Harremanetan eta komunitatean oinarritutako gizarte politika

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Elkarrekin lotuta dauden sakoneko gizarte-aldaketa batzuk industria-gizarteen ohiko ongizate-oreka aldatzen ari dira nabarmen. Testuinguru horretan, harremanezko ondasunen suntsipen masiboa gertatu da, familia-sareei laguntzeko gaitasuna nabarmen ahuldu da, urduritasuna dago euskarri eta nortasun komunitarioei dagokienez eta, azken batean, gizarte-zatiketari eta -polarizazioari dagokionez, arrisku eta prozesu berriak ikusten ditugu. Egoera horren aurrean, honako erronka hau dugu: erantzukizun publikoa ulertzea, konprenitzea eta azpimarratzea harremanezko ondasunei, konfiantza-sareei, familia- eta komunitate-bizitzari dagokienez. Politika publikoak harremanezko kapitala sortzen lagundu behar du, egitura-kapitalaren, kapital intelektualaren eta kapital ekonomikoaren eremuetan laguntzen duen bezalaxe.

Mota horretako politika soziala (harremanezkoa eta komunitarioa) zerbitzu pertsonaletan eta autonomia funtzionala sustatzen duten esku-hartze kolektiboetan, aktibazio komunitarioan eta autokudeaketa sozialean oinarritzen da. Politika horrek familia-, auzo- eta komunitate-bizitza nahiz bizitza hori bizitzako beste alderdi batzuekin batera dadin lagundu eta sustatu nahi du etengabe. Horrek esan nahi du sinergiak bilatu behar direla botere publikoek bermatzen dituzten gizarte-eskubideen eta herritarrek gauzatzen dituzten gizarte-erantzukizun sozialen artean, hainbat formula erabiliz, hala nola formula asoziatiboak eta kooperatiboak, altruistak edo mutualistak.

Ongizate-zerbitzuek ihes egin behar dute pertsona-sareak eta -inguruneak ordezteko joera duen ikuspegi asistentzialista eta burokratizatzailetik, eta harreman- eta komunitate-ikuspegia beren gain hartzen eta ikuspegi hori, hots, pertsonek hautatu duten ingurunean egoteko eta pertsona horien bizi-kalitatearen kudeaketari dagokionez, beste pertsona batzuekin sarean erantzukidetzeko aukera emango dieten euskarri malguak ematera bideratuta dagoen ikuspegia aplikatzen jarraitu edo hasi behar dute.

Planteamendu hori ez da egiten familia- eta komunitate-euskarriak indartsuak direlako. Baizik eta, gure ustez, planteamendu horren ahultasuna dela medio, esku-hartze publikoak ez duelako hura desaktibatzen lagundu, ezta ordezko formulen bitartez ordezkatzen ere, nahi izango litzatekeen bezala. Planteamendu hori egiten da zeren botere publiko babesle eta proaktibo batzuen eta familia- eta komunitate-sare abegitsu eta eraginkorren arteko lotura berri batean soilik pentsa baitaiteke politika publikoa nahitaezko tresna desmerkantilizatzaile gisa eta, azken batean, pertsona guztien –gizarte duin batean askeak eta arduratsuak izan nahi dutenak– giza duintasunaren errespetuzko sustatzaile eta babesle eraginkor gisa berrasmatu behar dela.

Políticas integradas de bienestar: cinco claves

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La garantía universal de los derechos sociales demanda, hoy y aquí, la construcción de una nueva generación de políticas públicas capaces de dialogar e integrarse entre sí, teniendo en cuenta, según nuestra propuesta, las siguientes cinco claves:

1. Gobierno territorial del bienestar

Las actuales políticas sociales (sanidad, servicios sociales, vivienda y otras) necesitan un ámbito territorial/poblacional suficiente (masa crítica) para ser eficaces y eficientes y el gobierno de su imprescindible integración intersectorial no puede hacerse (sólo) tomándolas de dos en dos sino (también) de forma conjunta, de modo que las mesas o redes intersectoriales (en diferentes niveles) no se refieran al objeto de una de las ramas sectoriales (la salud o el empleo, por poner dos ejemplos) sino a la finalidad conjunta de todas ellas: el bienestar (y, ojalá, la felicidad).

2. Fondos estratégicos de transformación

Una parte del presupuesto de las políticas sociales debe utilizarse para fomentar la investigación, desarrollo e innovación que, de abajo hacia arriba, genere nuevos servicios, programas e iniciativas escalables que puedan aportar cierta trazabilidad y seguridad (agua en la piscina) a las decisiones políticas (lanzarse a la piscina) capaces de reorganizar y transformar el sistema de bienestar y de generar crecientes impactos, retornos y sinergias económicas/empresariales/laborales, voluntarias/solidarias, políticas/electorales y relacionales/societales.

3. Cualificaciones profesionales para la coproducción

Una atención integrada centrada en la(s) persona(s) se construye escuchando las voces de sus destinatarias, usuarias o participantes, de la ciudadanía activa, en clave de coproducción multiagente, lo que exige un salto en la cualificación profesional y aportación de valor del personal y sus equipos, en el seno de comunidades de conocimiento sectoriales e intersectoriales, disciplinares e interdisciplinares, en las que se construyen, se deconstruyen y se hibridan especializaciones de muy diferentes tipos.

4. Microsegmentación basada en el conocimiento

Superando la tradicional macrosegmentación en grandes colectivos poblacionales percibidos como estáticos y estancos, la personalización en los servicios de bienestar (educativos, sanitarios, sociales u otros) avanza gracias a procesos de microsegmentación apoyada en constructos científicos, instrumentos de diagnóstico/evaluación y gestión/ interoperabilidad de la información que posibiliten acciones preventivas, alertas tempranas e itinerarios flexibles favorecedores de la consecución de resultados valiosos para las personas.

5. Reinvención de la comunidad desde la diversidad y la complejidad

No hay sostenibilidad social posible si no somos capaces de construir nuevas dinámicas de cuidados primarios y, en general, vínculos familiares y comunitarios (un nosotras inclusivo) desde la igualdad/diversidad de género, generacional, funcional y cultural, desarrollando una inteligencia (musculación) ética que nos permita acoger y acompañar colectivamente las situaciones de complejidad que todas las personas podemos atravesar en los diferentes momentos de nuestro ciclo vital.

(A modo de conclusiones/tendencias extraídas del reciente congreso sobre servicios sociales realizado en Vic, al que corresponde la fotografía.)

Historias de la atención (des)integrada

40 horas. Ana tiene unos minutos para revisar el correo electrónico y lee uno colectivo enviado por Aitor, director de una asociación que trabaja en el barrio con niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Con la subvención de una fundación bancaria están empezando a implementar un proyecto de desarrollo comunitario y convocan a diferentes agentes para iniciar una dinámica de coordinación y trabajo en red.

12:10 horas. Javier, médico del mismo Centro de Salud, atiende a Arantza, quien le pide un certificado médico para justificar ante Lanbide (Servicio Vasco de Empleo) su ausencia a una cita, que puede acarrearle la suspensión de la Renta de Garantía de Ingresos, el mismo día en que una policía municipal, en tareas de colaboración con Lanbide para la detección de fraudes en la RGI, la había encontrado en su casa. Javier anota sugerir a su jefa, Ana, una reunión con el director de la oficina de Lanbide para, quizá, elaborar y acordar un protocolo de actuación para este tipo de situaciones.

13:25. Ana recibe la llamada de Roberto, primo de la Coordinadora del Servicio Social de Base, y, a la sazón, director de una de las escuelas del barrio. Él también quiere organizar una mesa intersectorial para abordar el problema del TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y otros como el absentismo y el abandono escolar prematuro. Como Roberto ha accedido a participar en la red de acción en salud propuesta por ella, Ana se siente moralmente obligada a aceptar la invitación a la mesa intersectorial que propone Roberto.

13:55 horas. Los miembros del equipo del Centro de Salud del Casco Viejo de esta ciudad van llegando a la sala de reuniones, donde un comercial de una empresa farmacéutica les va a hacer una presentación. Van comentando algunos de los acontecimientos de la mañana y Ana escucha las propuestas de Mikel y Javier, recuerda las conversaciones que ella misma ha mantenido y el mensaje leído y, rascándose la barbilla, empieza a sospechar que hay algo que no están haciendo bien.

(Ilustración tomada de una actividad de la asociación Sartu-Álava.)

Conocimiento e integración de los servicios sociales

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Desde organismos internacionales como la OMS, la OCDE o la UE se impulsa con fuerza en este momento la integración de la atención como fórmula para el desarrollo de unos servicios de bienestar más centrados en las personas, más preventivos y comunitarios y, especialmente, más capaces de hacerse cargo de la complejidad social. Se trata tanto de una integración vertical dentro de cada ámbito sectorial como de una integración horizontal intersectorial.

Como mostraron hace tiempo Vicente Ortún y Guillem López Casasnovas, la sofisticación (complejidad) de la demanda (necesidad) exige (y provoca) que el conocimiento gane importancia como factor productivo y que la atención se integre, empoderando en lo posible a los servicios y profesionales de mayor proximidad a las personas y a sus entornos. Sin embargo, el déficit de conocimiento y tecnología capaces de diagnosticar a personas y entornos y de medir resultados valiosos para las personas actúa como combustible o levadura para la burocratización de las organizaciones, la fragmentación de la atención, la ineficiencia de los profesionales y el agravamiento de los problemas.

Los últimos quince años en España han mostrado, en los servicios sociales, las limitaciones o fracasos de diversas estrategias de normativización de derechos, estructuración de niveles asistenciales, segmentación poblacional, catalogación de servicios, creación de carteras, fomento de la autonomía de las personas usuarias, interoperabilidad de la información, integración con servicios sanitarios u otras. Limitaciones o fracasos que, según nuestro análisis, se explican en buena medida por la debilidad de las disciplinas científicas, instrumentos de evaluación e intervención y cualificaciones profesionales en relación con las necesidades y situaciones de las personas que, entendemos, constituyen el núcleo duro del valor añadido esperable de los servicios sociales y que tienen que ver con el autocuidado y la autodeterminación de las personas en contextos y redes familiares y comunitarias (la iinteracción).

El reto es descomunal, pues se trata de salir del círculo vicioso entre agravamiento de la situación de las personas, fragmentación de la atención, burocratización de las organizaciones e insatisfacción del personal e impulsar el círculo virtuoso entre comunidad de conocimiento, integración de la atención, empoderamiento de las personas y sostenibilidad social, como propone Rick Muir. Ello requiere tanto de una más orientada investigación básica y aplicada, desde diversas áreas de conocimiento, que permita mejorar el instrumental de evaluación de los fenómenos y cambios de los que nos ocupamos en los servicios sociales como de experiencias piloto (prototipos) que vayan construyendo formatos e itinerarios de atención y calibrando su utilidad, viabilidad, legitimidad, transferibilidad, escalabilidad y sostenibilidad.

Sobre estas cuestiones hemos conversado en la pasada semana en diversos encuentros organizados por Servicios Sociales Integrados y de ellas hablaremos en la semana entrante en actividades organizadas por la Generalitat de Catalunya y, singularmente, en el I Congrés de l’Acció Social.

Ascensoristas en el edificio del Estado de bienestar

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Érase una vez el edificio del Estado de bienestar. En su planta baja, los servicios sanitarios solían ayudar a las personas en el momento de nacer y de morir, y en muchos otros de su vida. La planta primera estaba ocupada por las políticas de vivienda, que tenían la encomienda de responder a las necesidades de alojamiento de la gente. El sistema educativo ocupaba la planta segunda y, en la tercera, los servicios de empleo ofrecían orientación o intermediación a quienes necesitaban mejorar su posición en el mercado de trabajo. La planta cuarta correspondía a los sistemas de garantía de ingresos, que proporcionaban pensiones u otras prestaciones económicas para adquirir alimentos, vestido u otros bienes necesarios para la subsistencia.

El edificio tenía, desde luego, plantas subterráneas en las que encontrábamos profesionales encargadas de la construcción de carreteras, la distribución de energía o la organización de las telecomunicaciones. U otras plantas más altas, responsables de la creación cultural, la participación política o los tribunales de justicia.

En este edificio los servicios sociales (antes llamados asistencia social) no estaban ubicados en ninguna planta en particular sino en los ascensores. Y sus profesionales constituían el cuerpo de ascensoristas del edificio. Se entendía que su labor no tenía valor en sí misma (nadie iba al edificio para hacer uso de los ascensores) sino en la medida en que posibilitaban o facilitaban el acceso a los servicios profesionales y a las prestaciones que se ofrecían en las diversas plantas.

Sin embargo, la gente se fue familiarizando con el uso de los ascensores y sus tecnologías fueron mejorando, de modo que se fue generalizando la duda acerca de si era necesario disponer de ascensoristas en el edificio. Por otra parte, se fue agravando el problema de personas que no eran recibidas en la planta a la que querían acceder y que permanecían largo tiempo en los ascensores haciendo nuevos intentos de acceso a ese u otros pisos o, simplemente, instaladas en el ascensor.

El cuerpo de ascensoristas entendió que su labor no tenía sentido en ese contexto y decidieron reinventarse y ubicarse en la entreplanta (que estaba vacía) entendiendo que había importantes necesidades de las personas (de todas las personas) que no estaban cubiertas en ninguna de las plantas, necesidades que tenían que ver con los cuidados personales, con la organización de la vida cotidiana, con las relaciones familiares y con los vínculos comunitarios. En las otras plantas se recibió una nota que informaba de la desaparición del cuerpo de ascensoristas y de los valiosos servicios que se brindaban en la entreplanta, animando a sus profesionales a tomar el ascensor para visitarla.

(Sobre identidad, valor añadido, posicionamiento y futuro de los servicios sociales conversaremos esta semana en actividades organizadas por Servicios Sociales Integrados y el Ayuntamiento del Prat de Llobregat.)

Juncos, zombis y brotes en el tercer sector de acción social

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Nuestro tercer sector social tiene muchos juncos, es decir, entidades que han soportado el embate de la crisis económica que les ha afectado de muchas maneras y han sido capaces de adaptarse a la situación y resistir sin perder su identidad, sin dejar de ser eso que son, gestoras de bienes comunes, y, por tanto, el dato es entidad, el dato es resiliencia y el dato es también construcción de redes. Estos últimos años han sido también los años de construcción de federaciones, confederaciones e interlocución política e incluso de legislación.

Pero en estos años han pasado otras cosas. Por ejemplo, se ha acentuado en muchas entidades un asistencialismo, una vuelta atrás en los modos de intervención social. Nos hemos burocratizado también, es inconfesable la cantidad de horas que dedicamos a la burocracia, la cantidad de horas que se dedican a justificar las subvenciones que se reciben. Otro elemento es la descapitalización social y estratégica. Los órganos de gobierno de muchas entidades nuestras son un armario vacío, no hay nada dentro. Y, por tanto, aquí surge la metáfora de los zombis. Hay una buena parte de entidades que son muertos vivientes, ya no son entidades del tercer sector y la iniciativa social.

En tercer lugar, lo que descubrimos es una limitada innovación social y transformación social. Ha habido brotes de innovación social autogestionaria, crítica y alternativa, pero realmente hay muy poca intersección entre los brotes y el tercer sector de acción social. Por decirlo gráficamente, el 15M nos pilló tan fuera de juego como a los sindicatos, a los partidos o a las instituciones, porque el tercer sector de acción social es en buena medida parte del establishment para bien y para mal.

¿Hay esperanza? Yo diría que la esperanza está en la diversidad y en la alianza estratégica entre los brotes y los juncos. Los juncos necesitan de los brotes para saber quiénes son, porque se les puede olvidar. Los brotes necesitan de los juncos para tener capacidad organizativa a escala y para tener capacidad de gestión. Y, sobre todo, unos y otros se necesitan entre sí para librase de los zombis, que son muy peligrosos.

Esos juncos necesitan brotes, necesitan la savia nueva de muchas iniciativas que no saben lo que es el tercer sector pero que son iniciativa social, comunitaria, autogestionaria y alternativa. En esa alianza creo que nos podemos renovar, podemos tirar adelante una agenda que necesariamente es de innovación social profunda, de gestión del conocimiento, de absorción de la complejidad social y, por tanto, un futuro que no está escrito, porque actores sociales mucho más consolidados que el nuestro se están viendo perforados por el cambio de época y están a punto de ser destruidos. Por tanto, no demos nada por sentado, pero sepamos que somos portadoras y portadores de una lógica necesaria en la complejidad social.

(Fragmentos de una intervención transcrita en la revista Políticas Sociales en Europa, cuyo texto completo, PDF de 6 páginas, puede descargarse aquí.)

Determinantes sociales, prescripción social y políticas sociales

Alhóndiga

Los bienes que protegen y promueven las diferentes ramas de la política social son tan relevantes y complejos que es tan cierto que debe haber un pilar de la política social especializado en cada uno de ellos como que el resto de los ámbitos debe coadyuvar a su consecución. Por eso, por ejemplo, se habla de “salud en todas las políticas”; porque, aunque la salud sea la finalidad propia de la política sanitaria, también deben contribuir a ella la política educativa, la de vivienda, la de empleo u otras.

En consecuencia, por ejemplo, los servicios sociales deberán reconocer el liderazgo de la sanidad cuando se trata de salud y los servicios sanitarios deberán tener en cuenta qué dicen los servicios sociales cuando se trate de autonomía y autodeterminación de la gente para su vida cotidiana integrada en redes familiares y comunitarias. Así como los trabajadores sociales no proponen directamente la realización de determinado ejercicio físico o la ingesta de determinado fármaco, seguramente, las médicas no debieran prescribir directamente alternativas de cuidados personales, fórmulas de convivencia familiar o vías de participación comunitaria. Cuestionamos, por tanto, la “prescripción social” que se propugna o practica en determinados ámbitos sanitarios.

Por otra parte, del mismo modo que bienes como la subsistencia (de la que se ocupan las políticas de garantía de ingresos) o el alojamiento (del que se ocupan las políticas de vivienda) son considerados “determinantes sociales” de la salud, ésta debe ser considerada como determinante social que contribuye al disfrute de otros bienes como el empleo (del que se ocupan las políticas laborales) o la interacción (objeto de los servicios sociales). Así como las perversiones de la política de garantía de ingresos agravan la pobreza económica (que, evidentemente, afecta a la salud) o unos servicios sociales asistencialistas destruyen activos comunitarios (con repercusiones en la salud de la gente), es igualmente evidente que los problemas de salud (en ocasiones provocados por la atención sanitaria) resultan determinantes para los procesos de aprendizaje (materia de la política educativa) o para la conservación del empleo (materia de la política laboral).

Se trata, por tanto, de avanzar en la construcción de una mirada más simétrica que nos ayude a equilibrar el peso relativo y a reconocer y potenciar el valor añadido de cada una de las ramas sectoriales en las que se estructura nuestra política social. Sólo así podremos construir la atención integrada intersectorial que demanda el incremento de la complejidad social que desafía, hoy y aquí, a nuestras políticas de bienestar.

Sobre estas cuestiones hablaremos en el curso de verano de la Universidad del País Vasco “Salud comunitaria. El código postal es más importante que el código genético”. La fotografía corresponde al patio de columnas de la Alhóndiga (Bilbao).

#Innovación en #ServiciosSociales: dibujando un marco (con pistas)

 

(Esquema preparado para la Jornada de la Fundación Pilares prevista para el 16 de junio de 2017 en Madrid y para una próxima sesión con Servicios Sociales Integrados en Bilbao, con hipervínculos de referencia para los ejemplos o pistas que se aportan.)

  1. Hablando desde la posición de un consultor.
  2. Kodak/AICP: innovación, retroinnovación, innovación tecnológica e innovación social.
  3. Situándonos en la conversación técnica (CasadoSIPOSO: sectorial, relacional, personal, diversa, comunitaria), normativa y estratégica sobre servicios sociales española (e internacional: Reino Unido).
  4. La construcción de la comunidad de conocimiento e innovación en servicios sociales (SiiSPilares).
  5. Algunas líneas de innovación:
    1. Innovación en los instrumentos de diagnóstico y evaluación más focalizados sobre el objeto de los servicios sociales (autodeterminación, exclusión relacional, relaciones familiares, activos comunitarios) (OrmaetxeaGarcía-LongoriaCardona).
    2. Innovación tecnológica en productos de apoyo a la interacción (autonomía funcional/integración relacional) de las personas (CarreteroAAL).
    3. Innovación tecnológica/organizativa en procesos administrativos (interoperabilidad de la información, segregación de garantía de ingresos, recursos humanos) (BarrigaOsonaprepaidBurtney).
    4.  Innovación metodológica: intervenciones poblacionales, preventivas, domiciliarias, comunitarias/personalizadas (Buurtzorgnidos familiaresSSIRadarsCuidamos Contigo).
    5. Innovación social para la sinergia entre agentes (uberizaciónnudgebancos de tiempoMuircomunidades compasivasRodríguez CabreroFresnoWILCOIESIBonos de Impacto Social).
    6. Innovación política para la integración vertical y horizontal de la atención (UEOCDECohousingHousing FirstSustainability and Transformation Plans-The King’s Fundindividual budgets).
  6. Conclusión: de la apuesta por la estructura y la norma a la apuesta por el conocimiento y posicionamiento.

Pilares 3

Entrevista del Colegio Oficial de Trabajo Social de Galicia

Colexio

Te lanzo una pregunta de tu propio blog: ¿tienen futuro los servicios sociales?

Entiendo que los servicios sociales tienen futuro en la medida en que las personas implicadas en ellos seamos capaces de hacer a tiempo la ciaboga o giro estratégico que desarrolle su capacidad técnica y tecnológica para ofrecernos al conjunto de la población cuidados y otros apoyos profesionales de alto valor añadido relacional para potenciar y complementar nuestra autonomía funcional y capacidad de autoorganización de la vida diaria en el seno de redes familiares y comunitarias.

Por el contrario, en tanto en cuanto mantengamos el actual posicionamiento, basado en gran medida en la tramitación de prestaciones sobre la base de la comprobación de carencia de medios y en la oferta de alojamientos colectivos, considero que es fácil que, si no está pasando ya, caigamos por una pendiente de pérdida de sentido, valor y utilidad que conducirá a un enquistamiento, fragmentación, reducción o desaparición.

¿Qué opinas de la libre profesión en el Trabajo Social?

Entiendo que el trabajo social puede ser una disciplina y profesión que aporte mucho valor a muchas personas y el crecimiento del número y prestigio de las personas que ejerzan libremente la profesión será uno de los mejores indicadores de su desarrollo como área de conocimiento y ayuda profesional basada en la investigación científica e innovación tecnológica.

¿Que cambios debe afrontar el Estado en servicios sociales?

El Estado, a mi juicio, debe liderar la inversión social y el desarrollo estratégico que permita a las profesionales y organizaciones dedicadas a los servicios sociales realizar la transición tecnológica y organizativa que les permita universalizarse como servicios profesionales apreciados por la ciudadanía como garantes del derecho a contar con los apoyos que nos permitan a todas las personas mantener, recuperar o mejorar nuestra interacción (entendida como autonomía funcional e integración relacional).

Debe entender, además, que dicha operación tiene sentido y posibilidad en el seno de un proceso de reinvención del sistema de bienestar en el que las otras ramas sectoriales de la política social (como educación, sanidad, vivienda, empleo o garantía de ingresos) asuman que su carácter especializado y universal les obliga a hacerse cargo, en lo que les corresponda, de la complejidad social, dado que no habrá una rama residual para las personas excluidas de su protección.

¿Crees que la socialdemocracia ha fracasado frente al neoliberalismo (hablando en términos sociales)?

El gran triunfo de la socialdemocracia (junto a otras tradiciones políticas) ha sido que una buena parte de su programa de reforma social ha sido asumido como parte del consenso suprapartidista en un buen número de países. Sin embargo, tanto la socialdemocracia como los dispositivos de bienestar que contribuyó a crear son, paradójicamente, víctimas de sus enormes éxitos en términos de conocimiento, longevidad, diversidad o movilidad; en un contexto en el que, efectivamente, las corrientes neoliberales le han metido un buen número de goles. Sea como fuere, entiendo que la socialdemocracia conserva algunos activos que puede utilizar estratégicamente, aliándose con otras corrientes sociales y políticas para alumbrar nuevos horizontes, ilusiones y proyectos emancipatorios.

¿Estás a favor de la Renta Básica Universal?

Estimo que no hay justificación ética, política o económica para garantizar incondicionalmente el derecho a la atención sanitaria o a la educación obligatoria y no hacerlo con unos ingresos mínimos para la subsistencia material. Entiendo, por ello, el avance hacia la universalización de la garantía de ingresos como parte de un programa de universalización e innovación del conjunto de ramas de la política social.

¿Las y los trabajadores de servicios sociales se están convirtiendo cada vez más en burócratas?

Si entendemos la burocratización como incremento relativo del trabajo de tramitación administrativa en oficina, diría que hay procesos y tendencias contradictorias. En algunos lugares se percibe una pérdida de actividades de valor añadido técnico y un incremento inadecuado de labores burocráticas (y, lo que es peor, realizadas por personal técnico), mientras que, en otros, se están tomado eficaces medidas de informatización y reorganización de procesos administrativos a la vez que se practica una inteligente gestión del conocimiento, de modo que se potencian las actividades técnicas, personalizadas, relacionales y comunitarias propias de los servicios sociales.

En el caso de Galicia, la pirámide poblacional cada vez más envejecida, obliga a hacer una revisión a los servicios en dependencia. ¿Cuál es tu visión en este campo?

Nuestras políticas en relación con la dependencia funcional (en parte relacionada con el envejecimiento) deben ser revisadas a la luz de la evidencia y el conocimiento para potenciar su dimensión preventiva, comunitaria e intersectorial. El reto de la prevención y abordaje de las situaciones de dependencia funcional afecta, fundamentalmente, a las políticas de vivienda, sanidad y servicios sociales y les obliga a repensar las condiciones de posibilidad y sostenibilidad para unas vidas más autónomas e interdependientes en el entorno domiciliario y en redes comunitarias.

No hace mucho Belén Navarro escribía en su blog trabajo social y tal sobre lo que ella considera el carnet de pobre, es decir, la tarjeta con la que el Gobierno quiere controlar las prestaciones sociales de los ciudadanos. ¿Qué opinas tú de esta medida?

Posiblemente el problema está más en las prestaciones, los sistemas y los derechos (o su ausencia o limitación) que en la tarjeta o carnet en sí mismo. Hay que avanzar en la universalización de los diferentes sistemas del Estado de bienestar (como sanidad, servicios sociales, empleo o garantía de ingresos) y hay que avanzar, también, en las tecnologías e instrumentos que faciliten la identificación de la persona titular de los derechos y la gestión e interoperabilidad de la información que generan y necesitan los sistemas, siempre con estándares éticos y para el empoderamiento ciudadano.

Aquí la entrevista en gallego, en la web del Colegio.

Personalización e integración de los servicios sociales

Polifonía

Nuestros servicios sociales son herederos y portadores de modelos de atención altamente burocratizados y tendentes a tratarnos como si fuéramos miembros de supuestos colectivos homogéneos de personas clasificadas y agrupadas en función de una única pretendida característica o situación que opera incluso, en ocasiones, como marca de identificación y estigmatización.

Por ello, diversos movimientos de humanización ética e innovación de la intervención social insisten, acertadamente, en su necesaria personalización, en la construcción de una atención centrada en la persona. Personalización que, al menos, se apoya en dos grandes pilares: el aumento del conocimiento y la capacidad diagnóstica acerca de las necesidades que corresponde abordar a los servicios sociales (acerca, por tanto, de la interacción de las personas) y los procesos de empoderamiento efectivo de quienes somos destinarias de la intervención social (todas las personas, en principio).

La capacidad de diagnóstico social y (correspondiente) prescripción profesional y la promoción de la autodeterminación de la persona en su vida familiar y comunitaria deben, por tanto, ser impulsadas de forma simultánea y alimentarse mutuamente en nuestros servicios sociales. Dentro de un programa de reformas que transforme en buena medida servicios actualmente existentes y que, sobre todo, alumbre nuevos formatos y sistemas de cuidados y apoyos cada vez más capaces de contribuir significativamente a la sostenibilidad y calidad de nuestras vidas en la comunidad.

Cabe esperar que, a lo largo de nuestro ciclo vital, podremos disfrutar en diversas ocasiones de esta atención personalizada por parte de los servicios sociales, del mismo modo que lo haremos en los servicios educativos, en los que responden a nuestras necesidades de alojamiento o en los financieros, por poner algunos ejemplos. Sin embargo, en ocasiones, podemos encontrarnos en situaciones cuya complejidad requiera una atención integrada entre dos o más sectores de actividad (por ejemplo, entre servicios sociales y sanitarios).

Estas dinámicas de integración intersectorial (horizontal) deben complementarse con dinámicas de integración vertical al interior de cada uno de los sectores de actividad, en un proceso de construcción de una atención integral, entendida como la capacidad de ofrecernos a las personas respuestas tan completas y eficientes como la complejidad de nuestra situación requiera. Los modelos de gestión de caso, con colaboración de profesionales de diversos sectores de actividad, son, sin duda, una de las herramientas valiosas con las que contamos en este empeño.

(Sobre estas cuestiones hemos tratado la semana pasada en Vilanova i la Geltrú y Barcelona y volveremos esta semana sobre ellas en Barcelona y Madrid (jornada de la Fundación Pilares: más información aquí. Ilustración: “Polifonía”, Paul Klee, 1932.)