El enredo sociosanitario

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Tiene mucho sentido preocuparse por la coordinación o la falta de coordinación entre los servicios sanitarios y los servicios sociales. Y lo tiene porque la calidad de vida y el bienestar de muchas personas se juega ahí, porque su necesidad de atención sanitaria y la que tienen de recibir servicios sociales son intensas y están entreveradas. En las situaciones e itinerarios de estas personas es muy conveniente que la protección y promoción de su salud y la protección y promoción de su interacción (autonomía funcional e integración relacional) se realice de forma coordinada y sinérgica.

Hoy y aquí el principal obstáculo para la coordinación e integración sociosanitaria está, seguramente, en la asimetría existente entre el sistema sanitario público y el sistema público de servicios sociales. Asimetría en términos de garantía de derechos, de accesibilidad de los servicios, de penetración de las redes en el territorio, de evidencia y conocimiento, de reconocimiento social… Esa asimetría es más disfuncional cada día que pasa. Así, por ejemplo, nuestro sistema de bienestar nos garantiza gratuitamente cuidados hospitalarios complejos pero nos niega atención domiciliaria ligera y preventiva.

No estamos hablando de un asunto sectorial menor sino de uno de los cuatro o cinco principales retos estratégicos de nuestra sociedad. Una apuesta audaz e inteligente por los servicios sociales como nuevo pilar del sistema de bienestar debe combinarse con una transformación del sistema sanitario que contribuya a contrapesar medicalización y tecnificación y ayude a la sanidad a dialogar más con la comunidad y los servicios sociales. Nuevas políticas de vivienda en clave de rehabilitación, alquiler y recursos de uso común y desarrollo de nuevas tecnologías e innovaciones en apoyo, comunicación y participación habrán de ser otros puntales de la estrategia.

La bandera sociosanitaria no puede ser una bandera de conveniencia para quienes quieren vaciar de contenido nuestros derechos sociales o mercantilizar nuestro bienestar. El espacio sociosanitario no puede ser el refugio de modelos de atención ineficientes y no deseados por la población que nos proponen entornos alejados de la relacionalidad familiar y la diversidad comunitaria. En la respuesta que demos al reto sociosanitario nos jugamos un modelo técnico de atención, una arquitectura del bienestar y, en definitiva, una parte importante del rostro humano de nuestra sociedad.

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