La universalización del sistema público de servicios sociales

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La universalización del sistema público de servicios sociales es posible y necesaria. La Ley de servicios sociales del País Vasco, por ejemplo, la plantea como objetivo para 2016 (ocho años después de la aprobación de la Ley). La crisis económica vivida en estos últimos años ha dificultado, sin duda, el avance hacia ese objetivo que, sin embargo, debemos reafirmar, aunque tardemos más en lograrlo. Ahora bien: ¿Qué significa universalizar el sistema público de servicios sociales? Y, sobre todo: ¿qué factores y estrategias nos pueden ayudar a avanzar más rápido y mejor hacia la universalización del sistema público de servicios sociales?

Habremos alcanzado una razonable universalización del sistema público de servicios sociales cuándo, dentro de sector de los servicios sociales, la red pública sea una alternativa de calidad verdaderamente accesible y suficientemente atractiva para toda la población. Ello es lo que ocurre, hoy y aquí, en el sector sanitario: existen servicios sanitarios privados, pero la calidad, capilaridad, precio y accesibilidad de los servicios sanitarios públicos hacen que podamos decir que contamos con una sanidad pública universal. Por cierto que la crisis económica actual, más en unos lugares que en otros, nos está enseñando que dicha universalidad puede ser amenazada y menoscabada por diversas decisiones políticas y procesos sociales.

La universalización de los servicios sociales públicos cuenta con el soporte de la garantía jurídica del derecho subjetivo a los servicios sociales presente en nuestra legislación. Pero eso no es suficiente. Hace falta apostar con mucha más fuerza e inteligencia por el desarrollo científico y técnico en el sector; hace falta pisar el acelerador en el consenso político para el desarrollo normativo; y hace falta conseguir mucha más centralidad para los servicios sociales en los pactos sociales y apuestas económicas dentro de nuestras estrategias de país.

Debemos dejar atrás con decisión versiones asistencialistas de los servicios sociales; debemos superar la etapa de unos servicios sociales que nos piden (o nos ponen) para entrar la etiqueta de pertenencia a un colectivo vulnerable. Es tecnológicamente posible y económicamente rentable apostar por la construcción de una red de servicios públicos de enfoque comunitario, capaces de activar y acompañar la responsabilidad individual, familiar y comunitaria y de engarzar con iniciativas autogestionarias, solidarias y cooperativas. Nada es gratis y necesitamos creatividad técnica, esfuerzo individual, solidaridad social y voluntad política a la hora de definir y mejorar la financiación de este pilar del sistema público y universal de bienestar. Sin embargo, el precio que no podremos pagar, el coste que se hace cada día más insostenible, es el de carecer de él.

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