La universalización en las políticas sociales: el alcance de la primera persona del plural

Begirada

Las políticas sociales, a medida que se van desarrollando, se van convirtiendo en un asunto que requiere más conocimiento técnico para ser abordado. A la vez, paradójicamente, por afectar cada vez más a más personas, son objeto de un debate social que crece en intensidad y van ganando centralidad en las agendas políticas. Basta asomarse a las páginas de información u opinión de cualquier periódico, escuchar por la radio lo que se propone en los actos electorales o reparar en lo que comentamos cuando tomamos un café en el bar para comprobarlo. Las pensiones de jubilación, las prestaciones de garantía de ingresos, la regulación de las relaciones laborales, las listas de espera en la sanidad pública, las desgravaciones fiscales relacionadas con la vivienda, el cuidado de familiares en situación de dependencia o la disponibilidad de plazas en los centros educativos, por poner algunos ejemplos, son asuntos –todos ellos de política social– que nos preocupan y ocupan pero que cada día se vuelven más difíciles de diseñar con rigor en nuestras sociedades complejas.

Para combinar equilibradamente la aplicación del conocimiento disponible con la necesaria deliberación democrática, puede ser conveniente dialogar en torno a principios o criterios generales que se van decantando en la historia del desarrollo de los Estados de bienestar y, sin duda, el primero de ellos es el de la universalidad. Defiendo la idea de que las políticas sociales mejoran en la medida en que son capaces de diseñarse y desplegarse como políticas para todas las personas, en la medida en que surgen de un nosotras inclusivo y afectan a todo ese nosotros que no tiene más frontera que el de la común y compartida humanidad.

Tiempo tendremos en siguientes artículos para hablar de la combinación y sinergia entre el fundamental impulso a la universalización de las intervenciones del Estado de bienestar con otras claves para su diseño y ejecución, como puedan ser la prescripción facultativa, la acción positiva contra la discriminación, la progresividad redistributiva o la incentivación de la responsabilidad individual. Hoy, sin embargo, de forma solemne y con carácter general, toca decir: ni un paso atrás en el alcance de nuestras políticas sociales; pasos adelante –rigurosos y sostenibles, audaces e innovadores– en políticas sociales que llenen cada día de más contenido la primera persona del plural.

(Artículo escrito para el periódico social begirada.org.)

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