Acción voluntaria y comunidad sostenible

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Para Joaquín García Roca, “el mundo social es el lugar de las sinergias entre la ciudadanía política y la vecindad social, y entre éstas y la fraternidad: para ser ciudadanos se debe ejercer la vecindad, y, para ser vecinos, se debe ejercer la hospitalidad”. Imanol Zubero se plantea que “tal vez el procomún sea el lugar social donde, por fin, el ideal revolucionario de la fraternidad encuentre el sitio que nunca tuvo, a diferencia de lo que ocurrió con la libertad, que enraizó y floreció en el espacio del mercado, y con la igualdad, que lo hizo en el espacio del Estado”. Rafael Aliena propone “dos ideas rectoras: la defensa del pluralismo de posibilidades y la necesidad del equilibrio entre esas posibilidades. El equilibrio que se reclama tiene tres escenarios: la sociedad, el Tercer Sector en su globalidad y cada una de sus entidades en particular”.

No estamos hablando de pretendidas terceras vías equidistantes sino de intuiciones, reflexiones y orientaciones persistentes, compartidas, fundamentadas y basadas en la evidencia que nos señalan que nuestras sociedades complejas reclaman políticas, organizaciones e intervenciones sociales más complejas, necesitan políticas públicas y estrategias colectivas que completen, compensen o corrijan el funcionamiento de los mercados económicos y los poderes políticos y faciliten y promuevan necesidades históricas como el cuidado en el seno de las redes familiares, vecinales y comunitarias; la conciliación de la vida personal, familiar y laboral; el compromiso cívico en la vida comunitaria; la promoción de la autonomía personal y la activación hacia el trabajo y la productividad; las relaciones igualitarias entre personas diversas; el emprendizaje para una economía solidaria; la austeridad, el rigor y la eficiencia en el funcionamiento de las instituciones; la innovación y creatividad social… Se trataría de una acción combinada y sinérgica de todos los agentes y esferas para frenar y revertir el deterioro y la destrucción de los bienes relacionales y de los bienes comunes.

Donati se pregunta: “¿Qué tipo de organización puede hacernos pasar de una situación en la cual el bienestar es definido por estructuras jerárquico-burocráticas y por contratos mercantiles que alimentan extensamente formas fracturadas de reflexividad a una situación en la cual las instituciones de bienestar alimentan, en cambio, redes reflexivas de ciudadanos y trabajadores reflexivos, esto es, de una sociedad civil que pueda dotarse de una extendida reflexividad relacional?”. Ahí es donde, a nuestro entender, podemos identificar la contribución principal del mundo de la acción voluntaria en esta encrucijada histórica. Sin complejos porque, como nos recuerda Fernando Vidal, “el Estado de bienestar es el resultado de la expropiación de la mutualidad obrera para prevenir el empoderamiento político del proletariado”. Estamos, por tanto, hablando de un bienestar social que no es posible confundir con el crecimiento económico ni con la protección del Estado, en la medida en que apostamos por la reinvención y coproducción de bienes relacionales y bienes comunes, que no tienen precio monetario ni pueden estar garantizados por ley.

El artículo completo (26 páginas) se puede descargar aquí.

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