Los servicios sociales ante la violencia machista

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La insoportable sucesión de asesinatos machistas se convierte en el más terrible recordatorio de un problema social mucho más amplio, el de la violencia de género, fenómeno que los movimientos feministas y las instituciones comprometidas con la igualdad entre mujeres y hombres acertadamente diagnostican como manifestación de la desigualdad, inequidad y discriminación que afecta a las mujeres y, más en general, a las personas cuya identidad y orientación sexual no es la del varón heterosexual. Esta violencia es en muchos casos un maltrato infligido precisamente por una persona con la que se había establecido una relación de pareja, es decir, una relación voluntaria de la que cabría esperar todo lo contrario a esa violencia que se recibe.

Es comúnmente admitido en la comunidad de personas dedicadas al estudio o diseño de las políticas públicas que la violencia machista ha de ser objeto de un abordaje integral, impulsado desde la transversalidad de género. Esa transversalidad hará que deban implicarse en la prevención e intervención en relación con este fenómeno las diversas políticas o ámbitos sectoriales: desde la educación hasta la justicia, desde la sanidad hasta la seguridad, desde la política de vivienda hasta la garantía de ingresos para la subsistencia, desde los medios de comunicación hasta los servicios de empleo. Y así sucesivamente.

Dentro de ese planteamiento de abordaje integral, intersectorial y transversal en clave de igualdad de género, no parece menor el papel de los servicios sociales, entendidos como aquellos servicios cuya finalidad es la protección y promoción de la interacción de las personas, es decir, de su autonomía para el desenvolvimiento cotidiano en el marco de una integración deseada en relaciones familiares y comunitarias positivas. Entendemos que unos servicios sociales atentos a la voluntariedad, la calidad, la densidad y los cambios de las relaciones primarias de las personas en su unidad de convivencia y en la comunidad son fundamentales para la detección, diagnóstico y abordaje de riesgos o situaciones de maltrato o violencia de género.

Debemos, por ello, redoblar la apuesta por seguir impulsando y mejorando la cobertura, adecuación, cualificación y disponibilidad de la prevención, el acompañamiento y, en general, del conjunto de prestaciones técnicas de los servicios sociales, en especial de los de atención primaria, en clave de universalidad e igualdad, en el trabajo colaborativo e  integral contra la violencia machista y, en algunos casos y procesos, ejercer la posición referencial y el liderazgo institucional que corresponde a los servicios sociales en la prevención de la violencia machista, en la atención personalizada a las víctimas diversas y, en general, en la lucha incansable contra esta lacra indigna.


  1. Buena reflexión. Además no debemos de olvidar que loa servicios sociales de base, junto a al policía, son la principal vía de entrada de las mujeres maltratadas al sistema. Es importante la coordinación entre las áreas de igualdad y los servicios sociales en el ámbito municipal para una mejor atención.

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