El empleo como problema y el empleo como solución: el caso de los cuidados

Loin

En el recientemente celebrado V Congreso Vasco de Empleo, en varias ocasiones, para explicar cómo debieran funcionar los servicios de empleo, se hicieron comparaciones con los servicios de salud. Así, por ejemplo, escuchamos referencias a la necesidad de un buen “diagnóstico” antes de decidir el “tratamiento” para la persona “enferma” de desempleo. Sin embargo, con seguridad, la metáfora sanitaria que apareció más veces fue la de la cirugía, seguramente para expresar que las intervenciones en materia de empleo deben ser cada vez más segmentadas, focalizadas e incluso personalizadas: que hemos de ser capaces de ofrecer, en el extremo, a cada persona un itinerario diferente, un conjunto específico de apoyos, de cara a su inclusión laboral.

Ahora bien, tirando de ese mismo hilo de comparaciones médicas, quizá, podríamos decir, también, que hay que evaluar si las “terapias” que se proponen o se aplican son “eficientes” (es decir, si el coste que acarrean se ve compensado por los efectos que desencadenan) o si son “inocuas” (peso muerto) o directamente “iatrogénicas” (es decir, perjudiciales). Y es que tanto la salud como el empleo son bienes de alta complejidad, cuya consecución, conservación y mejoramiento intencional puede resultar difícil, entre otras razones, porque necesitan el concurso de la propia persona interesada y de una amplia serie de circunstancias (determinantes) contextuales.

En varios momentos del congreso, por cierto, se hizo especial referencia al mundo de los cuidados como un ámbito prometedor de cara a la creación de empleo. Prometedor en cuanto a la posible cantidad de empleo que se puede generar en él y también en cuanto al margen de mejora de la calidad de este empleo (en términos, por ejemplo, de cualificación y remuneración). Se dijo en varias ocasiones que las estrategias de upskilling (reforzar habilidades para el mismo ámbito de actividad y área de conocimiento) y reskilling (desarrollar competencias para otro ámbito de actividad y área de conocimiento) deben tener muy en cuenta el ámbito de los servicios sociales de cuidado.

Sin embargo, siguiendo con préstamos entre materias (ahora de la física), podríamos enunciar una suerte de Ley de Lavoisier de los cuidados, según la cual éstos ni se crean ni se destruyen sino que sólo se transforman. No pocas “ingenierías sociales” (deliberadas o involuntarias) destinadas a transformar cuidados primarios gratuitos de proximidad en empleo profesional (y tecnificado) de cuidados han resultado y están resultando ineficientes o perjudiciales desde diferentes puntos de vista. Como se refleja, por ejemplo, en el cortometraje “Loin du 16e” de Walter Salles y Daniela Thomas (ver la fotografía), dentro de la película “París, je t’aime”, en el que una joven migrante deja su bebé de madrugada en una guardería para atravesar la ciudad hasta una casa en el lujoso distrito 16 donde le espera una larga jornada de trabajo cuidando a otro bebé.

Recibir cuidados, ver satisfechas nuestras necesidades de subsistencia, formarnos, tener un empleo, disponer de tiempo libre, cuidar a otras personas, participar políticamente en nuestra comunidad y otras actividades han de ser derechos subjetivos que podamos ejercer todas las personas sin discriminación y, tal como se vio en el V Congreso Vasco de Empleo, la sostenibilidad de nuestra vida en sociedad pasa por que esas diferentes situaciones puedan sucederse y mezclarse de muy diferentes maneras en diversas etapas a lo largo del curso de nuestras vidas. Vidas que se van entrelazando intrageneracionalmente y legando intergeneracionalmente desde el pasado que nos marca hacia el incierto futuro.

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