Sobre acompañamiento social y autonomía personal

El hecho de que hablemos de acompañamiento social y utilicemos dicho concepto para comprender e impulsar algunas de nuestras prácticas en el ámbito de la intervención y políticas sociales encontraría sentido, quizá, en un proceso, no exento de contradicciones y retrocesos, de giro relacional en la intervención y, específicamente, en los servicios sociales, en los que éstos se pudieran estar orientando, al menos en cierta medida, a necesidades sociales relacionadas con la autonomía funcional y la integración relacional, potenciando su valor añadido específico como servicios personales y reubicando los aportes materiales (como el alojamiento) o las prestaciones económicas como auxiliares y complementarias de la relación de ayuda, que debiera ser central.

En ese marco podríamos hablar de acompañamiento social para referirnos a una relación de ayuda y seguimiento de cierta estabilidad y continuidad que no estaría centrada en el cuidado físico o asistencia personal y para la que, por otra parte, no sería exigible una formación universitaria (como puede ser la de la educación social). Diríamos que el acompañamiento social desencadena aprendizajes (es decir, tiene una dimensión educativa) pero ese no sería su objetivo o dimensión principal, que más bien tendría que ver con la ayuda y referencia para la toma de decisiones, el desenvolvimiento personal, el acceso a recursos y la construcción de vínculos.

Acompañamiento

Hablar de acompañamiento social nos sirve para denominar y visibilizar una serie de actividades (o a una dimensión o ingrediente de muchas actividades) muy propias y típicas de los servicios sociales y también útiles en otras ramas de la acción pro bienestar como las relacionadas con el empleo, la vivienda, la sanidad, la garantía de ingresos… Hablar de acompañamiento social, por otra parte, tiene la ventaja de que no nos remite a ninguna profesión, disciplina o cualificación en particular. Nos sirve para referirnos a determinadas interacciones que mantiene un trabajador social en entrevistas de seguimiento posteriores a su diagnóstico y prescripción. Nos sirve para referirnos, al menos en alguna medida, a la labor que realiza una monitora en un programa de vivienda con apoyo. Nos puede servir para referirnos a lo que hace un educador de calle en un programa de desarrollo comunitario… O para algunas labores de una psicóloga en un servicio de apoyo a familias… Y así sucesivamente…

Posiblemente las prácticas y experiencias de acompañamiento social resultan especialmente interesantes como herramienta para operativizar las intenciones de las personas responsables de intervenciones y políticas sociales de respetar y promover la autonomía personal y capacidad de elección y decisión de todas las personas, a la vez que nos ayudan a prevenir y corregir dinámicas paternalistas o asistencialistas generadoras de dependencia y cronificación en los procesos de exclusión social.

Enlace a documento completo.

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