Política familiar o cómo hacer más relacional la política pública

Familia

¿Qué es hacer política familiar? En ocasiones pareciera que es, sin más, cuestión de dinero. Que se trata únicamente de incentivar económicamente la formación y el mantenimiento de familias. En algunas visiones, por otro lado, parece asumirse que hacer familia es hacer un determinado tipo de familia, como si la familia fuera patrimonio de unas ideologías políticas o cosmovisiones morales y no de otras. Queremos trabajar, sin embargo, para cuestionar y deconstruir estas visiones estereotipadas de la política familiar, que podríamos denominar, respectivamente, economicista y moralista (sabiendo que simplificamos la realidad para que quepa en una entrada de blog).

No. Queremos plantear que hacer política familiar es repensar y replantear el conjunto de las políticas públicas desde unos poderes públicos que, con sabiduría sistémica y humildad política, reconocen en las relaciones, vínculos, procesos y vivencias familiares un poder, una capacidad, unos aportes y un valor insustituible y fundamental para la calidad de vida, el bienestar y el desarrollo de las personas. Construyendo e implementando políticas familiares, el Estado reconoce sus límites estructurales y apuesta por facilitar y potenciar la vida familiar como esfera autónoma dentro del funcionamiento social.

No hablamos de un formato de familia sino del hecho nuclear fundante de la diversidad de familias, de ese universal antropológico que tiene que ver con el don, con el cuidado, con el apego, con un amor incondicional que no se contradice con la expectativa y educación de la reciprocidad, que no es intercambio. Ese núcleo duro relacional de la vida familiar y comunitaria no es propiedad de ningún partido o confesión ni privativo de ningún tipo de familia: es patrimonio de la humanidad. Es más, es, posiblemente, en última instancia, lo que define y construye la humanidad.

En Estado que hace política familiar podría ser visto entonces como un Estado que reconoce esa fuente de vida y que sabe que sólo puede producirse autónomamente en la esfera familiar y comunitaria. Un Estado que debe construir su derecho civil, su fiscalidad, su política de vivienda o sus servicios sociales pensando, entre otras cosas, en cómo preservar y fomentar la creación de ese valor añadido, de esos bienes relacionales, por parte de las personas en su construcción y despliegue familiar y comunitario. Claro que eso será, también, cuestión de dinero. Claro que habrá que debatir sobre valores y modelos familiares. Pero la política o el enfoque familiar y comunitario nos pide algo más radical y profundo: promover y proteger los bienes públicos de modo que se facilite y se potencie tanto como sea posible la producción y disfrute de los bienes relacionales.

(Pronto estará disponible la ponencia sobre política familiar preparada para las jornadas organizadas por el Ararteko, que desarrolla estas ideas.)

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