Una intervención social universal, relacional y estructural

La intervención social, históricamente, se ha pensado y realizado en muchas ocasiones con personas en tanto que pertenecientes (o supuestamente pertenecientes) a segmentos o colectivos poblacionales en riesgo o situación de discriminación o exclusión social. Sin embargo, en su evolución, progresivamente, ha ido comprendiendo que las claves de intervención con dichas poblaciones (supuestamente especiales y diferentes entre sí) eran las mismas y que eran, en realidad, valiosas y útiles para todo el mundo. Todas podemos participar y beneficiarnos de proyectos y procesos de intervención social.

Intervención social

Sí, porque lo que busca la intervención social es, fundamentalmente, apoyar, acompañar y potenciar nuestra autonomía como personas y, a la vez, reforzar nuestro capital relacional, es decir, el patrimonio de vínculos con los que contamos y en los que podemos confiar razonablemente como fuente de apoyo, cuidado, orientación, afecto… Autonomía personal y capital relacional son las dos caras de una misma moneda. La apertura a la diversidad entre las personas y la búsqueda de la cooperación solidaria se pueden potenciar mutuamente.

La intervención social, por otra parte, ha aprendido hace tiempo que ese equilibrio y sinergia entre la autonomía personal y la integración relacional no puede vivirse y construirse en el espacio microsocial si no es en el contexto de un Estado democrático en el que se ejerza la ciudadanía social. En el espacio macrosocial las dos caras de la moneda se llaman, posiblemente, virtud republicana y garantía de derechos.

Así pues, la intervención social que busca la proximidad y el acompañamiento en los procesos de inclusión social de las personas de carne y hueso en sus vidas cotidianas y en las redes comunitarias necesita de las estructuras y espacios públicos que garantizan derechos universales a todas las personas. Capital relacional y ciudadanía social se necesitan mutuamente, se buscan, se encuentran, se potencian entre sí, si los agentes de la intervención social tenemos una mirada suficientemente abarcadora y hacemos diagnósticos y propuestas (basadas en la evidencia y el conocimiento) conscientes de la dimensión cívica y, finalmente, estructural de la intervención social.

Pronto más documentación en fantova.net

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