Servicios sociales: ¿control de pobres o acompañamiento para la interacción?

IMG_9253

Nuestros servicios sociales han llegado posiblemente a una encrucijada crítica, a un punto del camino en el es perfectamente posible que caigan por una pendiente que acabe de devolverlos a los peores perfiles de asistencialismo residual y control punitivo o en el que resueltamente tomen la senda de una intervención social de carácter relacional orientada a la protección y promoción de la interacción humana, es decir, de la autonomía funcional e integración familiar y comunitaria de todas las personas.

Cada día que pasa de esta crisis interminable se siguen acumulando los encargos y presiones legales, políticas, institucionales o corporativas para (como en un dramático día de la marmota) colocar a los servicios sociales como el siniestro poli bueno que, de forma más consciente o inconsciente, colabora con los actores estratégicos que impulsan las dinámicas estructurales de exclusión económica, residencial, laboral y, en definitiva, social que afectan cada día a más personas.

Nos dedicamos entonces a escudriñar impúdicamente en la vida de personas económicamente pobres para determinar si se merecen una bolsa de comida que estaba a punto de caducar. O a proporcionar servicios que sabemos que desvincularán a la persona de su entorno comunitario e irán socavando su autonomía y dignidad. O recibimos y aplicamos la instrucción de dificultar el acceso a determinadas prestaciones que, sin embargo, se declaran pomposamente como derecho subjetivo. Y vamos dejando en el baúl de los recuerdos intervenciones preventivas y promotoras del empoderamiento y la autogestión en el territorio.

Sin embargo, otros servicios sociales son posibles. Desde la movilización política, el desarrollo técnico y el compromiso personal se está practicando desde nuestros orígenes y se puede extender y afianzar una intervención social capaz de acompañar a cualquier persona, a todas las personas, en el proceso de mejorar y complementar su autonomía para el desenvolvimiento cotidiano y fortalecer y activar los apoyos y vínculos familiares y comunitarios que todas las personas necesitamos.

Tanto en los niveles de responsabilidad política como en las tareas de gestión o en la atención directa nos toca asumir encargos que entenderíamos como propios de otros sectores de actividad o que corresponden a versiones de la intervención social que consideramos superadas. Sin embargo hay límites que la ética profesional, la conciencia política y la común humanidad, no nos permiten rebasar sin desfigurar y socavar esos servicios sociales con los que nos hemos comprometido. Esos servicios sociales de ventanas y puertas abiertas al conocimiento, a la humanización y a la ciudadanía por los que seguimos apostando.

 

Este texto está inspirado por la conversación mantenida en el seminario realizado en Valladolid el 19 de marzo de 2015 (ver aquí) y se propone como lectura previa a una conferencia prevista en Barcelona para el 25 de marzo de 2015 (ver aquí). Para ampliar y profundizar lo expuesto se proponen otras lecturas de este blog (aquí) u otros documentos de esta web (aquí). La foto corresponde a la reciente presentación en Vitoria de Diseño de políticas sociales.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

CAPTCHA image
*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

WP-SpamFree by Pole Position Marketing