas políticas sociales en su conjunto y en su irradiación hacia el resto de políticas públicas y, en general, subsistemas del sistema social. Por tanto, el reto de la inclusión social es un reto para todas las políticas públicas sociales y, específicamente para:

  • Las diferentes intervenciones operativas de varias de ellas (intervención social, educación, vivienda, garantía ingresos u otras), que presentan tendencias comunes o similares como:
    • Prevención, proactividad, estratificación.
    • Profesionalización, especialización.
    • Enfoque comunitario, territorialización.
    • Coproducción, pública y solidaria.
    • Autodeterminación y participación.
  • La organización y la gestión de la diferenciación e integración verticales en cada una de las ramas o pilares.
  • La organización y la gestión de la diferenciación e integración horizontales entre las diferentes ramas o pilares.

En última instancia o en definitiva nos encontramos ante el reto de construir un saber (conocimiento) colectivo para llegar a una innovación tecnológica, organizativa y política para la inclusión social, sabiendo que dichas innovaciones deberán intentar siempre basarse en unos valores éticos contrarios a los de las estructuras y dinámicas sociales excluyentes. Así, por ejemplo, sucede en:

  • Las intervenciones del ámbito de la salud mental, los servicios sociales u otras que se basan en el paradigma recovery
  • Las experiencias de atención integrada (integrated care).
  • Las políticas públicas que se basan en acicates (nudges).

Si nos fijamos, tanto las innovaciones que se producen en el ámbito de las profesiones o tecnologías de atención directa a las personas (psiquiatría, trabajo social o psicología, por ejemplo), como las que se sitúan más en la organización y gestión o en la política y el gobierno han de responder a valores morales inclusivos, no pueden pretender ser éticamente neutras, como no lo es la propia exclusión social.

Por lo tanto, si queremos hablar con propiedad de la innovación en materia de inclusión social, hemos de reconocer la envergadura del ámbito del que hablamos y la complejidad de las dinámicas de innovación en las diferentes ramas, niveles y, en general, partes involucradas.

 

BIZKAIA: Decreto Foral 59/2019 de la Diputación Foral de Bizkaia por el que se regula el procedimiento especializado en materia de inclusión social.

FANTOVA, Fernando (2014): Diseño de políticas sociales. Fundamentos, estructura y propuestas. Madrid, CCS.

GIPUZKOA (2022): Guía para la personalización de los servicios sociales en Gipuzkoa. Donostia. Diputación Foral de Gipuzkoa.

LAPARRA, Miguel (2021): “Una nueva política de inclusión social para suturar las heridas de dos crisis económicas devastadoras” en FEC (Fundación Eguía Careaga) (edición): Servicios sociales y vulnerabilidad frente a la pandemia. Donostia, 245-259.

LIEDO, Belén y otras (2021): “Soledad, patriarcado y crisis de los cuidados: la perspectiva de género” en MOSCOSO, Melania y AUSÍN, Txetxu (edición): Soledades. Una cartografía para nuestro tiempo. Madrid, Plaza y Valdés, 67-98.

MARTÍNEZ SORDONI, Laureano (2022): “Innovación en materia de inclusión social: atención integrada entre servicios sociales y de empleo. El caso del proyecto ERSISI en Navarra” en Cuadernos de Trabajo Social 35(2), 171-182.

SECO, Oscar (2018): “Marco conceptual y caracterización del servicio de día para la inclusión social en Bizkaia” en Zerbitzuan, 67, 67-78.

UNECE (2022): Approaches to measuring social exclusion. Geneva, United Nations.

VIDAL, Fernando (2022): El paradigma recovery. Los trabajos sociales de la libertad. Madrid, Universidad Pontificia Comillas.

ZALAKAIN, Joseba (2020): “Innovaciones, tendencias y buenas prácticas en materia de inclusión social en los países de la Unión Europea” en PÉREZ ERANSUS, Begoña y MARTÍNEZ VIRTO, Lucía (coordinación): Políticas de inclusión en España: viejos debates y nuevos derechos. Madrid, CIS, 39-91.

(Notas en el proceso de preparación de la intervención en un próximo curso de verano, de cuya publicidad se ha tomado la ilustración.)