Oportunidades en servicios sociales y otros servicios a las personas

BidaOsoaJornada

(Fragmento del resumen de la jornada de presentación de Bidaosoa, cuyo texto completo, de seis páginas, puede descargarse aquí.)

La acción combinada de la prolongación de la esperanza de vida de la población (asociada en ocasiones a limitaciones funcionales, a veces muy importantes) y los cambios en la división sexual del trabajo y la estructura y dinámica de las familias van generando un nuevo océano de necesidades. Estas necesidades pueden abordarse desde diferentes encuadres. Uno puede ser el que mira transversalmente todos los sectores de actividad pensando en las personas mayores (y en sus progresos en número y heterogeneidad de personas, protección social, poder adquisitivo o movilidad). Otro es el que mira más bien la autonomía funcional e integración relacional (de las personas de cualquier edad). Otro, por ejemplo, es el que hace el domicilio el entorno para la intervención. Todos ellos tienen su interés y cada agente, cada persona u organización que quiera ofrecer productos o servicios y encontrar un posicionamiento, habrá de irse ubicando en relación con esas diferentes coordenadas.

Nuestras ofertas en este ámbito han de desembarazarse de planteamientos asistencialistas o paternalistas que ponen el foco en los problemas y que se conciben para determinados colectivos específicos. Más bien hemos de cultivar miradas amplias que vean a todas las personas, a toda la comunidad como destinataria de nuestra oferta, en clave positiva, proactiva, de calidad de vida, de sostenibilidad de la vida. Se nos invita a ver a las personas a las que queremos ofrecer nuestros productos y servicios como protagonistas de su vida, como personas empoderadas, como personas con derecho a participar y decidir en todo aquello que les afecte. Se nos invita a pasar del blanco y negro o del estilo gris o triste a una completa, vital y diversa variedad de colores con el objetivo de la felicidad, del buen vivir.

Somos conscientes, en todo caso, de diversos obstáculos e interferencias que están dificultando que esas necesidades crecientes se transformen en una demanda efectiva que, por otra parte, esté respaldada por una solvencia económica (del Estado, de las personas destinatarias o de otros agentes). En muchas ocasiones nuestros servicios no aparecen o se perciben como suficiente diferenciados de las actividades y relaciones cotidianas de carácter familiar y comunitario. En otros casos nuestros servicios profesionales no son apreciados como diferentes de aquellos que se prestan por parte de agentes no profesionales. Frecuentemente padecemos la competencia desleal de la economía sumergida. En otras ocasiones, simplemente nos encontramos ante productos y servicios que están comenzando su ciclo de vida y que son poco conocidos, que todavía no se han abierto camino.

Por otra parte, no podemos desconocer el tremendo poder destructivo de determinadas decisiones políticas, estrategias económicas o tendencias culturales que promueven la extrema mercantilización e insostenibilidad de la vida, la desigualdad y precarización social, el recorte de la protección social pública y que, en definitiva, sostienen y extienden la imposibilidad efectiva de una vida digna y con derechos para muchas personas, generando un contexto tremendamente adverso para iniciativas que ponen en el centro el cuidado y la calidad de la vida de las personas. Para ir superando estos problemas necesitamos políticas públicas claras y decididas…

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