¿Somos el 99%?

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Con relativa frecuencia aparecen datos acerca de la creciente desigualdad a escala local y global y nos indignamos, con razón, por el hecho de que unas pocas personas se apropien hasta tal punto de unos recursos y capacidades, en definitiva, de un mundo que a todas nos fue entregado y que entre todos hacemos. A partir de ahí, algunos importantes agentes sociales (el sindicato ELA ayer, por ejemplo) insisten en el mensaje de que la contradicción o conflicto social en el que hay que centrarse es el de siempre, el viejo conflicto entre clases sociales, entre una minoría que detenta los medios de producción y una mayoría explotada que no tiene para vender sino su fuerza de trabajo. El viejo conflicto de la sociedad industrial y los objetivos de siempre: mejora de las condiciones de trabajo y avance del Estado de bienestar.

Sin embargo parece razonable preguntarse hasta qué punto, en una economía capitalista crecientemente financiarizada (que retrata Ignacio Sotelo en la prensa de hoy), los sectores empleados y protegidos con capacidad de ahorro e inversión comparten, objetiva y subjetivamente, intereses y objetivos con las gentes en situación de precariedad, vulnerabilidad, pobreza y exclusión. El imaginario del 99% y el discurso de algunos agentes sociales dicen que sí. Parecen decir: no cedamos en la defensa del empleo de los que tienen empleo y del actual sistema de protección social y, sin dar un paso atrás, juntos, insiders y outsiders, conseguiremos ampliar el perímetro del empleo de calidad y la protección social incluyendo, mas pronto que tarde, a (lo que Guy Standing llama) el precariado.

Lo que pasa es que, mientras tanto, una parte de esa clase trabajadora está acumulando un patrimonio (inmobiliario y monetario) con el que se asegura individual y familiarmente. Los fondos de pensiones y fondos de inversión con los que juegan los poderosos en el casino financiero global están formados por los ahorros de quienes podemos ahorrar, por los depósitos de millones de personas de las clases medias que, de forma más voluntaria o involuntaria, más directa o indirecta, también jugamos en ese casino global y que tomamos decisiones de consumo y decisiones electorales que muchas veces nos benefician a nosotras pero no benefician al precariado. Según la prensa de hoy, los fondos privados de pensiones manejan en el País Vasco una cantidad del 33% del Producto Interior Bruto (un patrimonio de 21.775 millones de euros al cierre del ejercicio 2013). Aproximadamente la mitad de la población vasca participa en esos fondos.

El problema del discurso del 99% o de seguir pensando que la vieja contradicción de la sociedad industrial es el eje básico de conflicto social es que nos traslada a esos trabajadores que Galbraith llama satisfechos la idea de que no hemos de replantearnos nuestras pautas de consumo, nuestra acumulación de patrimonio, nuestras condiciones de trabajo, la forma en que construimos el “nosotros” (ver los datos del barómetro sobre inmigración), nuestras opciones electorales o nuestra idea del Estado de bienestar. Invisibiliza nuestra parte de responsabilidad y el beneficio que hoy estamos obteniendo de procesos que, sin embargo, representan una amenaza, ya cumplida para muchos, a la sostenibilidad de la vida.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

CAPTCHA image
*

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

WP-SpamFree by Pole Position Marketing