La economía de la longevidad como economía de la seguridad, la diversidad, la sostenibilidad, la corporalidad y la reciprocidad

Pescueza 2

El considerable aumento de la duración de nuestras vidas es una de las marcas de nuestra época, como lo es también un desarrollo tecnocientífico que nos hace capaces incluso de acabar con la vida humana sobre la tierra. Una época que nos trae hasta este momento, en el que percibimos fenómenos extremos en ámbitos como los de la salud, las finanzas, el clima, la geoseguridad. los electorados, las energías, las burocracias, las emociones y otros. Fenómenos que bien podrían desencadenar situaciones de colapso sistémico de mecanismos importantes para el funcionamiento de nuestras sociedades o, eventualmente, ojalá, propiciar suficiente inteligencia y, en general, capacidad colectiva para su manejo en forma de transiciones más o menos controladas y gobernadas por autoridades plurales, compartidas y legítimas.

En ese contexto, conviene superar visiones estrechas y sesgadas de la economía senior, entendida meramente como explotación cortoplacista de oportunidades de negocio y de empleo derivadas del aumento de la masa crítica de mayores económicamente solventes y pudientes en determinados lugares. Un enfoque de ese estilo podría incluso contribuir a fomentar un perfil de persona mayor individualista, hedonista y consumista que se desentiende de la suerte de la sociedad en la que vive y, especialmente, de la de las generaciones siguientes (actuales y futuras). Podría contribuir también a una mayor inequidad y conflictividad intergeneracional, especialmente perniciosas e inoportunas en momentos difíciles como los que vivimos.

Por el contrario, una economía de la longevidad que vaya más allá de la demanda solvente y sea capaz de mirar de frente a todas las necesidades (sentidas o no) del conjunto de la población mayor (entendida como parte inseparable del conjunto del cuerpo social) podría entenderse más bien como una:

  • Economía de la seguridad: entendiendo que la protección social pública (fundamentalmente Seguridad Social y sistema de salud, ojalá también servicios sociales) es elemento nuclear del funcionamiento económico y del contrato social (también intergeneracional), a preservar mediante innovación y reformas ambiciosas y oportunas.
  • Economía de la diversidad: entendiendo que la personalización y la elección, potenciadas por la economía informacional digitalizada y globalizada, son características indispensables que ha de tener la oferta (necesariamente creativa) de productos y servicios dirigida a las personas mayores (no sirve el “café para todos”).
  • Economía de la sostenibilidad: entendiendo que el modo de vida y sistema económico de referencia en nuestras sociedades no es universalizable socialmente ni sostenible ambientalmente y que hemos de impulsar las economías comunitarias, feministas, solidarias, participativas y circulares de la austeridad justa.
  • Economía de la corporalidad: entendiendo que, con el envejecimiento, suele ir aumentando la necesidad de cuidados y apoyos para la vida diaria y qué éstos, junto con avances tecnológicos, necesitan de una intensa proximidad física, emocional y moral de un número importante de personas de carne y hueso.
  • Economía de la reciprocidad: entendiendo que las relaciones afectivas gratuitas e incondicionales (intra e intergeneracionales, familiares y comunitarias) no pueden ser reemplazadas por otras en el núcleo duro de la experiencia de la humanidad y deben, por ello, ser cuidadas, facilitadas y potenciadas.

La longevidad humana representa la oportunidad para mejores proyectos de vida y mayor intensidad y diversidad de relaciones (intra e intergeneracionales), para estructuras sociales más complejas y resilientes, para comunidades y sociedades más sabias y libres. La economía humanista de la longevidad es la capacidad de potenciar y aprovechar dichas oportunidades para generar activos y recursos de cara a lograr vidas buenas para todas las personas hasta su final.

(Contenido aproximado de la conferencia impartida en Villanueva de la Serena, en Badajoz, la semana pasada.)

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