Los desafíos de la sociedad envejecida

Pirámide

El alargamiento de la esperanza de vida de las personas y la configuración de familias, comunidades y sociedades en las que hay una mayor proporción de personas mayores es, a nuestro entender, un logro social impresionante (…). Ahora bien, como cualquier logro individual o colectivo, éste que venimos presentando nos trae nuevos problemas, nos presenta nuevos desafíos. El problema, fundamentalmente, consistiría en que la sociedad envejecida se escore hacia la protección y promoción del bienestar de las personas mayores actuales y perjudique, comparativamente, a otros grupos de edad, socavando la solidaridad intergeneracional y la sostenibilidad social. Desde el punto de vista de algunas personas expertas, es lo que estaría pasando en este momento en alguna medida en nuestro Estado de bienestar, por ejemplo, en España, y es lo que explicaría en parte la baja natalidad comparativa de nuestro país (…).

Por otra parte, ese Estado de bienestar, algunos de cuyos pilares (singularmente las pensiones y la sanidad) sirven, especialmente, a las personas mayores, aparece, paradójicamente, como crecientemente obsoleto ante esa sociedad envejecida que hemos dibujado. Y ello es así, fundamentalmente, porque el modelo tradicional de cuidados ha entrado en crisis (por la disminución de la natalidad, por el incremento del número de personas con limitaciones funcionales, por la creciente incorporación de mujeres al empleo remunerado sin correspondiente incorporación de varones a los cuidados familiares y comunitarios, por otros procesos de movilidad e individualización social…). La respuesta a esta crisis del modelo tradicional de cuidados pasa, a nuestro entender, por desarrollar el sector (y, en particular el sistema público) de los servicios sociales (…).

Se trataría de apostar por unos servicios sociales (y, en conjunto, unas políticas sociales: sanitaria, de vivienda, de garantía de ingresos) de enfoque familiar y comunitario, es decir, no tanto pensados para una pretendida sustitución o compensación (por ejemplo económica) de los apoyos y cuidados familiares y comunitarios sino más bien para potenciarlos y complementarlos (…). Avanzando en la construcción de una sociedad que sería cada vez más amigable para con las personas mayores y, a la vez, más capaz de gestionar la diversidad y las relaciones intergeneracionales (y también interculturales, pues no debemos olvidar el papel fundamental de muchas mujeres inmigrantes en los cuidados y las condiciones laborales y vitales manifiestamente mejorables en las que lo ejercen) en el ámbito familiar, laboral, comunitario (…).

Quizá la generación que, con su trabajo productivo y reproductivo y su participación sindical y política, protagonizó en buena medida la construcción de nuestro Estado de bienestar pueda ahora, en diálogo con las otras generaciones, alumbrar nuevas experiencias y modelos de solidaridad y bienestar que, profundizando en valores como la igualdad, la equidad, la protección y la seguridad, se fortalezcan en humanidad, sobriedad, participación y sostenibilidad. En última instancia el desafío final de la sociedad envejecida quizá sea el desafío de repensarnos como sociedad, de reconocer nuestra consustancial condición vulnerable, social, temporal e histórica, nuestra condición de seres en proceso compartido, embebidos en un mundo común.

Fragmentos del artículo “Radiografía de la sociedad envejecida” que se puede descargar aquí.

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