Los servicios sociales como sector económico de futuro

Senior woman in a wheelchair

El de los servicios sociales es probablemente del ámbito sectorial de la economía en el que de forma más exponencial están creciendo las necesidades en nuestras sociedades. Ello no quiere decir que crece a esa misma velocidad la demanda de servicios y menos aún una demanda respaldada por poder monetario de compra (de la persona que necesita el servicio o de un tercero, como puede ser la propia comunidad o sociedad, a través de la Administración).

La razón de este incremento de necesidades tiene que ver, fundamentalmente, con el cóctel formado por: más personas con limitaciones funcionales y menos soporte familiar y comunitario. En parte también se incrementa la demanda de estos servicios por la elevación del nivel (económico) de vida de determinadas capas sociales. Tan relevante es la necesidad en este ámbito que se ha llegado a hablar de los servicios sociales como el cuarto pilar de nuestros sistemas de bienestar.

Sin embargo el desarrollo de la rama de actividades y la articulación del compromiso público no tienen parangón con los existentes en los otros tres pilares (salud, educación y garantía de ingresos/pensiones). Tampoco despega como se esperaba la demanda de estos servicios, en la medida en que no se diferencian con suficiente claridad y potencia de la autoprovisión y provisión familiar y comunitaria y de la provisión remunerada no suficientemente profesionalizada o formalizada.

Nos encontramos, por tanto, ante un ámbito sectorial emergente y confuso. Un ámbito necesitado de investigación, desarrollo e innovación (que será, necesariamente, tecnológica y social) y de un adecuado enfoque marketing. Un ámbito sectorial, ciertamente, en el que no está definido el terreno de juego del mix de bienestar, es decir, del papel y la articulación de las aportaciones de la propia persona, de su entorno familiar y comunitario, del mercado, del sector solidario y del Estado. Todo ello, por cierto, está presionando con fuerza a un ámbito sectorial contiguo como es el de la sanidad, donde el peso y la garantía del Estado es mucho mayor y dónde se están produciendo cada vez más ineficiencias y sobrecostes por el infradesarrollo del sector de los servicios sociales y otros servicios a las personas.

Todo esto debe ser tenido en cuenta por aquel agente que desee incidir en el desarrollo de actividad económica y creación de empleo en el sector. Debe comprenderse bien de qué va el negocio (básicamente de conseguir ajuste dinámico entre autonomía funcional e integración relacional). Debe comprenderse la forma en la que esta actividad formal interactúa con (y se diferencia de) los cambiantes y menguantes apoyos primarios. Debe comprenderse qué actores hay en el escenario y cómo interactúa con ellos el modelo de negocio.

Cada actor debe identificar qué puede hacer para promover el desarrollo del sector, desarrollo que contribuirá a la mejora de la calidad de vida de la población, además de crear empleos muy interesantes desde diversos puntos de vista. Las estrategias habrán de ser combinadas: dibujo político del terreno de juego, incentivos fiscales para el desarrollo del sector, fortalecimiento científico-técnico, creación de tejido empresarial, innovación en modos de articulación de los cuidados familiares y comunitarios y los formales (públicos y privados), políticas de rehabilitación y accesibilidad del entorno físico y otras.

(Fragmento de un texto a trabajar próximamente con Bidasoa Activa, que se colgará más adelante.)


  1. Muy bueno lo de la gestión de caso como “coordinación de gremios”. Y una cuestión a debate cuando hablas de conciliación; los servicios deben definirse por el beneficio que aportan a quienes los reciben, pero ¿Quién recibe el beneficio cuando un persona acude a un centro de día o a una guardería, o a un colegio? Y ¿No deberíamos empezar a considerar como necesidades específicas las que presentan las personas cuidadoras?

    • Entiendo que los servicios se deben definir y valorar, primariamente, por el efecto que tienen en sus destinatarias directas (aunque tengan también efectos indirectos en otras personas). Por eso me parece improcedente hablar de “servicios de respiro”. Por otra parte, desde luego, las personas que dedican una parte importante de su tiempo a cuidar a otras familiares (hijas, hijos, padres, madres u otras), en tanto que tales, deben tener a su disposición servicios específicos de apoyo (de diferentes tipos) en tanto que cuidadoras. Saldrá en los debates del próximo martes en Irun, seguro. Un abrazo, Jon, y gracias por leer estas cosas.

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