Aportaciones, límites, riesgos y potencialidades de la acción comunitaria

Ruth

Bajo el concepto de acción comunitaria cabe englobar, tentativamente y en un sentido amplio, actuaciones de Administraciones profesionalizadas de proximidad, de movimientos ciudadanos o, eventualmente, de otros agentes que tienen como objetivo (central o colateral, final o instrumental) el fortalecimiento de relaciones primarias (en clave de reconocimiento, afectividad, gratuidad y reciprocidad) que impulsan (y se nutren de) proyectos compartidos (para la satisfacción de necesidades) por parte de grupos y redes de personas en un entorno territorial de carácter local.

En un contexto de posible colapso (en facetas importantes) de la globalización capitalista, la acción comunitaria puede ganar atracción como instrumento para crear, fortalecer o reinventar funcionamientos a escala humana (menor, próxima, local, relacional, cotidiana) capaces de reemplazar, complementar o transformar algunos de los dispositivos o estructuras que se pueden estar saturando, bloqueando o desmoronando. En la reciente pandemia, por ejemplo, hemos podido apreciar en mayor medida el valor del apoyo social y ayuda mutua en la proximidad convivencial o vecinal,  en el mismo momento en el que determinadas estructuras formales de protección se iban tornando más ineficientes, opacas e inaccesibles.

Lógicamente, hay problemas o retos sociales que deben abordarse a una escala mayor y mediante reglas y organizaciones formalizadas con otras lógicas (estatales, mercantiles o solidarias) y ciertamente uno de los riesgos para las comunidades y la acción comunitaria es que se espere demasiado de ellas, que se les pida lo que no pueden aportar. Hoy y aquí las dinámicas comunitarias (especialmente las que trascienden las familiares) son muy  frágiles. Prometedoras, ilusionantes e imprescindibles pero muy frágiles.

De ahí la importancia de no confundirnos, de no desperdiciar esfuerzos, de afinar y acompasar discursos, estrategias y prácticas. Sector público sumando con tercer sector. Profesionales de las políticas sectoriales (con enfoque comunitario) de la mano de especialistas en la acción comunitaria transversal e intersectorial. Legitimidad de las instituciones democráticas y legitimidad de la participación (también antagonista, problematizadora y conflictiva) comunitaria, ciudadana y popular. Preocupación por los espacios públicos y equipamientos (infraestructuras) tanto como por los servicios, programas e intervenciones que los llenan de contenido.

En tiempos de desvinculación, individualización y soledades, conviene estar alerta frente a iniciativas que usan la marca comunitaria como bandera de conveniencia oportunista para quince minutos de notoriedad o cortina de humo para disimular deterioros o regresiones en nuestro Estado de bienestar. Para ello resulta fundamental estrechar lazos en el seno de nuestras redes y comunidades de práctica y conocimiento de la acción comunitaria. Sistematizar, escribir y conversar abiertamente, especialmente con quienes provienen de una diferente trayectoria, tradición o cultura dentro del mundo de la acción comunitaria.

Lecturas recientes inspiradoras:

AGUILAR, María José (2020): “Comunidad 1: La jaula epistemológica” https://mariajoseaguilaridanez.wordpress.com/2020/12/22/comunidad-1-la-jaula-epistemologica/

AHEDO, Igor (2019): “Poder y potencia en la ciudad. Cuidado, participación y defensa comunitaria” en Anuario de Eusko-Folklore, 53, 35-56.

BALLESTER, Marta y MANYÀ, Clàudia (2022): Document de bases per a un marc de referencia del treball comunitari als serveis socials bàsics. Barcelona, Generalitat de Catalunya.

DFG (Diputación Foral de Gipuzkoa) (2022): Acción comunitaria. Marco conceptual, estratégico y operativo enfocado a la acción pública de la Diputación Foral de Gipuzkoa y ayuntamientos del territorio. Donostia.

FANTOVA, Fernando (2022): “Integración de la atención diurna y la acción comunitaria en los servicios sociales” http://fantova.net/?p=3890

GALLASTEGI, Asier (2018): “Bherria: cómo se construyen los procesos significativos” https://korapilatzen.com/2018/01/17/bherria-se-construyen-los-procesos-significativos/

GENERALITAT DE CATALUNYA (2021): Els plans locals d’acció comunitaria per a la inclusió social. Barcelona.

GIL, Mónica y JUBETO, Yolanda (coordinación) (2022): Economía feminista, políticas públicas y acción comunitaria. Valencia, Tirant lo Blanch.

GODÀS, Xavier (2021): “Concepte de comunitat i acció social profesional” https://lleiengel.cat/comunitat-i-accio-social-professional/

HERNAN, Mariano y CUBILLO, Jara (coordinación técnica) (2021): Acción comunitaria para ganar salud. Madrid, Ministerio de Sanidad.

KLINENBERG, Eric (2021): Palacios del pueblo. Madrid, Capitán Swing.

MANENT, Ariadna (2022): “Efecte mirall dels models organizatius en la intervención social comunitaria” https://ariadnamanent.blogspot.com/2022/09/efecte-mirall-dels-models-organitzatius.html

MORALES, Ernesto y REBOLLO, Óscar (2014): “Potencialitats i límits de l’acció comunitària com a estratègia empoderadora en el context de crisi actual” en Revista de Treball Social, 203, 9-22.

MORÁN, Nerea y FERNÁNDEZ CASADEVANTE, José Luis (Kois) (2022): “Tener muy presente el futuro urbano alternativo” https://www.soberaniaalimentaria.info/numeros-publicados/80-numero-44/961-tener-muy-presente-el-futuro-urbano-alternativo

OVTSS (Observatorio Vasco del Tercer Sector Social) (2019): “Apoyo mutuo y reciprocidad: trasfondo y horizonte de la intervención social” https://3seuskadi.eus/breve/apoyo-mutuo-y-reciprocidad-trasfondo-y-horizonte-de-la-intervencion-social/

SEGURA, Javier (2022): “Introducción a la salud comunitaria (I): polisemia y conflicto” https://saludpublicayotrasdudas.wordpress.com/2022/08/28/introduccion-a-la-salud-comunitaria-i-polisemia-y-conflicto/

(En la fotografía, mural de Ruth Juan en el barrio de San Francisco, Bilbao.)

Integración de la atención diurna y la acción comunitaria en los servicios sociales

mezcla 2

El Decreto 185/2015 de cartera de servicios y prestaciones del Sistema Vasco de Servicios Sociales opta por hablar de “servicio de atención diurna” para referirse a los de responsabilidad municipal (atención primaria o comunitaria) y de “centro de día” para los de responsabilidad foral (atención secundaria o especializada). Ateniéndonos a la ficha 1.7. de este Decreto, habría varios tipos de servicios de atención diurna y, entre ellos, por ejemplo, los servicios de atención diurna para personas mayores en situaciones de fragilidad o de dependencia moderada (con intervenciones de carácter habilitador o recreativo, entre otras). En la terminología de la llamada Ley de dependencia española estaríamos hablando de servicios de promoción de la autonomía y prevención de la dependencia.

Como cualquier otro servicio social, el servicio de atención diurna del que habla la ficha 1.7. busca proteger y potenciar la interacción de las personas, es decir, el ajuste entre su autonomía funcional para las decisiones y actividades de la vida diaria y su red de relaciones primarias (familiares y comunitarias). Dicho de otra manera, prevenir tanto la dependencia funcional como el aislamiento social (o la exclusión relacional, que sería más o menos lo mismo).

Por otra parte, la ficha 1.5. del Decreto de cartera es la del “servicio de promoción de la participación y la inclusión social en el ámbito de los servicios sociales”. Se trata de un servicio que fomenta la participación de la comunidad en o para la consecución de los fines de los servicios sociales (es decir, relaciones primarias positivas entre personas con la mayor autonomía funcional posible). En (o desde) este servicio es crucial identificar activos y dinámicas valiosas existentes en la comunidad, promoverlas y acompañar (en un sentido amplio) a las personas en y para sus procesos de encuentro, actividad y relaciones comunitarias.

Cabe pensar, por cierto, en un servicio integrado entre servicio de atención diurna (1.7.) y servicio de promoción de la participación y la inclusión social (1.5.), operando en y desde un mismo equipamiento o centro físico si, desde ese servicio integrado, además de atender a un determinado número de personas usuarias del servicio 1.7., se interviene con la comunidad, se construye comunidad, se fortalece la comunidad y, por lo tanto, se llega a un conjunto más amplio de personas que el de las usuarias del servicio de atención diurna.

El hecho de que el servicio de atención diurna (1.7.) ofrezca a sus personas usuarias encuentros y actividades dentro y fuera del equipamiento en el que está ubicado y el hecho de que el servicio de promoción de la participación y la inclusión (1.5.) pueda organizar encuentros y actividades comunitarias y apoyarse en encuentros y actividades que organizan otros servicios y, en general, agentes nos permite visualizar una posible dinámica en la que, a simple vista, no resulte posible diferenciar a las personas usuarias del servicio de atención diurna de las que no lo son, por decirlo gráficamente.

Así, una persona usuaria del servicio de atención diurna (1.7.) puede empezar acudiendo con regularidad y frecuencia a su centro físico y participando en los encuentros o actividades allí organizadas por ese servicio pero, tiempo después, puede suceder que los encuentros y actividades en las que participa no sean responsabilidad del servicio de atención diurna sino, por ejemplo, espontáneas en el vecindario u organizadas por otros agentes del barrio. En ese momento seguiría siendo usuaria de ambos servicios (1.7. y 1.5.) aunque el servicio de atención diurna (integrado con el de participación comunitaria) no le estaría ofreciendo directamente una actividad habilitadora o recreativa sino, más bien, un acompañamiento y seguimiento cuando participa en dichos encuentros o actividades comunitarias. La integración de estos servicios estaría ofreciendo, seguramente, calidad, flexibilidad y escalabilidad a los servicios sociales.

Lecturas recientes relacionadas:

BALLESTER, Marta y MANYÀ, Clàudia (2022): Document de bases per a un marc de referencia del treball comunitari als serveis socials bàsics. Barcelona, Generalitat de Catalunya.

CREAM, Julia y otras (2022): Building capacity and capability for improvement in adult social care. London, The King’s Fund.

DE MARTEL, Jean-François (2019): Un pognon de dingue. Reconstruire l’action sociale. Rennes. Presses de l’EHESP.

FERNÁNDEZ DE CASADEVANTE, José Luis y otras (2022): Solidaridades de proximidad. Ayuda mutua y cuidados ante la covid-19. Madrid, Tangente.

GIMÉNEZ BERTOMEU, Víctor Manuel (2010): Las organizaciones de servicios sociales de atención primaria. Alicante, Diputación de Alicante.

OECD (2015): Integrating social services for vulnerable groups: bridging sectors for better service delivery. Paris.

RECKNAGEL, Jan (2018): Ageing well: user centred principles for aging in community. Toronto, OCAD.

RODRÍGUEZ CABRERO, Gregorio y otras (2022): Informe de evaluación del Sistema de promoción de la Autonomía personal y Atención a las personas en situación de Dependencia (SAAD). Madrid, Gobierno de España.

SAN ROMÁN, Amalia y otras (2021): Apoyos 2030. Un viaje para avanzar hacia apoyos personalizados y en la comunidad. Madrid, Plena Inclusión.

(Nota al hilo de trabajos con la cooperativa Servicios Sociales Integrados y el Ayuntamiento de Bilbao, colaboraciones con el Ministerio de Derechos Sociales sobre legislación en la materia, consultoría sobre inclusión social con el Gobierno Vasco y una reciente conversación con Javier Segura, Marta Ballester y Xavier Godàs.)

Sumando fuerzas por nuestro sistema de protección social

Sumar

La mayoría de las personas en nuestra sociedad, cuando sentimos una necesidad relacionada con la salud, la educación o la cobertura de gastos de subsistencia, tenemos los servicios e instituciones públicas como primera opción. Es a los poderes, presupuestos o estructuras públicas a las que acudimos mayoritariamente, en primera instancia, si enfermamos, si tenemos criaturas en edad escolar o si nos jubilamos, por ejemplo. Sin embargo, no pasa lo mismo cuando necesitamos cuidados, por citar otra importante área de necesidad. En ese caso se diría que los servicios sociales públicos son más bien el último recurso. No hemos conseguido universalizarlos y, sin embargo, muchas veces parecen haber quedado ya obsoletos, paradójicamente, además, cuando quizá más los necesitamos. (Como muestra , la inadecuación que esos dispositivos llamados residencias de mayores demostraron tener en la pandemia.)

El hecho de que nuestros servicios sociales, o también, por ejemplo, las políticas de vivienda sean partes de nuestro sistema de protección social que no han acabado de eclosionar no sólo deja importantes necesidades de las personas sin cubrir sino que hace que los ámbitos más desarrollados (como sanidad, educación o Seguridad Social) funcionen peor, al no estar mínimamente completada la arquitectura de nuestro sistema de bienestar. Hasta el punto de que, más que de ralentización o paralización del proceso de construcción del sistema de protección social, podemos hablar de retroceso y de crecientes disfunciones. Así, por ejemplo, personas relativamente bien cubiertas por el sistema sanitario y el de pensiones, ven gravemente comprometida su calidad de vida por las limitaciones o inadecuaciones de los servicios sociales y la política de vivienda.

Unas políticas sociales excesivamente contributivas (en detrimento de la universalidad) y excesivamente monetizadas (en detrimento de la prestación de servicios) hacen que, en ocasiones, el sistema de bienestar pase a ser parte del problema además de ser parte de la solución, contaminándose de desigualdad, patriarcado, colonialidad y discriminación. Además, una de las consecuencias de la globalización económica de las últimas décadas ha sido y sigue siendo la desvinculación comunitaria y la mayor segregación territorial. Y ahí notamos que nuestro Estado de bienestar dialoga mal con las comunidades y los territorios, no nos ayuda al desarrollo comunitario y territorial y contribuye en algunas ocasiones a la individualización, mercantilización y alienación en nuestros barrios, pueblos, ciudades y países. La crisis de los cuidados se complica con la crisis de los sujetos.

Sin duda hemos de reivindicar con orgullo y defender con vehemencia nuestro sistema de protección social pero, a la vez, hemos de ser conscientes de que necesita ser completado, además de requerir profundas reformas y mucha innovación, en un proceso coral que ha de ser acompañado por mayorías sociales que hay que construir, proteger y cuidar, sumando tradiciones políticas diferentes (socialdemocracias, izquierdas, sindicatos, movimientos sociales) y, en general, la mayor variedad de agentes que sea posible.

(Contenido aproximado de la intervención en el acto de escucha de Yolanda Díaz con personas de la sociedad civil vasca, en la foto, organizado por Sumar en Bilbao el pasado 9 de septiembre de 2022.)

Retos para la innovación en inclusión social

curso1823

Estar en situación de inclusión social es formar parte del cuerpo social, participar en (un conjunto suficiente de) los diferentes tipos de transacciones con otras personas que permiten satisfacer necesidades e incrementar las probabilidades de volverlas a satisfacer en el futuro. La inclusión social es un bien del que podemos disfrutar en la medida en que disponemos de al menos algunos entre una serie de bienes (en una entrada reciente de este blog se han identificado y propuesto 16). Por eso hablar de inclusión social y exclusión social es hablar de situaciones:

  • complejas (multidimensionales),
  • diversas (heterogéneas), interseccionales,
  • estructuralmente (socialmente) determinadas,
  • interactivas (en parte dependen de nuestras acciones),
  • prevenibles y (también) reversibles.

Intentamos criticar y superar la concepción de la exclusión social como una realidad minoritaria, extrema, rígida, estereotipada y estigmatizada que se asocia a un grupo o perfil determinado (o a unos grupos o perfiles determinados) de personas: una especie de etiqueta (cajón de sastre) para un batiburrillo de personas que no sabemos cómo clasificar de otra manera… Una cosa es que tengamos (y sigamos teniendo) algunas herramientas, dispositivos, programas, prestaciones o actuaciones (por ejemplo en los servicios sociales, sanitarios, de vivienda o de empleo) para la detección y atención de algunas personas en situación grave de exclusión social (y que ello resulte pragmáticamente útil) y otra, distinta, que ello nos impida ver y analizar el fenómeno en su totalidad.

En una sociedad como la nuestra la referencia principal para la prevención y abordaje de las situaciones de exclusión social son las llamadas políticas sociales en su conjunto y en su irradiación hacia el resto de políticas públicas y, en general, subsistemas del sistema social. Por tanto, el reto de la inclusión social es un reto para todas las políticas públicas sociales y, específicamente para:

  • Las diferentes intervenciones operativas de varias de ellas (intervención social, educación, vivienda, garantía ingresos u otras), que presentan tendencias comunes o similares como:
    • Prevención, proactividad, estratificación.
    • Profesionalización, especialización.
    • Enfoque comunitario, territorialización.
    • Coproducción, pública y solidaria.
    • Autodeterminación y participación.
  • La organización y la gestión de la diferenciación e integración verticales en cada una de las ramas o pilares.
  • La organización y la gestión de la diferenciación e integración horizontales entre las diferentes ramas o pilares.

En última instancia o en definitiva nos encontramos ante el reto de construir un saber (conocimiento) colectivo para llegar a una innovación tecnológica, organizativa y política para la inclusión social, sabiendo que dichas innovaciones deberán intentar siempre basarse en unos valores éticos contrarios a los de las estructuras y dinámicas sociales excluyentes. Así, por ejemplo, sucede en:

  • Las intervenciones del ámbito de la salud mental, los servicios sociales u otras que se basan en el paradigma recovery
  • Las experiencias de atención integrada (integrated care).
  • Las políticas públicas que se basan en acicates (nudges).

Si nos fijamos, tanto las innovaciones que se producen en el ámbito de las profesiones o tecnologías de atención directa a las personas (psiquiatría, trabajo social o psicología, por ejemplo), como las que se sitúan más en la organización y gestión o en la política y el gobierno han de responder a valores morales inclusivos, no pueden pretender ser éticamente neutras, como no lo es la propia exclusión social.

Por lo tanto, si queremos hablar con propiedad de la innovación en materia de inclusión social, hemos de reconocer la envergadura del ámbito del que hablamos y la complejidad de las dinámicas de innovación en las diferentes ramas, niveles y, en general, partes involucradas.

 

BIZKAIA: Decreto Foral 59/2019 de la Diputación Foral de Bizkaia por el que se regula el procedimiento especializado en materia de inclusión social.

FANTOVA, Fernando (2014): Diseño de políticas sociales. Fundamentos, estructura y propuestas. Madrid, CCS.

GIPUZKOA (2022): Guía para la personalización de los servicios sociales en Gipuzkoa. Donostia. Diputación Foral de Gipuzkoa.

LAPARRA, Miguel (2021): “Una nueva política de inclusión social para suturar las heridas de dos crisis económicas devastadoras” en FEC (Fundación Eguía Careaga) (edición): Servicios sociales y vulnerabilidad frente a la pandemia. Donostia, 245-259.

LIEDO, Belén y otras (2021): “Soledad, patriarcado y crisis de los cuidados: la perspectiva de género” en MOSCOSO, Melania y AUSÍN, Txetxu (edición): Soledades. Una cartografía para nuestro tiempo. Madrid, Plaza y Valdés, 67-98.

MARTÍNEZ SORDONI, Laureano (2022): “Innovación en materia de inclusión social: atención integrada entre servicios sociales y de empleo. El caso del proyecto ERSISI en Navarra” en Cuadernos de Trabajo Social 35(2), 171-182.

SECO, Oscar (2018): “Marco conceptual y caracterización del servicio de día para la inclusión social en Bizkaia” en Zerbitzuan, 67, 67-78.

UNECE (2022): Approaches to measuring social exclusion. Geneva, United Nations.

VIDAL, Fernando (2022): El paradigma recovery. Los trabajos sociales de la libertad. Madrid, Universidad Pontificia Comillas.

ZALAKAIN, Joseba (2020): “Innovaciones, tendencias y buenas prácticas en materia de inclusión social en los países de la Unión Europea” en PÉREZ ERANSUS, Begoña y MARTÍNEZ VIRTO, Lucía (coordinación): Políticas de inclusión en España: viejos debates y nuevos derechos. Madrid, CIS, 39-91.

(Notas en el proceso de preparación de la intervención en un próximo curso de verano, de cuya publicidad se ha tomado la ilustración.)

Longevidad humana y relaciones intergeneracionales

onu mujeres

Pierpaolo Donati reflexiona sobre la relación intergeneracional entre progenitores y criaturas como una relación fundamental, fundante y constitutiva de nuestra humanidad, de nuestro linaje humano, de nuestro ser. Es característico, en modo superlativo, de nuestra especie que nacemos inmensa y especialmente frágiles y dependientes y que, gracias a esas relaciones intergeneracionales, que son relaciones de cuidado, afectivas y constructoras de vínculos, podemos sobrevivir, ir adquiriendo autonomía funcional y, en gran medida mediante el lenguaje, recibir de la generación anterior un legado de saberes que, en pocos años, nos convierte en seres enormemente capaces y autónomos.

Dolores Puga señala que el cambio relacionado con la primera transición demográfica (transformación en la longevidad y la fecundidad) nos posibilita más tiempo de vida con familiares y amistades de otras generaciones, lo cual hace nuestras redes relacionales menos frágiles porque es más improbable que sus pérdidas sean coetáneas a las nuestras. En esas trayectorias vitales más largas se amplían las oportunidades de cuidado, ayuda y relación intergeneracional, por ejemplo entre personas jubiladas y sus madres y padres o entre abuelas o abuelos y nietas o nietos. La segunda transición demográfica (con su aumento de la inestabilidad conyugal, entre otras características) nos deja trayectorias menos estandarizadas, con más rupturas, nuevos inicios y diversidad de recorridos.

Miguel Ángel Malo y Ricardo Pagán afirman que las redes de amistad proporcionan una mayor variedad de experiencias (debido a su menor redundancia, en comparación con la red familiar), subrayan la importancia crucial de las llamadas “redes débiles” para el bienestar de las personas de 50 y más años y, consiguientemente, insisten en la necesidad de fomentar las relaciones más allá de la familia. Se trata, posiblemente, de trabajar en tres líneas:

  • El apoyo a las familias, es decir, la facilitación por parte de los poderes públicos y, en general, de la sociedad de que las personas puedan constituir familias y mantener relaciones familiares.
  • La asunción por parte de servicios profesionales (deseablemente, en buena medida, de responsabilidad pública) de funciones que anteriormente se realizaban de forma gratuita en el seno de las familias.
  • La experimentación, fortalecimiento y desarrollo de relaciones comunitarias más allá de las estrictamente familiares, en una suerte de reinvención de las comunidades facilitada con algún tipo de ingeniería social desde las políticas públicas de urbanismo, vivienda, ocio, servicios sociales u otras sectoriales o desde políticas transversales de acción comunitaria, inclusión u otras.

Por último, Almudena Hernando revela hasta qué punto el orden patriarcal y su razón instrumental se han valido de las ciencias y las tecnologías y de otras instituciones sociales para un ejercicio del poder de los hombres sobre las mujeres, endosándoles (ellos a ellas), parasitariamente, el cuidado de las emociones, las relaciones y los vínculos. Los movimientos feministas, entre otros, nos recuerdan constantemente, con experiencias prácticas y propuestas reivindicativas, la necesidad de recibir, construir, disfrutar, reconstruir y compartir legados de relaciones intergeneracionales comunitarias liberadoras: viejas y nuevas formas de amistad, ayuda mutua y relación interpersonal imprescindibles para la sostenibilidad de la vida.

(La ilustración está tomada de la web de ONU Mujeres).

Exclusión social e inclusión social

Inclusión 3

Partimos de la constatación de que la mayoría de las personas consigue satisfacer la mayor parte de sus necesidades gracias a (mediante) su pertenencia a la sociedad (a estar “dentro” de la sociedad, a tomar parte en las transacciones entre sus miembros). Podemos equiparar la inclusión social con el ejercicio de una serie de derechos humanos o con el disfrute de una serie de “bienes” de primera necesidad (valiosos, en cierta medida, por sí mismos y, en cierta medida, porque son medio para poder disfrutar de otros). En la ilustración se propone una denominación para 16 bienes que suelen ser citados cuando se diseñan o evalúan políticas públicas en materia de inclusión social o exclusión social.

En la lista, por ejemplo, no aparecen bienes esenciales como el alimento, el vestido o la energía porque asumimos que se pueden comprar con cierta facilidad (y “libertad de gasto”) una vez se dispone del bien denominado “ingresos para la subsistencia”. Tampoco aparece, por ejemplo, la atmósfera (en) la que respiramos porque pertenece al orden de la naturaleza más que al de la sociedad. En todo caso, ésta no es una lista con pretensiones de exhaustividad absoluta o perfecta coherencia. Sólo aspira a ser una modesta excusa para el análisis y el debate.

Una política pública para la inclusión social (o contra la exclusión social) debería intentar garantizar que todas las personas dispusieran en cierta medida de cuantos más de estos bienes. Para ello, en algunos casos, los poderes públicos optan por producirlos y ponerlos a disposición de la población. En otros, por protegerlos (cuidarlos) y promoverlos (incentivarlos). En ocasiones, las autoridades dan dinero afectado utilizable para un determinado bien (por ejemplo, dinero para cuidados o dinero para acceso al conocimiento), lo cual es diferente a cuando dan “ingresos para la subsistencia” (no finalistas, según este esquema).

La imagen pretende mostrar la interactividad, la complejidad y la diversidad de los procesos de exclusión social e inclusión social y la continuidad entre unos y otros. La exclusión social no es vista aquí como un problema de unos supuestos “colectivos vulnerables” sino como un proceso reversible, determinado estructuralmente, en el que cualquier persona puede entrar. De igual modo, cualquier persona puede vivir y protagonizar procesos en virtud de los cuales llega a encontrarse, cada vez en mayor medida, en una situación de inclusión social.

(Con aportaciones de Yuni Salazar, Miguel Laparra, Marina Sánchez-Sierra, Raúl Flores, Mercè Darnell, Alfonso Gurpegui, Milagros Paniagua, Sara Buesa y Demetrio Casado).

¿Hacia otro modelo de cuidados prolongados?

Cuidados 5

Para pensar un cambio en el modelo de cuidados de larga duración parece necesario profundizar antes, capa a capa, en el análisis de nuestra actual crisis de cuidados:

En una primera capa o nivel, podemos ver el reto de la organización social de los cuidados como un problema, fundamentalmente, de asignación de recursos, que se arregla, básicamente, con decisión legislativa (ley de presupuestos). Esta sería la mirada, por ejemplo, de quienes en España consideran que la insuficiente financiación pública para las prestaciones y servicios que contiene la llamada Ley de Dependencia causa las carencias que tenemos con los cuidados de larga duración. El problema, según esta mirada, está en la cantidad de recursos destinados a la actividad profesional de cuidados y resolverlo es cuestión, fundamentalmente, de voluntad, de voluntad política.

Si seguimos profundizando, sin embargo, podemos llegar a un siguiente nivel o capa que sería la del modelo, la de los arreglos, la del mix. La cuestión aquí sería la de qué agentes o instituciones se encargan o se han de encargar de los cuidados. ¿Cuál es y puede ser el papel de unas u otras relaciones familiares y comunitarias? ¿Y el de los mercados? ¿El de los poderes públicos? ¿ Y el de la autogestión solidaria? ¿Hay o puede haber otros agentes? El quid de la cuestión según esta mirada, estaría en la institucionalidad, en las estructuras, en la articulación o reparto de papeles: en lo que cada una de esas grandes esferas de la vida social (cada uno de estos mecanismos, instituciones y lógicas) puede aportar (en función de su trayectoria y ventajas comparativas) y espera de las otras. Aquí, en buena medida,  el desafío sería organizativo y de escalabilidad y se podría enfocar, básicamente, como un problema de gestión pública: las y los gestores públicos (re)construirían el mix y a ese mix de los cuidados se le pide sobre todo escalabilidad, capacidad de absorber de manera rápida, adecuada y eficiente fuertes incrementos de demanda.

Si seguimos profundizando, el problema, en tercer lugar, podría situarse más bien en el conocimiento, en las metodologías, en la tecnología. Imaginemos que tenemos recursos para realizar y pagar la actividad profesional de cuidados y que disponemos de un diseño institucional según el cual existe, por ejemplo, un derecho universal a recibir cuidados públicos. Sin embargo, puede pasar que no contemos con el saber hacer, el diseño de servicios o la capacidad profesional que llene de contenido ese derecho permitiendo utilizar los citados recursos. La actividad deseable, por tanto, puede no existir o tener problemas de idoneidad, de calidad, de productividad. La solución sería, entonces, la innovación tecnológica (a partir, en principio, de la investigación científica) y, en concreto, el desarrollo, puesta a punto y oferta efectiva de cuidados, apoyos e intervenciones profesionales sinérgicas con el autocuidado y el cuidado primario.

Y todavía podría haber una capa más profunda que las tres anteriores, la que desvela quizá quien mira el problema en términos de sostenibilidad (de la vida). En este momento, seguramente, en materia de cuidados de larga duración, queremos tomar decisiones políticas (capa 1) que modifiquen rápidamente el mix de cuidados (capa 2) dando por supuesto que tendremos los productos, servicios, cualificaciones y tecnologías necesarias (capa 3) y sin advertir que, seguramente, hay importantes fracturas o tensiones en las estructuras o contratos de relación entre las personas (capa 4) que desbaratan nuestras intenciones e intentos. Un problema moral que reta a la transformación social, un profundo problema de contrato social entre mujeres y hombres y también entre generaciones, entre autóctonas y migradas, entre personas pudientes y precarias y así sucesivamente.

La llamada crisis de los cuidados es posiblemente una crisis sistémica en el sentido de que puede llegar a afectar a la sostenibilidad del conjunto del sistema social. Del mismo modo que ya sabemos que las afecciones que hemos provocado y seguimos provocando en nuestro medio ambiente físico pueden poner en riesgo nuestra misma existencia en el planeta, la crisis de los cuidados puede tener también ese alcance sistémico, en tanto en cuanto no sabemos en qué medida y de qué manera es posible articular un modelo adecuado y satisfactorio de cuidados en determinadas condiciones (tormenta perfecta) de extralimitación, escasez, globalización, urbanización, movilidad, longevidad, individualización, precariedad, segregación, diversidad, desigualdad, endeudamiento, exclusión, profesionalización, financiarización, digitalización, militarización, desvinculación, alienación y polarización.

Algunas lecturas recientes sobre el asunto que han resultado inspiradoras:

AEDGSS (Asociación Estatal de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales (2022): XXII observatorio de la dependencia. Málaga.

GENERALITAT DE CATALUNYA (2022): Atenció integrada social i sanitaria. Atenció integrada a l’entorn domiciliari. Marc conceptual i de referencia. Barcelona.

GFA (Gipuzkoako Foru Aldundia) (2021): Liburu zuria. Arretaren eta zaintzen etorkizuna gizarte politiketan. Donostia.

GFA (Gipuzkoako Foru Aldundia) (2022): Guía para la personalización de los servicios sociales en Gipuzkoa. Donostia.

GOBIERNO DE ESPAÑA (2022a): PERTE de economía social y de los cuidados. Madrid.

GOBIERNO DE ESPAÑA (2022b): Acuerdo sobre criterios comunes de acreditación y calidad de los centros y servicios del Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD). Madrid.

HCL (Home Care Lab) (2021): Zainlab. Nuevos perfiles y roles profesionales para dar respuesta al reto de los cuidados. Bilbao.

MOYA, María José (2022): La asistencia personal: figura clave para la vida independiente. Madrid, Fundación Pilares.

OXFAM (2022): Los cuidados en Latinoamérica y El Caribe. Entre las crisis y las redes comunitarias. Nairobi.

WHO-E (World Health Organisation-Europe) (2022): Rebuilding for sustainability and resilience: strengthening the integrated delivery of long-term care in the European Region. Copenhagen.

(Sobre estas cuestiones hablaremos hoy en un curso de verano de la Universidad de Cantabria, cuya información puede encontrarse aquí).

Salud mental e integración de servicios de bienestar

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La prevención y abordaje de los problemas de salud mental deben debatirse, perfilarse y mejorarse en un contexto tanto sectorial (del sistema de salud) como intersectorial. Sectorial, dentro del ámbito de las ciencias, tecnologías, políticas y servicios de salud, identificando y operativizando cada vez con mayor claridad las enfermedades o trastornos mentales y la salud mental, de modo que las personas afectadas y el conjunto de la comunidad puedan beneficiarse tan pronto y tanto como sea posible de las intervenciones y tratamientos correspondientes. Intersectorial, en la medida en que las enfermedades (o trastornos) mentales afecten a (y se vean afectadas por) otros ámbitos de la vida y necesidades de las personas (como su empleo, su alojamiento, su interacción, su aprendizaje, su subsistencia material u otros).

Posiblemente uno de los principales obstáculos cognitivos para avanzar en este camino es la confusión conceptual en torno a la rama de los servicios sociales. No es infrecuente que desde los servicios sanitarios (u otros) se tenga una visión difusa de los servicios sociales como si fueran un amplio contenedor de(o cauce para) todo el resto de bienes diferentes del de la salud, de suerte que la (o cierta) persona con trastorno o enfermedad mental, una vez, diagnosticada y enrutada dentro del sistema sanitario, para todo lo demás (vivienda, ingresos para la subsistencia, cuidados, ocupación y más) pudiera tener como referencia al sistema de servicios sociales.

Sin embargo, según la propuesta que se plantea aquí, los servicios sociales serían responsables, si la patología mental (se entiende que crónica o de curso prolongado) ha desencadenado una limitación funcional previsiblemente duradera, de ofrecer apoyos de diferentes tipos que optimizaran y complementaran la capacidad funcional de la persona para las decisiones y actividades de la vida diaria y, por definición, sus relaciones primarias de carácter familiar y comunitario. Los cuidados y apoyos de larga duración cuya necesidad viene desencadenada por una limitación funcional de la persona para las decisiones y actividades de la vida diaria no compensada o complementada por la red familiar o comunitaria de la persona corresponderían según este esquema a los servicios sociales. Es más, según este modelo, el diagnóstico emitido por el sistema de salud no necesariamente (o más bien, seguramente, no) se convierte en criterio de segmentación para los servicios sociales.

En definitiva, el reto de la atención integrada a la salud mental tiene, hoy y aquí, la complejidad y dificultad que se deriva del hecho de que:

  • La salud mental es un área de la salud de las personas en la que la capacidad de respuesta del sistema de salud está menos desarrollada que en otras áreas de la salud de las personas.
  • La atención integrada intersectorial es, en buena medida, una asignatura pendiente de nuestro sistema de bienestar.
  • El conjunto del sistema de bienestar se encuentra en una fase crítica y convulsa en la que no tiene una hoja de ruta clara y segura para su desarrollo.

Así pues el reto es el de diseñar, implementar, pilotar, evaluar y escalar más y mejores apoyos, servicios e intervenciones desde el sistema de salud en lo que tiene que ver con la salud mental, a la vez que se construye la atención integrada intersectorial que, a su vez, va a resultar un factor clave para la eficiencia y sostenibilidad de nuestro sistema y modelo de bienestar.

(Fragmento adaptado de la ponencia preparada para el curso de verano de la Universidad del País Vasco sobre salud mental organizado por el Ararteko los días 7 y 8 de julio de 2022, ponencia que puede descargarse competa aquí. La imagen está tomada de la página del curso, que se puede visitar clicando aquí.)

Diez asignaturas pendientes en el diseño y despliegue de nuestros servicios sociales

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1. La cuestión del objeto de los servicios sociales, es decir, de su finalidad definitoria, de la parcela de necesidades de las personas a las que dan respuesta, del perímetro de las actividades características de la rama: si se mantiene, bajo la denominación que sea, la prevención y abordaje de la exclusión social o se opta por otro objeto (como podría ser la interacción, entendida como el ajuste dinámico entre la autonomía funcional de las personas para las decisiones y actividades de la vida diaria y sus relaciones primarias de carácter familiar y comunitario).

2. El debate sobre si, dentro del ámbito sectorial de los servicios sociales, se opta por la centralidad de un sistema público universal y (básicamente) gratuito, tal como se ha hecho en nuestro entorno en otras ramas de actividad (como salud y educación).

3. La identificación, diseño, desarrollo y acotación del contenido prestacional (cuidados, apoyos, tecnologías e intervenciones) de los servicios sociales y su grado de profesionalización, estandarización e industrialización.

4. Las decisiones estratégicas y procedimentales sobre qué hacer con encargos, cometidos, prestaciones o estructuras que podría ser conveniente dejar de mantener en los servicios sociales (por ejemplo, el fragmento residual de la política de garantía de ingresos para la subsistencia material que sigue bajo la responsabilidad de los servicios sociales).

5. El desafío de la integración vertical de los servicios sociales, es decir, de una mayor unidad de gestión y continuidad de la atención (masa crítica de la oferta) de los servicios sociales, ahora escindida entre dos niveles.

6. La ineludible digitalización de los procesos operativos, de gestión y de gobierno, ahora muy incipiente.

7. El diseño, implementación y evaluación de los procesos y estructuras de integración horizontal intersectorial entre los servicios sociales y otras ramas de actividad, tales como los servicios de salud, educación, vivienda, empleo, garantía de ingresos y otras, con el fin de hacer más eficientes los itinerarios de las personas y los flujos de información entre ámbitos de actividad.

8. El debate acerca de si estructurar las políticas referidas a colectivos poblacionales (por señas de identidad de género, generacional, funcional o cultural) o a la relación entre colectivos poblacionales (intergeneracional, intercultural u otras) como políticas transversales que, en la proximidad territorial, pudieran encontrar su incardinación en la acción comunitaria, entendida como instrumento para la convivencia en diversidad, la coproducción solidaria y la gobernanza participativa.

9. La definición de la naturaleza, finalidades y fórmulas de relación entre el sector público y las organizaciones solidarias de base comunitaria y la posibilidad de sinergias entre el sistema de políticas profesionalizadas e institucionalizadas y el mundo de la ayuda mutua y voluntaria entre personas en la vida diaria y cotidiana en los vecindarios y los barrios, de modo que el ejercicio de la autoridad pública y la intervención técnica no socave sino que fortalezca los apoyos que las personas nos proporcionamos en claves de reciprocidad o solidaridad y en las economías de proximidad y del procomún colaborativo.

10. La posibilidad de ensamblar las políticas sectoriales y transversales en un modelo integrado, ligero, flexible y homogéneo (similar en los diferentes niveles) de gobernanza multinivel intersectorial e interseccional de las políticas sociales, de modo que las instituciones públicas y el conjunto de agentes puedan ofrecer respuestas más ágiles y pertinentes.

(Fragmento adaptado del artículo, descargable aquí, “Los servicios sociales en España: ¿reforzamiento, perfeccionamiento, transformación o reinvención?” recién publicado en la revista, accesible aquí, Documentación Social, a la que corresponde la ilustración. Sobre estas cuestiones hablaremos el martes, 28 de junio de 2022, en el Aula de Servicios Sociales de Cantabria, accesible libremente por zoom en directo, con una presentación que puede descargarse aquí).

¿Y si lo más grave de nuestro asistencialismo fueran sus consecuencias políticas reaccionarias?

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Si existe un círculo virtuoso entre los servicios públicos universales de calidad y el igualitarismo en el pensamiento de la ciudadanía, quizá exista un círculo vicioso entre el asistencialismo social y la retórica reaccionaria. Veamos.

Vivimos una época en la que, en no pocos lugares de nuestro entorno,  el deterioro y descrédito de los bienes, espacios, políticas y servicios públicos universales (de modo especial, seguramente, los educativos y sanitarios), catalizados por el aumento de la desigualdad, segregación y fragmentación social y potenciados interesadamente por voces poderosas en la conversación pública y las redes sociales, alimenta en la población los discursos, sentimientos y comportamientos reaccionarios contra las políticas distributivas y el Estado de bienestar.

En ese contexto, los viejos y nuevos partidos y movimientos reaccionarios están siendo cada vez más capaces de “coser” bases de apoyo electoral y social interclasistas que van desde integrantes de ese 1% de la población más pudiente, exclusivo y elitista hasta personas socialmente excluidas que padecen graves apuros económicos, pasando por otras más acomodadas o más precarias que sienten o temen perder algo que valoran (más tangible o más intangible, más económico o más moral). Conseguir que más y más personas (y más y más diversas) piensen que son víctimas de algún tipo de agravio comparativo es una de sus intenciones principales.

Entonces, cuando desde los servicios sociales públicos o desde el tercer sector de acción social nos vamos especializando en segmentos cada vez más reducidos y diferenciados de personas (para proporcionarles una atención más integral y, en el extremo, para su internamiento en algún tipo de institución total) y cuando damos una vuelta de tuerca más a nuestras prácticas de racionamiento de recursos necesarios para la subsistencia material de la gente, sometiendo a mayores escrutinios y controles a determinadas personas, de forma seguramente involuntaria pero no inocente, las estamos segregando y estigmatizando, las estamos señalando y desvinculando.

Flaco favor hacemos a las personas en riesgo o situación de exclusión social si nuestras intervenciones, programas, servicios y organizaciones actúan como cortafuegos que las separa de otras con las que podrían configurar sujetos colectivos comprometidos con la fraternidad solidaria, las políticas igualitarias y la justicia social. Si, para acceder a nuestras prestaciones y servicios, las personas han de perderse por laberintos burocráticos (presenciales o digitales) y han de alejarse de la comunidad y el territorio; si nuestras organizaciones y profesionales les tratan con asimetría impersonal o condescendencia paternalista, no sólo no les estamos ayudando eficazmente en orden a su inclusión social sino que estamos facilitando el trabajo a las retóricas reaccionarias y excluyentes.

En estos momentos el pensamiento y las políticas reaccionarias parecen llevar el viento de cola. En la medida en que nuestras prácticas y programas de intervención social se conciban, se presenten y se perciban como focalizados para categorías especiales de personas y disminuyan las probabilidades de encuentro e identificación entre personas diversas en el espacio y los servicios públicos, más fácil resultará al pensamiento reaccionario caricaturizar o demonizar a aquellos colectivos (y, en definitiva, personas) que quiera presentar como costosas o peligrosas de cara a articular un “nosotros” excluyente e injusto.

Creyendo atenderlas y defenderlas quizá las estamos poniendo, sin darnos cuenta, a los pies de los caballos.

(En la fotografía, Albert Otto Hirschman, autor de La retórica reaccionaria.)