¿Deben pasar a depender de Emakunde los Departamentos de Ginecología de Osakidetza?

Diversidad e igualdad

En pocas palabras: no.

No hay noticia de que nadie haya propuesto en ningún lugar que los Departamentos de Ginecología del sistema sanitario público pasen a depender del Instituto de la Mujer u organismo similar, dedicado a velar por la igualdad entre mujeres y hombres. Ello es así porque se diferencia correctamente entre el cometido y la organización de una política sectorial (la relacionada con la salud) y de una política transversal (la relacionada con la igualdad y no discriminación entre mujeres y hombres). Se aplica, en este caso, lo que se ha llamado mainstreaming de género. Sin embargo, las confusiones al respecto, en otros casos, son muy frecuentes.

En nuestro contexto las políticas sectoriales se caracterizarían por ser universales (para todas las personas) y por estructurar un conjunto propio de prestaciones y servicios que desembocan directamente en los individuos. Es lo que ocurriría en el caso de la sanidad, la educación o los servicios sociales, por poner tres ejemplos. Las políticas transversales no generarían, sin embargo, especiales estructuras propias de prestación de servicios sino que se apoyarían en las políticas sectoriales, velando por que éstas actúen adecuadamente en relación al fin que, en cada caso, corresponda. Políticas transversales serían, por ejemplo, la política familiar, la política de atención a la diversidad funcional o la ya mencionada política de igualdad entre mujeres y hombres.

Se diría que las políticas transversales existen porque las políticas sectoriales, por sí solas, no siempre garantizan suficientemente la consecución de determinados fines. Por eso existe, por ejemplo, la política de igualdad entre mujeres y hombres y por eso existen organismos que asumen dicha responsabilidad. Así, el Instituto de la Mujer (u organismo equivalente) se preocupa que en el ámbito educativo, en el ámbito del empleo y en el resto de ámbitos sectoriales se promueva la igualdad entre hombres y mujeres y que éstas no sean objeto de discriminación. Esto se hace, obviamente, influyendo en los ámbitos sectoriales pero no sacando a las mujeres de los servicios y ámbitos generales. Esto vale, también, para las mujeres víctimas de violencia machista que, lógicamente, resuelven algunas de sus necesidades en el ámbito sanitario, otras en el ámbito de los servicios sociales, otras en el ámbito de la seguridad ciudadana y así sucesivamente.

En ocasiones las personas con responsabilidades políticas o técnicas en políticas transversales no comprenden adecuadamente su naturaleza y compiten –en lugar de colaborar– con las políticas sectoriales, introduciendo confusión y retrocediendo en términos de igualdad y universalidad. En otros casos, son movimientos asociativos focalizados sobre determinados colectivos los que pueden estar contribuyendo a la deconstrucción de las políticas inclusivas y comunitarias. La política basada en la evidencia y el enfoque de derechos deben constituir espacios de encuentro y deliberación para que avancemos en nuestra capacidad de gestionar la diversidad en políticas e intervenciones en las que quepamos todas las personas.

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