Hacia una Euskadi de los Cuidados (e pur si muove)

mentsad deia

¿Son los cuidados nuestro elefante en la habitación? ¿Son ese asunto espinoso en el que estamos pensando pero que preferimos eludir en la conversación? ¿O serán como el elefante de la fábula, que distintas personas perciben de diferente manera según qué parte de su cuerpo estén tocando, al no poder abarcarlo entero? Sea como fuere, en nuestro pequeño país, cabe identificar algunos movimientos, algunas búsquedas, algunos intentos que, ojalá, podamos impulsar y relacionar de manera cada vez más intensa y acompasada, hacia una Euskadi de los Cuidados.

En materia de conocimiento y visión sobre los cuidados, sin duda, hemos de reconocer la deuda de nuestra sociedad con la economía feminista, representada, por ejemplo, por La Colectiva XXK, desde la que comparten saberes Valentina Longo, Silvia Piris Lekuona y Amaia Pérez Orozco. Otros estudios de interés sobre la materia los aporta el SIIS (dirigido por Joseba Zalakain y con investigadoras como Raquel Sanz o Inti Fraile), sin ir más lejos dos bien recientes sobre sostenibilidad del gasto y calidad de la atención. Por otra parte, esperamos con interés la celebración en Vitoria-Gasteiz del próximo Congreso Nacional de Bioética, centrado en los cuidados, cuyo comité organizador está presidido por Marije Goikoetxea, de la Universidad de Deusto. Desde la Universidad del País Vasco, por ejemplo, Matxalen Legarreta participa en el proyecto CUMADE sobre cuidados y género.

Nuestros servicios sociales, obviamente, también están en esa búsqueda, como podía comprobarse, por ejemplo, en las palabras de Sara Buesa en el último número de la revista Grande Place (próximamente disponible en la web), desde la experiencia del Ayuntamiento de Vitoria en la pandemia, con una especial referencia a la sinergia entre los servicios sociales de atención primaria y las redes vecinales de cuidados, mapeadas en este caso por Urbanbat.

En el tercer sector y la economía solidaria podemos fijarnos en las muchas líneas de intervención e innovación del grupo Servicios Sociales Integrados, dirigido por Karmele Acedo y con investigadoras como Clara González o Martín Zuñiga. En este momento, entre otras, cabe destacar su colaboración con la Vicelehendakaritza de Empleo del Gobierno Vasco en el proyecto #ZainLab, que intenta identificar palancas facilitadoras para el proceso de profesionalización de los cuidados y, en general, la economía de la longevidad, con claves de personalización, prevención, proximidad, (re)habilitación, digitalización y comunidad.

En #ZainLab están implicadas, entre otros agentes, las Diputaciones Forales. En el caso de Gipuzkoa, a través de la fundación Adinberri, quien, simultáneamente, está construyendo participativamente la estrategia Hariak, ante las soledades. Esta Diputación, en el marco de su iniciativa Etorkizuna Eraikiz, impulsa proyectos como Pasaia Herri Lab, ecosistema local de cuidados, en el que se imbrican actuaciones de Osakidetza, la Fundacion Matia, OK en Casa, la Fundación Hurkoa, Adinkide y el Ayuntamiento de Pasaia. En este contexto encontramos aportaciones de figuras de referencia como Mayte Sancho, Iñigo Kortabitarte, Maider Azurmendi, José Ignacio del Pozo, Agurtzane Solabarrieta, Félix Arrieta o Irati Mogollón.

Las políticas de vivienda y urbanismo, por su parte, son fundamentales para la organización social de los cuidados y esto se está teniendo en cuenta, por ejemplo, en los proyectos Opengela de regeneración urbana integral o en la promoción de formatos de vivienda facilitadores de la equidad de género, las relaciones intergeneracionales y la apertura a la comunidad por parte de Viviendas Municipales de Bilbao o del Departamento de Vivienda del Gobierno Vasco, que ha encargado, también, un diagnóstico sobre el modelo de viviendas colaborativas en Euskadi. Arquitectas y urbanistas como María Arana, Naiara Zabala, Ignacio de la Puerta, Elena Pérez Hoyos, Miren Vives, Patxi Galarraga o Arrate Presilla trabajan en esta línea.

Por último, no es posible olvidar el papel de los movimientos sociales, entre los que encontramos, por ejemplo, a Amalan, (Asociación de Madres y Tutoras Cuidadoras de Personas con Gran Dependencia), Emakume Migratu Feministak Sociosanitarias o Irauli Zaintza por citar tan sólo tres. Y se sigue con interés la trayectoria de activistas como Isabel Otxoa, Rafael Armesto, Julio Gómez, Igor Nabarro, Juan Luis Uria o Arantza Basagoiti.

Baste este rápido repaso muy personal de algunas apuestas novedosas o renovadas en materia de cuidados para afirmar, recordando la frase atribuida a Galileo ,que el mundo de los cuidados en Euskadi, “sin embargo, se mueve.” Esperemos que, en el proceso de recuperación pospandémico, la organización social de los cuidados adquiera la centralidad que merece y que la transformación de los dispositivos existentes y la creación de otros nuevos encuentren en las políticas públicas vascas el liderazgo necesario y en la sociedad vasca el acompañamiento imprescindible.

(Información procesada en el marco de un trabajo de consultoría estratégica para el Departamento de Empleo, Inclusión Social e Igualdad de la Diputación Foral de Bizkaia. En la foto, de José Mari Martínez, tomada del diario Deia, posa alumnado y profesorado de una acción formativa del Grupo SSI.)

Algunas lecturas recientes que han acompañado la elaboración de esta entrada:

CAMPS, Victoria (2021): Tiempo de cuidados. Barcelona, Arpa.

CHRISTENSEN, Karen y PILLING, Doria (2020): “Introduction” en CHRISTENSEN, Karen y PILLING, Doria (edición): The Routledge Handbook of Social Care Work Around the World. Abingdon, Routledge, 1-12.

DONATI, Pierpaolo (2020): “Diritti sociali e welfare relazionale” en MORUZZI, Mauro y PRANDINI, Riccardo (cuidado): Modelli di welfare. Una discussione critica. Milano, Franco Angeli, páginas 77-112.

ETXEBERRIA, Xabier (2020): Dependientes, vulnerables, capaces. Receptividad y vida ética. Madrid, Los Libros de la Catarata.

LEICHSENRING, Kai (2021): “Applying ideal types in long-term care analysis” en ASPALTER, Christian (edición): Ideal types in comparative social policy. Abington, Routledge, páginas 187-206.

MARTÍN PALOMO, María Teresa (2016): Cuidado, vulnerabilidad e interdependencias. Nuevos retos políticos. Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

SPC (Social Protection Committee) y EC (European Commission) (2021): 2021 Long-Term Care Report. Luxemburg, European Commission.

Construyendo ecosistemas locales de cuidados y apoyo comunitario

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Partamos de que los cuidados pueden constituir un foco de interés creciente e importante en los próximos años en nuestro contexto, que pueden ser vistos como uno de los grandes problemas sociales no resueltos por parte de capas cada vez más amplias de la población.

Y asumamos que, hoy en día, ningún agente o sector tiene el liderazgo al respecto, es decir, que no hay ninguna organización o sistema social al que mire de forma clara y mayoritaria la ciudadanía cuando siente que necesita o puede necesitar cuidados o apoyos para cuidarse o cuidar.

Las instituciones públicas con responsabilidades en materia de servicios sociales tienen aquí una responsabilidad y una oportunidad pero solas no pueden hacer frente a este desafío y, sin duda, es imprescindible la colaboración del sistema de salud, del tercer sector de acción social, de las políticas de vivienda, de los servicios de empleo, de los movimientos sociales, de la acción comunitaria, de los centros escolares, de diferentes empresas tecnológicas, de las industrias del ocio y así sucesivamente.

En materia de cuidados (especialmente de cuidados de larga duración) y apoyos (más o menos) conexos son fundamentales el territorio, la convivencia y la proximidad. Por fundamental e insoslayable que resulte la digitalización de los cuidados, éstos se siguen produciendo en gran medida en el cuerpo a cuerpo y en un contexto de relación y compromiso familiar y comunitario. Contexto en el que, junto a los cuidados, se producen y disfrutan otros apoyos e intervenciones propias de los servicios sociales, la acción comunitaria o la atención integrada para el bienestar.

Necesitamos, por tanto, estructurar, desarrollar, visualizar y visibilizar ecosistemas de cuidados (y otros apoyos de proximidad) a escala humana, de enfoque familiar y comunitario. En cada lugar, con los agentes, activos, demandas y oportunidades realmente existentes y disponibles. Comprometiéndonos siempre a la fundamentación, trazabilidad y sistematización de las prácticas en conversaciones, colaboraciones y redes políticas y de conocimiento. Tan conscientes de la urgencia y envergadura del reto como de la necesidad de afrontarlo, con orden y concierto, desde marcos reconocibles y con visos de continuidad.

(Notas iniciales para el diseño de la segunda edición del Aula de Servicios Sociales del Gobierno de Cantabria. En la foto, la inauguración de la primera.)

Una brújula para reconstruir el contrato social

Contrato social

En el centro, la palabra “regulación”, representando la política, entendida como la toma de decisiones para cursos de actuación y (re)generación de estructuras mediante leyes u otros instrumentos. Partiendo de la percepción de que estamos en un momento de replanteamiento global del contrato social en nuestra sociedad.

Desde ese centro, los cuatro puntos cardinales a no perder de vista serían:

  • El territorio, es decir, la demarcación geográfica de referencia (municipal, autonómica, estatal, europea o mundial).
  • El conocimiento, base de cualquier decisión.
  • Los recursos disponibles, ahora y en el futuro, para dar satisfacción a las necesidades de las personas.
  • La legitimación, combustible imprescindible en una sociedad democrática.

El primer elemento definitorio del contrato social que podamos (re)construir es el de nuestras finalidades y, entre ellas, la principal, que puede ser:

  • La igualdad, si lo que más nos importa es el reparto equitativo de los bienes entre la diversidad de personas.
  • La eficiencia, si lo que priorizamos es incentivar la autonomía y creatividad para producir y disfrutar de esos bienes.
  • La cohesión, si nuestro foco está en el vínculo social que nos une como comunidad.

En segundo lugar, construimos contrato social cuando determinamos la satisfacción de qué necesidades y la producción de qué bienes se realizará mediante el mecanismo de la familia, del dinero o del Estado.

En tercer lugar, resulta fundamental para para la formulación del contrato social la diferenciación entre tres grandes técnicas de política pública:

  • La provisión de los bienes (por ejemplo mediante servicios sociales públicos que proporcionan cuidados de larga duración).
  • La predistribución (por ejemplo, invirtiendo en conocimiento y capacitación de los agentes que aumente su capacidad de producción de cuidados).
  • La redistribución (por, ejemplo, garantizando a todas las personas unos cuidados adecuados en el final de su vida, con independencia de los recursos o capacidades que tengan ese momento).

Por último, en cuarto lugar, se trata de ver qué segmentos sociales (en función de su posición económica, sexo o edad) son beneficiados o perjudicados en cada caso y en qué medida se pueden lograr sinergias y alianzas entre segmentos o nuevas formas de segmentación y nuevos sujetos.

(Esquema preparado para la Vicelehendakaritza y Departamento del Gobierno Vasco responsable en materia de Inclusión.)

Comunidad, servicios sociales, acción comunitaria e inclusión

inclusio

Hablar de comunidad es hablar de proximidad. Es hablar de vínculos, de afinidad, de vecindad. Hablar de comunidad es hablar de convivencia en diversidad(es). Es hablar de espacios, equipamientos y servicios públicos. Es hablar de autoorganización, de autogestión, de autodeterminación. También es hablar de calle, de encuentro, de fiesta. Es hablar de pertenencia elegida, de reconocimiento recíproco, de proyecto compartido. Hablar de comunidad ha de ser hablar de calidad de vida, de bienestar, de inclusión.

Podemos definir la acción comunitaria como el conjunto de actuaciones de la sociedad civil y los poderes y administraciones públicas que, con independencia de otras finalidades (principales o secundarias) que puedan perseguir, pretenden (de manera intencional, explicita y sistemática) construir, fortalecer, mejorar o potenciar la vida en comunidad, es decir, las comunidades como uno de los dispositivos o entornos fundamentales para la vida de las personas.

Los servicios sociales son, sin duda, un ámbito de actividad económica y una rama de la política pública en y desde los que se realiza (la) acción comunitaria, tanto en la atención primaria como en la especializada, tanto en los servicios públicos como en los concertados. Aunque somos conscientes de que nuestros servicios sociales y sus profesionales no son ajenas a dinámicas sociales de destrucción de lazos comunitarios, de desvinculación, de perversión de las dinámicas comunitarias, de estigmatización, de manipulación, de segregación, de exclusión. No pocas veces practicamos en los servicios sociales un asistencialismo punitivo que desempodera, aísla y aliena a las personas.

En cualquier caso, antes y después de la acción comunitaria sectorial que pueda hacerse en y desde los servicios sociales (u otros, como los de salud, urbanismo, empleo, seguridad, vivienda, promoción económica o cultura), la acción comunitaria ha de ser integrada e intersectorial. Y es vertebrada y compuesta en gran medida por agentes con encargos transversales en clave interseccional de igualdad y diversidad de género, generacional, funcional o cultural. Siendo sin duda imprescindibles los agentes con encargo propia y específicamente comunitario, frecuentemente con contenidos de prevención y promoción.

En la pandemia hemos tenido ocasión de (volver a) comprobar con fuerza la necesidad de la comunidad y de la acción comunitaria, así como de avizorar las oportunidades que se abren ante nuestros servicios sociales y otros servicios públicos y agentes de proximidad para involucrarse en procesos innovadores de acción comunitaria. Para incorporar una mirada más comunitaria, para construir comunidad, para ser comunidad.

(Notas tras el III Congreso de la Acción Social inclusio.cat.)

Profesionalización y especialización en cuidados y economía de la longevidad: tendencias ciertas e inciertas

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Hay unas tendencias claras que son tractoras (de manera más directa o indirecta) de los procesos de cualificación y profesionalización en los cuidados de larga duración (de los servicios sociales) y la economía de la longevidad en general en nuestro entorno:

  • El progresivo incremento, en los próximos años, del número de personas con diversos grados de limitación funcional para las actividades de la vida diaria (especialmente mayores) y del número de personas mayores (con o sin limitaciones funcionales).
  • La disminución de cuidado primario disponible por los cambios en las estructuras y dinámicas familiares y comunitarias.
  • La mayor complejidad o sofisticación de las situaciones de las personas y la consiguiente necesidad de especializaciones en o a partir de algunas actividades.
  • El aumento y diversificación de exigencias y expectativas de las personas mayores (o con discapacidad) en materia de cuidados y en general, incluyendo el aumento de la capacidad de acción colectiva e interlocución estratégica.
  • La necesidad de reemplazo por jubilación de un número importante de las personas que ahora están trabajando en estos ámbitos.

Hay, sin embargo, otros fenómenos o procesos que van a tener relevancia de cara a la cualificación y profesionalización en los cuidados de larga duración (de los servicios sociales) y la economía amigable con las personas mayores pero cuyo ritmo y sentido de evolución resulta más difícil de prever:

  • La existencia de una cierta estabilidad económica e institucional en los próximos años o la ocurrencia de eventos disruptivos de carácter sanitario, financiero, político o de otra índole, tanto aquí como en otros países (de dónde vienen migrantes).
  • El fortalecimiento de las dinámicas de aumento de la desigualdad y la desvinculación o bien el surgimiento de iniciativas favorecedoras de la equidad y cohesión social.
  • La envergadura de la apuesta política y presupuestaria de las políticas públicas en materia de servicios sociales u otras conexas.
  • El modelo de provisión que predominará en los sistemas autonómicos (y los subsistemas locales) de servicios sociales, a partir, por ejemplo, de la tensión entre el racionamiento de servicios (predominantemente) concertados y los pagos directos (o cheques servicio o presupuestos personales).
  • El grado de desarrollo que alcanzarán iniciativas intersectoriales de desarrollo comunitario que puedan introducir modificaciones relevantes en los modos de habitar y convivir en las viviendas y vecindarios y en las dinámicas de ayuda mutua, acción voluntaria y organización solidaria.
  • Las maneras de integración o clusterización de actividades según cuáles sean tractoras o vertebradoras (no es lo mismo que el negocio inmobiliario tire del asistencial que lo contrario, no es lo mismo que la rama sanitaria tire más o menos de la de servicios sociales y así sucesivamente).
  • La idoneidad e intensidad de los esfuerzos por superar la informalidad y precariedad que asola el ámbito de los cuidados.
  • Las dinámicas de intermediación o desintermediación en las diversas actividades (como, por ejemplo, cooperativización del trabajo doméstico, fortalecimiento de la gestión de caso, uberización de los cuidados u otras).
  • Los desarrollos tecnológicos de todo tipo que permitan responder de nuevas maneras a las necesidades de cuidado y otras que presenten las personas mayores o con discapacidad.
  • La configuración de los correspondientes ecosistemas de conocimiento y el papel de las proveedoras de formación y de las propias organizaciones prestadoras de servicios.

(Notas compartidas dentro del proyecto #ZainLab, ejecutado por el grupo cooperativo de la economía solidaria Servicios Sociales Integrados con apoyo del Departamento de Empleo del Gobierno Vasco. En la foto, su presentación a cargo de la VIcelehendakari, Idoia Mendia; el Viceconsejero, Alfonso Gurpegui, y la Directora de SSI, Karmele Acedo.)