El transatlántico, la chalupa y los náufragos

Barco

Debatiendo sobre exclusión social y coordinación sociosanitaria surgía una metáfora. El sistema sanitario es un transatlántico, los servicios sociales son una chalupa. Cuando una persona profesional de los servicios sociales (de pie sobre su chalupa) y otra de los servicios sanitarios (asomándose por un ojo de buey de su transatlántico) tienen dificultades para entenderse y colaborar en torno a un caso o una situación, deben recordar que, más allá de sus aptitudes o actitudes personales y profesionales, el principal obstáculo para esa (cada vez más necesaria y urgente) colaboración es la asimetría estructural que, quizá exagerando un poco, evocamos con la imagen de la chalupa y el transatlántico.

En el debate, por otra parte, algunas personas hacían presente la realidad de no pocas personas que no podían acceder ni a la chalupa, ni al transatlántico ni a ninguno de los otros dispositivos del sistema de bienestar. Son náufragos a los que hemos expulsado y mantenemos fuera del acceso a los derechos sociales y la calidad de vida que, aunque con creciente precariedad e inseguridad en no pocos casos, disfruta la mayor parte de la sociedad. Personas inmigrantes en situación irregular, personas con enfermedad mental sin soporte familiar, gente que ha salido de la cárcel y no tiene alojamiento… son la expresión más grave de procesos de exclusión social que nuestro modelo de sociedad produce sistemáticamente. Procesos de exclusión que, en su carácter estructural y complejo, conciernen por igual a todos los subsistemas del sistema de bienestar (sanidad, empleo, servicios sociales, garantía de ingresos, vivienda, educación), que no tiene, ni puede tener, para esto de la exclusión y la inclusión social, un “encargado”.

Recordábamos, en todo caso, esa frase que dice: “Como no sabían que era imposible, lo consiguieron”. En la atención temprana, en los cuidados paliativos, en la atención domiciliaria de base tecnológica, en el acompañamiento personalizado, en los cuidados de larga duración y en otras muchas buenas prácticas hay evidencia de los frutos de la coordinación sociosanitaria y de la capacidad de profesionales de ambos ámbitos de trabajar de igual a igual, afirmando y respetando el objeto o mandato de cada sistema (la salud en un caso, la interacción en el otro) y la capacidad de diagnóstico, prescripción e intervención sobre la base del conocimiento científico que tienen tanto los servicios sanitarios como los sociales (aún reconociendo que estos últimos tienen más por hacer al respecto).

El reto sería doble, por tanto. Comprometerse hoy con los itinerarios sociosanitarios y el buen vivir de las personas, empezando por las que más lo necesitan y, a la vez, trabajar por construir la agenda estratégica de la coordinación sociosanitaria, que exige instrumentos  normativos, transformaciones estructurales, apuestas económicas y evidencia comparada. Sin implicarnos en el primer reto nuestro trabajo con las personas en situación de exclusión social no tendrá alma ni legitimidad. Responder inteligente, estratégica y colectivamente al segundo es condición de posibilidad del sistema de bienestar sostenible y justo que necesitamos.


  1. He asistido al Taller Exclusión Social y Salud Mental, donde desarrollabas tu teoría sobre el transatlántico, la chalupa y los náufragos.
    Empezaré diciéndote que estoy de acuerdo contigo mas o menos en todo, solo que una vez analizados los hechos falto tiempo para lo que tu denominaste “PILDORAS”.
    Quedo claro que no puede haber un solo encargado para todos los subsistemas, pero si que” habrá que trabajar por construir la agenda estratégica de la coordinación sociosanitaria, que exige instrumentos normativos, transformaciones estructurales, apuestas económicas y evidencia comparada” (como tu apuntas al final del artículo).
    Sin embargo seguimos dedicando demasiado tiempo al análisis de la realidad, ya sabemos que hay varios barcos de diferente tamaño……… pero seguimos y seguimos analizando la situación y remontándonos a la prehistoria dejando siempre para el final las ¿píldoras? esas a las que nunca llegan los náufragos y los profesionales no se ponen de acuerdo, no las tienen o desconocen etc. Quizás no sepamos como administrarlas, o a quien corresponde su administración.

    Total que todo esto me ha llevado a pensar en la relación existente entre Servicios Sociales y Lanbide, de la que me gustaría saber tu opinión o quizás puedas remitirte algún artículo donde reflexionas al respecto.
    Visto de forma simplista, el subsistema de servicios sociales se planta y dice el empleo es tuyo tómalo. Un montón de náufragos que pasan de un barco a otro, dejando sus vidas a la voluntad y el entendimiento ( “coordinación”) de los trabajadores.
    Se elabora un protocolo, pero en vez de darle el apoyo normativo necesario para que se cumpla, NO!!!!! mejor alegar a la voluntad de cada Ayuntamiento y de cada oficina de Lanbide.
    Hay diferencias tan alarmantes entres unos municipios y otros, y mientras que los tripulantes de esos barcos miren hacia otro lado los náufragos lamentablemente mueren, porque con la voluntad de los trabajadores no es suficiente.

  2. He asistido al Taller Exclusión Social y Salud Mental, donde desarrollabas tu teoría sobre el transatlántico, la chalupa y los náufragos.
    Empezaré diciéndote que estoy de acuerdo contigo mas o menos en todo, solo que una vez analizados los hechos falto mas tiempo para dedicar a lo que tu denominaste “PILDORAS”.
    Quedo claro que no puede haber un solo encargado para todos los subsistemas, pero si que” habrá que trabajar por construir la agenda estratégica de la coordinación sociosanitaria, que exige instrumentos normativos, transformaciones estructurales, apuestas económicas y evidencia comparada” (como tu apuntas al final del artículo).
    Sin embargo seguimos dedicando demasiado tiempo al análisis de la realidad, ya sabemos que hay varios barcos de diferente tamaño……… pero seguimos y seguimos analizando la situación y remontándonos a la prehistoria dejando siempre para el final las ¿píldoras? esas a las que nunca llegan los náufragos y los profesionales no se ponen de acuerdo, no las tienen o desconocen etc. Quizás no sepamos como administrarlas, o a quien corresponde su administración.

    Total que todo esto me ha llevado a pensar en la relación existente entre Servicios Sociales y Lanbide, de la que me gustaría saber tu opinión o remitirte algún artículo donde reflexionas al respecto.
    Visto de forma simplista, el subsistema de servicios sociales se planta y dice el empleo es tuyo: tómalo. Un montón de náufragos que pasan de un barco a otro, dejando sus vidas a la voluntad y el entendimiento ( “coordinación”) de los trabajadores.
    Se elabora un protocolo, pero en vez de darle el apoyo normativo necesario para que se cumpla, NO!!!!! mejor alegar a la voluntad de cada Ayuntamiento y de cada oficina de Lanbide.
    Hay diferencias tan alarmantes entres unos municipios y otros, y mientras que los tripulantes de esos barcos miren hacia otro lado y los náufragos lamentablemente mueran, porque con la voluntad de los trabajadores no es suficiente.

    • Gracias por tu comentario. Creo que tanto los servicios sociales como los servicios de empleo tienen su propio cometido en los procesos de inclusión social, gestionen o no ayudas y prestaciones de garantía de ingresos. Del mismo modo que hay casos complejos que requieren gestión de casos en la que participen los servicios sociales y los sanitarios, hay casos en los que la colaboración puede ser, fundamentalmente, entre Lanbide y Osakidetza y en otros, fundamentalmente, entre Lanbide y los servicios sociales. Puede ocurrir que haya casos en los que los tres sistemas (y otros) se deban reunir en torno a la mesa. En la parte “Otros documentos/Cuestiones y políticas sociales” tienes algunos documentos, pero te prometo una entrada específica del blog sobre esto, próximamente.

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