Ariadna y el futuro

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Es el 12 de marzo de 2044, sábado, y Teseo cumple 75 años. Ayudado por su grúa se levanta de la cama para revisar sus mensajes. Mientras desliza su dedo por la pared de pulido cristal sabe que el video de Ariadna volverá a estar allí, como cada año. “Hola, Teseo, feliz cumpleaños”. El rostro llena la pantalla y por detrás se ve el mar de Manabí y un grupo jugando a fútbol en la playa. A Teseo le parece distinguir a Manuel, el hijo de Ariadna, pero no está seguro. Para la imagen y se queda mirando a esa mujer sonriente. Y, como en tantas ocasiones, se acuerda del primer día en que la vio.

2024, barrio de San Francisco, Bilbao. Reunión en el centro cívico, organizada por el servicio social de base, viviendas municipales y la asociación vecinal. La verdad es que Teseo apareció allí casi por casualidad. Llevaba meses un tanto apartado de las movidas del barrio. Mucho trabajo en la empresa. Pero allí estaba. Y allí, recuerda, vio a Ariadna por primera vez. No tendría más de 25 años. Pero esa mirada convincente y soñadora ya estaba en su cara.

Ariadna se presentó como educadora social del servicio de “planificación de futuros personales” y el nombre le hizo gracia a Teseo, hasta le pareció un poco pomposo. El caso es que desde el ayuntamiento se ponía a disposición de la asociación vecinal un conjunto de viviendas públicas. Y ofrecían apoyo para la constitución de una cooperativa de cara a la rehabilitación y futura ocupación, en régimen de alquiler social o cesión de uso y con espacios y servicios compartidos. En otros barrios de otras ciudades ya había grupos de personas embarcadas en proyectos semejantes, muchos de ellos nacidos al calor de los movimientos contra los desahucios que habían surgido años atrás, después del estallido de la conocida como burbuja inmobiliaria de comienzos del siglo.

Este es el comienzo de un relato que forma parte del libro colectivo #Edusohistorias: un viaje por la educación social coordinado por el Equipo Educablog, formado por Asier Félix, Iñigo Rodríguez, Jorge Roz y Raúl Luceño. Las ilustraciones son de Anna Fonollosa. Se puede descargar el relato completo aquí.


  1. ……”Ariadna y el furturo”…..me ha dejado una sensación paradójica de evocación,pues aunque se sitúa en el año 2044…traza mensajes de haceres relacionados a Quito…..alguna playa de Manabí….hilados finamente con Bilbao.¡¡¡Gracias Fernando Fantovas!!!

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