El eterno retorno de la comunidad

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Cuando hablamos de comunidad, de vínculos comunitarios, de relaciones primarias, nos estamos refiriendo a procesos de intensidad variable y configuración diversa. Desde los vínculos débiles (Granovetter) en los que las personas nos reconocemos (a veces incluso sin saludarnos) hasta relaciones familiares o de amistad en las que existe un compromiso y una trayectoria de compartir la vida en muchas de sus dimensiones. Desde relaciones de vecindad física hasta otras mantenidas a través de las redes de Internet. En lo que toca a las relaciones primarias, son muy importantes aquellas pocas más densas, de las que podemos esperar (y en las que podemos aportar) más proximidad, reciprocidad y apoyo pero no lo son menos esas otras menos intensas y más numerosas que tejen un amplio tapiz de confianza, apertura y amabilidad.

Etzioni y Herrera dirán que la comunidad es, por una parte, una red de relaciones afectivas dotadas de sentido, capaz de ligar un grupo de individuos, por otra, una cultura característica, o bien un set de valores compartidos, costumbres, significados y una identidad histórica. Para referirnos a estas relaciones primarias o comunitarias, puede ser de utilidad comprenderlas con un término aportado por la sociología como el de capital social, u otro muy parecido, más bien utilizado en el mundo de la empresa, capital relacional. La idea de capital nos remite a su dimensión de recurso valioso para la persona (que subraya, por ejemplo, Bourdieu) mientras que el adjetivo social (o en su caso, relacional) nos remite a su ubicación, cualidad o dimensión comunitaria (subrayada por Putnam), autor que ha popularizado la imagen de las personas que juegan solas a los bolos (como símbolo del declive del capital social o del colapso de la comunidad).

Obviamente el mundo de las relaciones primarias recibe la influencia del mundo de la acción voluntaria y la participación asociativa, de la esfera de la actividad económica y el empleo remunerado, del Estado y sus políticas públicas. Bauman recuerda que echamos en falta la comunidad porque echamos en falta la seguridad en un mundo fluido e impredecible de desregulación, flexibilidad, competititividad e incertidumbre endémicas. Ante lo comunitario parecemos tener un comportamiento pendular y cabe hablar del eterno retorno de la comunidad. Las relaciones comunitarias, por tanto, se nos aparecen como promesa y como amenaza. En su capacidad de brindarnos apoyo y en su fragilidad que necesita soporte. En la oportunidad que nos dan de pertenencia e identidad y en la amenaza de control punitivo de los miembros y clausura excluyente de los otros. A veces la comunidad se presenta como nostalgia de un pasado (que nunca existió y nunca volverá) y otras veces como alternativa de futuro en una nueva configuración de la complejidad social.

Donati nos recuerda que las redes primarias, las relaciones comunitarias tienen su lógica de funcionamiento, su dinámica propia, su vida propia y, finalmente, su capacidad reflexiva para modificarse a sí mismas. Por ello la política comunitaria, la intervención en la esfera comunitaria desde otras esferas (y singularmente desde la esfera pública) habrá de hacerse comprendiendo y respetando esa reflexividad autónoma de ese mundo vital relacional y comunitario. Una política o intervención que busque manipular, instrumentalizar, colonizar, jibarizar… las relaciones comunitarias no merecería el nombre de política comunitaria. Al enfoque comunitario se llega a veces por caminos extraños (por el fracaso, los límites, los costes, las paradojas, las insuficiencias, los errores… de otros enfoques) pero más bien debiéramos llegar por el valor intrínseco que las relaciones primarias tienen y pueden tener para el bienestar.


  1. Gracias Fernando
    Estoy estudiando el subsistema de las comunidades de vecinos con relación de copropiedad y me viene muy bien tus reflexiones y las fuentes que citas.
    Yo estoy intentando comprender el concepto de capacidad, competencia y funcionamiento que han realizado en los últimos años Amartya Kumar Sen y Nussbaum, Martha, en concreto estoy leyendo ” Las fronteras de la justicia” de Nussbaun y tiene mucho que ver con lo que comentas en tu post.
    Un abrazo
    Jorge

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