El cráter de los cuidados

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En la superficie terrestre hablamos de cráteres para referirnos a huecos, a espacios vacíos que aparecen por erupciones desde el interior de la tierra, por impactos externos, por movimientos de tierras y, en ocasiones, por razones desconocidas. La metáfora del cráter quizá nos sirva para comprender mejor el momento actual en materia de cuidados profesionales de larga duración.

No cabe duda de que el tejido profesional relacionado con los cuidados está tensionado y parece seguro que se va a tensionar más, mucho más. El problema es cuantitativo (necesitamos más personas de perfiles o cualificaciones que ya existen en gran medida) y cualitativo (seguramente vamos a necesitar nuevos perfiles o cualificaciones). La trama profesional de los cuidados se está rompiendo por varios lados, se están abriendo boquetes cuya dinámica y dimensionamiento nos resulta difícil de conocer y prever. Todo un reto para nuestras políticas de empleo.

Desde diferentes zonas de terreno más o menos firme cercanas al cráter, se ofrecen oportunidades para hacer frente a la situación (aunque también se perciben riesgos de ser engullidas por el cráter). Por ejemplo:

  • Desde diferentes tipos o programas de servicios sociales, como, por ejemplo, la orientación personalizada, la intervención familiar, la dinamización comunitaria, el llamado Servicio de Ayuda a Domicilio, la asistencia personal o los diferentes centros residenciales y sus profesionales más reconocibles (como las llamadas auxiliares o profesionales con perfil técnico con o sin grado universitario, mayor o menor).
  • Desde los servicios y profesiones sanitarias (con formación universitaria o profesional de diferentes grados).
  • Desde el servicio doméstico, con sus alternativas de dignificación, profesionalización o empresarización.
  • Desde el mundo del ocio, el deporte, el turismo o la cultura, con su capacidad de hacerse más accesible, amigable e inclusivo.
  • Desde el ámbito inmobiliario (perfiles profesionales que acompañan y ayudan a las personas en diferentes momentos de su itinerario residencial: desde el diseño de soluciones habitacionales más o menos compartidas o asistidas hasta el día a día de las comunidades vecinales).

Hoy y aquí no tenemos un plan para la reconstrucción, no sabemos cómo vamos a cubrir el cráter, cuántos y qué profesionales estarán en esta economía de los cuidados y la longevidad. Y, seguramente, es difícil avanzar porque las decisiones políticas sobre organización social de los cuidados interactúan con otras sobre, por ejemplo, fiscalidad o inmigración y, en definitiva, con grandes arreglos familiares, comunitarios y sociales de manejo de la diversidad de género, generacional, funcional y cultural.

Más aún, seguramente en los cuidados nos jugamos una frontera de lo humano: ¿Hasta dónde la autonomía? ¿Y las familias? ¿Hasta dónde la profesionalización? ¿Y las comunidades? ¿Y las tecnologías? ¿Y qué familias? ¿Qué profesionales? ¿Qué comunidades? ¿Qué tecnologías? ¿Qué sociedad?

El cráter de los cuidados, sin duda, está haciéndose más grande en la pandemia. Cada día se traga más vidas y haciendas. Y sabemos que no se trata de un problema coyuntural y pasajero sino de la expresión de una falla estructural de la organización social de nuestro capitalismo patriarcal del bienestar. Seguramente no sobra casi nadie, casi ninguno de los agentes implicados hoy en el mundo de los cuidados. Y todos ellos deberán poder transitar bien y con apoyos desde donde están hoy hacia nuevas posiciones. Pero todos ellos están llamados a elevar la mirada para construir estrategias compartidas y poder lograr que, más pronto que tarde, donde hoy se abre un cráter construyamos el terreno seguro y fértil de una sociedad cuidadora.

(Reflexiones en el marco del proyecto #ZainLab.)

Hacia una Euskadi de los Cuidados (e pur si muove)

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¿Son los cuidados nuestro elefante en la habitación? ¿Son ese asunto espinoso en el que estamos pensando pero que preferimos eludir en la conversación? ¿O serán como el elefante de la fábula, que distintas personas perciben de diferente manera según qué parte de su cuerpo estén tocando, al no poder abarcarlo entero? Sea como fuere, en nuestro pequeño país, cabe identificar algunos movimientos, algunas búsquedas, algunos intentos que, ojalá, podamos impulsar y relacionar de manera cada vez más intensa y acompasada, hacia una Euskadi de los Cuidados.

En materia de conocimiento y visión sobre los cuidados, sin duda, hemos de reconocer la deuda de nuestra sociedad con la economía feminista, representada, por ejemplo, por La Colectiva XXK, desde la que comparten saberes Valentina Longo, Silvia Piris Lekuona y Amaia Pérez Orozco. Otros estudios de interés sobre la materia los aporta el SIIS (dirigido por Joseba Zalakain y con investigadoras como Raquel Sanz o Inti Fraile), sin ir más lejos dos bien recientes sobre sostenibilidad del gasto y calidad de la atención. Por otra parte, esperamos con interés la celebración en Vitoria-Gasteiz del próximo Congreso Nacional de Bioética, centrado en los cuidados, cuyo comité organizador está presidido por Marije Goikoetxea, de la Universidad de Deusto. Desde la Universidad del País Vasco, por ejemplo, Matxalen Legarreta participa en el proyecto CUMADE sobre cuidados y género.

Nuestros servicios sociales, obviamente, también están en esa búsqueda, como podía comprobarse, por ejemplo, en las palabras de Sara Buesa en el último número de la revista Grande Place (próximamente disponible en la web), desde la experiencia del Ayuntamiento de Vitoria en la pandemia, con una especial referencia a la sinergia entre los servicios sociales de atención primaria y las redes vecinales de cuidados, mapeadas en este caso por Urbanbat.

En el tercer sector y la economía solidaria podemos fijarnos en las muchas líneas de intervención e innovación del grupo Servicios Sociales Integrados, dirigido por Karmele Acedo y con investigadoras como Clara González o Martín Zuñiga. En este momento, entre otras, cabe destacar su colaboración con la Vicelehendakaritza de Empleo del Gobierno Vasco en el proyecto #ZainLab, que intenta identificar palancas facilitadoras para el proceso de profesionalización de los cuidados y, en general, la economía de la longevidad, con claves de personalización, prevención, proximidad, (re)habilitación, digitalización y comunidad.

En #ZainLab están implicadas, entre otros agentes, las Diputaciones Forales. En el caso de Gipuzkoa, a través de la fundación Adinberri, quien, simultáneamente, está construyendo participativamente la estrategia Hariak, ante las soledades. Esta Diputación, en el marco de su iniciativa Etorkizuna Eraikiz, impulsa proyectos como Pasaia Herri Lab, ecosistema local de cuidados, en el que se imbrican actuaciones de Osakidetza, la Fundacion MatiaOK en Casa, la Fundación HurkoaAdinkide y el Ayuntamiento de Pasaia. En este contexto encontramos aportaciones de figuras de referencia como Mayte Sancho, Iñigo Kortabitarte, Maider Azurmendi, José Ignacio del Pozo, Agurtzane Solabarrieta, Félix Arrieta o Irati Mogollón.

Las políticas de vivienda y urbanismo, por su parte, son fundamentales para la organización social de los cuidados y esto se está teniendo en cuenta, por ejemplo, en los proyectos Opengela de regeneración urbana integral o en la promoción de formatos de vivienda facilitadores de la equidad de género, las relaciones intergeneracionales y la apertura a la comunidad por parte de Viviendas Municipales de Bilbao o del Departamento de Vivienda del Gobierno Vasco, que ha encargado, también, un diagnóstico sobre el modelo de viviendas colaborativas en Euskadi. Arquitectas y urbanistas como María Arana, Naiara Zabala, Ignacio de la Puerta, Elena Pérez Hoyos, Miren Vives, Patxi Galarraga o Arrate Presilla trabajan en esta línea.

Por último, no es posible olvidar el papel de los movimientos sociales, entre los que encontramos, por ejemplo, a Amalan, (Asociación de Madres y Tutoras Cuidadoras de Personas con Gran Dependencia), Emakume Migratu Feministak Sociosanitarias o Irauli Zaintza por citar tan sólo tres. Y se sigue con interés la trayectoria de activistas como Isabel Otxoa, Rafael Armesto, Julio Gómez, Igor Nabarro, Juan Luis Uria o Arantza Basagoiti.

Baste este rápido repaso muy personal de algunas apuestas novedosas o renovadas en materia de cuidados para afirmar, recordando la frase atribuida a Galileo ,que el mundo de los cuidados en Euskadi, “sin embargo, se mueve.” Esperemos que, en el proceso de recuperación pospandémico, la organización social de los cuidados adquiera la centralidad que merece y que la transformación de los dispositivos existentes y la creación de otros nuevos encuentren en las políticas públicas vascas el liderazgo necesario y en la sociedad vasca el acompañamiento imprescindible.

(Información procesada en el marco de un trabajo de consultoría estratégica para el Departamento de Empleo, Inclusión Social e Igualdad de la Diputación Foral de Bizkaia. En la foto, de José Mari Martínez, tomada del diario Deia, posa alumnado y profesorado de una acción formativa del Grupo SSI.)

Algunas lecturas recientes que han acompañado la elaboración de esta entrada:

CAMPS, Victoria (2021): Tiempo de cuidados. Barcelona, Arpa.

CHRISTENSEN, Karen y PILLING, Doria (2020): “Introduction” en CHRISTENSEN, Karen y PILLING, Doria (edición): The Routledge Handbook of Social Care Work Around the World. Abingdon, Routledge, 1-12.

DONATI, Pierpaolo (2020): “Diritti sociali e welfare relazionale” en MORUZZI, Mauro y PRANDINI, Riccardo (cuidado): Modelli di welfare. Una discussione critica. Milano, Franco Angeli, páginas 77-112.

ETXEBERRIA, Xabier (2020): Dependientes, vulnerables, capaces. Receptividad y vida ética. Madrid, Los Libros de la Catarata.

LEICHSENRING, Kai (2021): “Applying ideal types in long-term care analysis” en ASPALTER, Christian (edición): Ideal types in comparative social policy. Abington, Routledge, páginas 187-206.

MARTÍN PALOMO, María Teresa (2016): Cuidado, vulnerabilidad e interdependencias. Nuevos retos políticos. Madrid, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.

SPC (Social Protection Committee) y EC (European Commission) (2021): 2021 Long-Term Care Report. Luxemburg, European Commission.

Profesionalización y especialización en cuidados y economía de la longevidad: tendencias ciertas e inciertas

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Hay unas tendencias claras que son tractoras (de manera más directa o indirecta) de los procesos de cualificación y profesionalización en los cuidados de larga duración (de los servicios sociales) y la economía de la longevidad en general en nuestro entorno:

  • El progresivo incremento, en los próximos años, del número de personas con diversos grados de limitación funcional para las actividades de la vida diaria (especialmente mayores) y del número de personas mayores (con o sin limitaciones funcionales).
  • La disminución de cuidado primario disponible por los cambios en las estructuras y dinámicas familiares y comunitarias.
  • La mayor complejidad o sofisticación de las situaciones de las personas y la consiguiente necesidad de especializaciones en o a partir de algunas actividades.
  • El aumento y diversificación de exigencias y expectativas de las personas mayores (o con discapacidad) en materia de cuidados y en general, incluyendo el aumento de la capacidad de acción colectiva e interlocución estratégica.
  • La necesidad de reemplazo por jubilación de un número importante de las personas que ahora están trabajando en estos ámbitos.

Hay, sin embargo, otros fenómenos o procesos que van a tener relevancia de cara a la cualificación y profesionalización en los cuidados de larga duración (de los servicios sociales) y la economía amigable con las personas mayores pero cuyo ritmo y sentido de evolución resulta más difícil de prever:

  • La existencia de una cierta estabilidad económica e institucional en los próximos años o la ocurrencia de eventos disruptivos de carácter sanitario, financiero, político o de otra índole, tanto aquí como en otros países (de dónde vienen migrantes).
  • El fortalecimiento de las dinámicas de aumento de la desigualdad y la desvinculación o bien el surgimiento de iniciativas favorecedoras de la equidad y cohesión social.
  • La envergadura de la apuesta política y presupuestaria de las políticas públicas en materia de servicios sociales u otras conexas.
  • El modelo de provisión que predominará en los sistemas autonómicos (y los subsistemas locales) de servicios sociales, a partir, por ejemplo, de la tensión entre el racionamiento de servicios (predominantemente) concertados y los pagos directos (o cheques servicio o presupuestos personales).
  • El grado de desarrollo que alcanzarán iniciativas intersectoriales de desarrollo comunitario que puedan introducir modificaciones relevantes en los modos de habitar y convivir en las viviendas y vecindarios y en las dinámicas de ayuda mutua, acción voluntaria y organización solidaria.
  • Las maneras de integración o clusterización de actividades según cuáles sean tractoras o vertebradoras (no es lo mismo que el negocio inmobiliario tire del asistencial que lo contrario, no es lo mismo que la rama sanitaria tire más o menos de la de servicios sociales y así sucesivamente).
  • La idoneidad e intensidad de los esfuerzos por superar la informalidad y precariedad que asola el ámbito de los cuidados.
  • Las dinámicas de intermediación o desintermediación en las diversas actividades (como, por ejemplo, cooperativización del trabajo doméstico, fortalecimiento de la gestión de caso, uberización de los cuidados u otras).
  • Los desarrollos tecnológicos de todo tipo que permitan responder de nuevas maneras a las necesidades de cuidado y otras que presenten las personas mayores o con discapacidad.
  • La configuración de los correspondientes ecosistemas de conocimiento y el papel de las proveedoras de formación y de las propias organizaciones prestadoras de servicios.

(Notas compartidas dentro del proyecto #ZainLab, ejecutado por el grupo cooperativo de la economía solidaria Servicios Sociales Integrados con apoyo del Departamento de Empleo del Gobierno Vasco. En la foto, su presentación a cargo de la VIcelehendakari, Idoia Mendia; el Viceconsejero, Alfonso Gurpegui, y la Directora de SSI, Karmele Acedo.)

Cuidarnos en comunidad: políticas de cuidados

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(esquema con enlaces, para la conferencia de esta tarde)

Cuidados

Elección del término y marco, en lugar de otro (dependencia, servicios sociales, conciliación, envejecimiento, silver economy u otros)

Mirada feminista, interseccional y pospandémica (crisis, cadenas y colapso)

Conceptualización

Arquetipo: cuidado de criaturas y legado social

Ingredientes: funcionamiento, relación, empoderamiento, humanización

Cuidado como derecho

Dimensionamiento

Entre los cinco primeros desafíos hoy y aquí

Tormenta perfecta: longevidad de baby boomers con complejidad, estructura y dinámica familiares, cambio en reciprocidad intergeneracional ascendente, estructura habitacional, movilidad, desigualdades.

2040: ¿cuadruplicar la envergadura?

Modelo implícito actual

Infancia: permisos y escuela

Cuidados de larga duración: pensión contributiva, patrimonio inmobiliario y suerte (y, si no hay suerte, servicios sociales)

Diseño: diferenciación e integración intersectorial

Disfunciones crecientes en la interfaz salud-servicios sociales

Escenarios:

Elementos: atención, prescripción, gestión, financiación

Tipos: caótico, corporativo, consumerista y comunitario (valoración)

Política de cuidados, política con mayúsculas

¿Vivienda juvenil, cuidado de mayores?

¿Impuesto de sucesiones o nueva contingencia de la Seguridad Social?

Afecta al núcleo del contrato social

Comunidad

Qué es

Reflexiones pandémicas

Margen para la ingeniería social

Vulnerabilidad y sostenibilidad basada en la proximidad

Soledad emocional y existencial

Imaginando una comunidad cuidadora: circular, próxima, diversa, densa, intergeneracional, anidada

Espacios transicionales, tenencias intermedias, viviendas colaborativas

Tecnología digital de la asistencia, la información y las relaciones.

Servidoras públicas y agentes de la comunidad a pie de calle

Política pública participativa, misional, exploratoria, experimental y basada en la evidencia

Búsquedas emergentes, experiencias piloto, ciencia ciudadana, lanchas rápidas

Mirada, definición, instrumentos y contexto de una política de cuidados

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Mirada

La mirada es crucial. ¿Por qué la mirada política que construyó el Decreto de declaración del estado de alarma de 14 de marzo de 2020 identificó decenas de actividades (en un sentido u otro) pero no las residencias de mayores ni, en general, los servicios sociales (que, sin embargo, en pocos días se convirtieron en foco de atención)? Para ver bien en materia de cuidados cabe proponer una mirada:

  • Feminista, para poder ver la crisis de los cuidados.
  • Interseccional, para poder ver las cadenas globales de cuidados.
  • Pospandémica, para poder ver el colapso relacional como uno de los posibles colapsos a los que nos acercamos.

Definición

Sin perjuicio del movilizador uso metafórico de la palabra “cuidado”, las políticas de cuidados necesitan acotar u operativizar con precisión las actividades que se consideran cuidados. La complementación externa de la capacidad funcional autónoma para la decisión y ejecución de las Actividades (básicas, instrumentales y avanzadas) de la Vida Diaria puede ser una definición de consenso, siempre y cuando comprendamos la naturaleza emocional y relacional y el necesario carácter humanizador del cuidado.

Instrumentos

Posiblemente el modelo implícito de cuidados de larga duración con el que operan relevantes y determinantes capas y actores sociales en nuestro entorno se basa en una combinación de dinero (fundamentalmente pensiones), patrimonio (sobre todo vivienda) y suerte (con la salud y la familia), con un papel residual, no deseado y racionado de unos servicios sociales de bajo valor añadido como plan B. Podría decirse que es un modelo arraigado pero, como tal, insostenible.

Contexto

La deseable configuración de una política universal y estratégica de cuidados profesionalizados de enfoque comunitario, impacto preventivo y base tecnológica que nos aleje del caos deshumanizador es, seguramente, una compleja operación de ingeniería e innovación institucional, política y social de la mayor envergadura, tiene alcance civilizatorio y se sitúa en el corazón de un cambio significativo en el contrato social de clase, de género e intergeneracional, con imprescindible afectación de la fiscalidad y de la propiedad de la vivienda y el territorio.

(Resumen de la intervención realizada ayer en el congreso de la Red Española de Política Social. Antes de esta intervención, compartida en una mesa con Raquel Martínez Buján, Maite Martín Palomo, Penélope Castejón y Félix Arrieta, pudimos disfrutar, como se ve en la fotografía, de la conferencia de Joan Claire Tronto, que nos habló de su propuesta de caring democracy.)

En busca de nuevos modelos de cuidados

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Hay que poner cuidado al hablar de los cuidados. Es un asunto delicado, que está provocando mucho sufrimiento a muchas personas que necesitan cuidados o que los proporcionan. Es, probablemente, una de las cuatro o cinco heridas principales de nuestra sociedad. No podemos hablar descuidadamente de los cuidados y, seguramente, para hablar cuidadosamente de los cuidados, nuestra mirada ha de ser necesariamente feminista e interseccional. Feminista porque, como nos ha mostrado y muestra el feminismo, es tremendo el sesgo de género en el reparto de ese sufrimiento del que hablábamos. Interseccional porque ese sesgo de género se imbrica con otros relacionados, por ejemplo, con la edad, la capacidad o el origen, en un contexto de graves desigualdades en el acceso al ejercicio de derechos de las personas. Además, es posible que la crisis de los cuidados y las cadenas globales de cuidados sean señales de un futuro colapso relacional.

Para hablar con cuidado de los cuidados y de su abordaje desde las políticas públicas, ciertamente, necesitamos operativizar el concepto de cuidados. Para eso nos resulta útil referirnos a las Actividades de la Vida Diaria (básicas, instrumentales y avanzadas) y comprender que, en la mayor parte de las personas y de los momentos de la vida, el cuidado es autocuidado, porque para cuidar, en principio y en general, no hay que tener ninguna cualificación especial. Los cuidados complementan la capacidad funcional de la persona que los recibe y, bien realizados, tienen una dimensión habilitadora, una dimensión relacional y, en definitiva, una dimensión humanizadora.

Identificamos, telegráficamente, algunos nudos o disyuntivas para la política pública sobre cuidados:

  1. ¿Abordamos los cuidados todos juntos o por partes (separando, por ejemplo, el cuidado de las criaturas de los cuidados de larga duración)?
  2. ¿Cuánto viene condicionada la política sobre cuidados por la política de vivienda y urbanismo?
  3. ¿En qué medida y cuándo ofrecer servicios, dinero o tiempo liberado?
  4. ¿Cabe una Intervención poblacional (comunitaria) al respecto de los cuidados?
  5. ¿Utilizamos los principales dispositivos existentes (dinero compensatorio, servicios educativos, servicios sociales) u otros dispositivos menos utilizados (cheques-servicio, desarrollo comunitario, tecnología u otros)?
  6. ¿Cuál es el lugar y la articulación de la prescripción facultativa en los cuidados?
  7. ¿En qué medida ofrecer sólo cuidados y en qué medida ofrecer a la vez otros apoyos o intervenciones (por ejemplo, rehabilitación o asesoramiento a las personas cuidadoras)?
  8. ¿Cuál es el lugar del servicio doméstico en la política sobre cuidados?
  9. ¿Cómo formulamos el derecho al cuidado? ¿Únicamente en referencia a la autonomía o capacidad funcional de la persona o teniendo en cuenta también si dispone de apoyos primarios.
  10. ¿Cuáles serían, junto a los cuidados, los componentes de un nuevo contrato social intergeneracional? ¿Fiscalidad sobre la herencia? ¿Otros impuestos? ¿Dependencia como contingencia cubierta por la Seguridad Social contributiva?

Sobre estas y otras cuestiones hablaremos hoy, 16 de marzo de 2021, a partir de las 16 horas en el congreso de la Red Española de Política Social en la Universidad de Deusto (Bilbao) y a través de Internet (siendo posible la presencia de público en la universidad y el acceso libre a través de youtube).

La trama oculta del cuidado

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Un virus recorre el mundo y ataca a nuestros cuerpos. Se genera información y sabemos cuántas personas enferman y mueren. Se nos comunica también el número de las que quedan desempleadas, cómo se ve alterada la producción, qué sucede con la bolsa. Vamos procesando datos sobre cómo se van viendo afectadas diferentes estructuras y sistemas que hacen posible (o no) la vida.

Ahora, sin embargo, pensemos en la hermana que fregó la taza del café que hizo sentirse mejor a esa persona enferma. O la manera discreta en que le dejó su vecina la bolsa de la compra en el felpudo. O en las canciones que cantó ese hombre a su hija para que no se durmiera antes de que su madre, médica, llegara de trabajar. O sobre el esfuerzo de esa auxiliar de servicios sociales para acompañar a aquella persona con demencia desorientada en el confinamiento. Y sumemos.

Las industrias de la salud y los sistemas sanitarios nos están apoyando en esta pandemia. Como lo están haciendo las agricultoras y las cadenas de distribución de alimentos. Internet nos está dando soporte en nuestras relaciones. Como nos disciplinan (o no) los gobiernos y parlamentos. Y todo eso lo vemos cada día en los informativos de la televisión.

Pero hay otra trama, quizá más oculta, que nos está sosteniendo, en la salud y en la enfermedad, en la vida cotidiana. Es la trama invisible del cuidado. Son millones de actos humildes, fugaces, muchas veces automáticos. Actos realizados por hombres y, sobre todo, por mujeres, frecuentemente, como la cosa más normal del mundo. Pero sin esos actos, otros no serían posibles. Si el dormitorio no hubiera sido limpiado, la médica no podría entrar en él. Si no hubieran llamado a aquella persona desde los servicios sociales, no se hubiera conocido su situación de soledad no deseada. Si esa comida no hubiera sido preparada con cariño, se habría quedado en el plato. Si nadie me hubiera ayudado a levantarme, a estas horas seguiría en la cama.

Sabemos qué sistemas económicos, administrativos o tecnológicos están en riesgo de colapso. Pero quizá no tenemos forma de conocer cuánta tensión está soportando la trama invisible del cuidado, cuántos hombros están aguantando ese peso, cuanto sufrimiento van acumulando las personas que nos están cuidando. Cómo se desploman de cansancio las cuidadoras, cuándo lloran de impotencia, si enferman o mueren.

Cuando necesitamos cuidados y tenemos la suerte de que nos cuiden nos está sujetando la trama invisible del cuidado, una que, a su vez, debe ser soportada desde la política, la economía y la cultura. No podemos seguir esquilmando estos recursos, no debemos seguir dando tan por descontado que habrá hombres y, sobre todo, mujeres que nos seguirán cuidando gratis o barato. Hemos de reconocer en mayor medida, individual y colectivamente, moral y materialmente, el inmenso valor de los cuidados.

Quizá, aprovechando que, a veces, en nuestra radical vulnerabilidad física y emocional, nos damos cuenta de que somos poco más que la mano que nos sostiene.

El cuidado como bien universalmente necesario y radicalmente humanizador

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En una definición sencilla y sin muchos matices, podemos llamar cuidado a la realización para y con otra persona de actividades de la vida diaria necesarias para su supervivencia que dicha persona no puede efectuar sola por y para sí misma. Todas las personas necesitamos ser cuidadas en diferentes épocas y momentos de nuestra vida, lo cual nos habla de la radical interdependencia entre los seres humanos.

La crisis global de cuidados es, sin duda, uno de los fenómenos fundamentales y definitorios de la época que nos ha tocado vivir. Esta crisis podría definirse como la situación en la cual las dinámicas y sistemas de cuidados de los que disponían nuestras sociedades se revelan, cada día más, como radicalmente insuficientes, disfuncionales e injustos. Insuficientes porque la necesidad y demanda de cuidados desborda, con mucho, las capacidades de cuidado efectivamente disponibles. Disfuncionales, porque, frecuentemente, las lógicas y modelos de cuidados existentes desencadenan efectos no deseados en las personas que reciben cuidados, las personas que cuidan y el conjunto de la sociedad. E injustos, porque la carga de los cuidados (de necesitarlos y de proporcionarlos) se reparte de manera inequitativa en términos de género, clase social, origen geográfico u otras características o situaciones de las personas.

Quienes necesitamos cuidados o cuidamos y, en general, las personas preocupadas, política, profesional o socialmente, por los cuidados debemos esforzarnos por lograr que este asunto suba puntos en las agendas políticas, tal como, durante décadas, vienen reclamando movimientos feministas o relacionados con la diversidad funcional, entre otros. Para ello, es fundamental establecer y precisar bien los términos del debate y comprender adecuadamente en qué sentido y con qué alcance puede hablarse del cuidado como un bien público o de otros tipos.

Hablar del cuidado como un bien público supone reconocer que el ejercicio de los cuidados, hoy y aquí, requiere infraestructuras, estructuras, conocimientos, normas y valores que sólo el Estado, que sólo los poderes públicos pueden construir, sostener y legitimar. Supone, seguramente, darnos cuenta de que la construcción de comunidades cuidadoras requiere de una ingeniería social de tal calibre que sólo los poderes públicos, en el mejor de los casos, tienen a su alcance la capacidad de diseñarla, la autoridad para sostenerla y los mecanismos para que funcione.

Sin embargo, las políticas públicas de cuidados no pueden desconocer que los cuidados son, en primera y última instancia, un bien relacional. En la versión del ser humano que conocemos hasta el momento, este ser sólo deviene humano si es cuidado por otros seres humanos que lo aman y esa esencia humana relacional está inscrita para siempre en las personas, tengamos la autonomía funcional que tengamos en cada momento de nuestra vida. Es obvio que, en la dinámica de cuidados, podemos y debemos incorporar tecnologías de apoyo, digitales, organizativas, políticas u otras, pero éstas están ética y políticamente obligadas a configurar cuidados que, además de verdaderamente universales, sean humanizados y humanizadores.

(Reflexiones tras el Diálogo Regional de Políticas organizado en Washington por el Banco Interamericano de Desarrollo los días 12 y 13 de noviembre de 2019.)

Cuatro encuadres para el desafío de los cuidados

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El reto de los cuidados en nuestra sociedad puede describirse como el de un incremento de la demanda agregada de cuidados, es decir, como un aumento del número de personas que piden (o para las que se piden) cuidados: como un crecimiento del número de horas de cuidado demandado, en función de las limitaciones para el autocuidado que las criaturas, las personas mayores u otras personas presentamos. Desde ese encuadre, se suelen plantear disyuntivas más prácticas (por ejemplo, entre servicio doméstico y servicios sociales) o más políticas (entre aseguramiento público o régimen de mercado, por ejemplo).

Un segundo marco, sin desconocer el aumento cuantitativo de la demanda de cuidados, pone el énfasis, desde una perspectiva cualitativa, en el incremento de su complejidad. Desde esta perspectiva, se subrayará que los cuidados serían una materia en la que, además o por encima del juego de la oferta y la demanda, debe haber un análisis técnico y profesional y una política pública que permitan identificar y atender las necesidades. En este plano se movería, por ejemplo, buena parte del discurso, las prácticas y el debate “sociosanitarios”.

En un tercer encuadre, sin desconocer la creciente cantidad y complejidad (singularmente, intersectorial) de los cuidados demandados o necesarios, se mira a los cuidados, en primera instancia, como bienes relacionales, es decir, como parte de las relaciones primarias de reciprocidad en las que participamos todas las personas. Más y antes que cuidados profesionales sustitutivos o sucedáneos, se reclamarían apoyos para el ejercicio pertinente del autocuidado y los cuidados primarios. Aquí encajaría, por ejemplo, la agenda de transformación innovadora de los servicios sociales en clave preventiva, personalizada, digital y comunitaria.

Desde una cuarta mirada, por último, se vería nuestra actual crisis de cuidados como una expresión de un problema sistémico de insostenibilidad relacional de la vida. La pregunta sería cuánta destrucción o carencia de relaciones primarias (familiares y comunitarias) podemos soportar sin arriesgarnos gravemente a mutaciones sociales y humanas incontrolables. Desde esta mirada, se plantearía el reto de una nueva integración vertical y horizontal de los servicios de bienestar y las políticas públicas, en un proceso de construcción de un nuevo modelo social para el buen vivir corporal y digital, territorial y globalizado.

(Entrada elaborada para Marije Goikoetxea, resumiendo, precisando y conectando una intervención en el congreso de Zahartzaroa. De estas y parecidas cosas hablaremos el 23 de mayo, en Valladolid, con Cáritas de Castilla y León y el 25 de mayo, en Murcia, con los colegios profesionales de psicología y educación social.)

Coordenadas sobre los cuidados

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En la expresión “crisis de los cuidados”, estamos hablando, específicamente, de aquellos cuidados que, para la mayoría de las personas del mundo, son realizados por ellas para sí mismas, es decir, que toman la forma de autocuidado. Hay muchas personas que (por su corta edad, a causa de enfermedades, de accidentes o por otras razones) presentan limitaciones funcionales para el autocuidado que hacen que necesiten recibir cuidados. A todas las personas nos sucede esto en diferentes etapas o momentos de nuestra vida.

En la mayoría de culturas y sistemas de organización social del mundo se entiende que quienes en primer lugar estamos llamadas a ofrecer esos cuidados somos las personas que tenemos un vínculo primario con la persona que necesita cuidado, entendiendo por vínculo primario aquella relación de carácter familiar o, en general, comunitario que se construye en los procesos de socialización primaria. Dado que el cuidado primario (o familiar y comunitario) es el primero, fundamental y mayoritario, no parece adecuado denominarlo por lo que no es.

Al interior de las familias y comunidades hemos de denunciar y superar la enorme inequidad de género que se produce en la mayoría de lugares en la organización de los cuidados primarios. Por otro lado, los ecosistemas familiares y comunitarios no son, normalmente, autosuficientes para asumir todo el trabajo de cuidado que requieren sus miembros y se necesitan otros cuidados y apoyos que, lógicamente, han ido profesionalizándose y que deben ser brindados en la esfera del Estado de bienestar (como derecho social) y que también son ofrecidos en el mercado o por parte de la iniciativa social.

En los sistemas públicos de bienestar (y en la correspondiente organización de los sectores de actividad económica) suele haber una rama (en España, los servicios sociales; en otros lugares social care, bienestar familiar, action sociale, sistema de cuidados u otros), diferente de la sanitaria, que es la competente (con sus diferentes profesionales, también sanitarias) para evaluar la capacidad de autocuidado de las personas y la disponibilidad de cuidados y apoyos primarios con la que cuentan éstas, de cara a prescribirles y proponerles a las personas (o a quienes legítimamente las representen) los cuidados profesionales u otros apoyos que puedan estar indicados para ellas.

A la hora de prescribir y proponer esos cuidados y apoyos profesionales, es objetivo fundamental el de potenciar en lo posible la capacidad de autocuidado de la persona y la capacidad de cuidado primario de su red familiar y comunitaria, es decir, buscar sinergias entre autocuidado, cuidados primarios y cuidados profesionales y otros apoyos. Los servicios sociales (o equivalentes) están llamados a mejorar su conocimiento y tecnología de diagnóstico e intervención para ser cada vez más capaces de actuar de forma preventiva y proteger y potenciar los activos personales, familiares y comunitarios para el cuidado. En muchos casos, la complejidad de los casos hace necesaria una atención integrada (integrated care) intersectorial, especialmente entre servicios sociales, sanidad y vivienda. Contamos con valiosos marcos de referencia de la OMS, la OCDE o la UE para esta integración intersectorial (complementaria de la que ha de darse al interior de cada ámbito sectorial).

(Compartido de cara al Seminario de Innovación en Atención Primaria de Salud cuyas sesiones presenciales tendrán lugar en Lleida los días 10 y 11 de noviembre de 2017.)