Voluntariado en servicios de salud: ¿avisar de que se acaba el gotero o humanizar el sistema?

consorci

Nuestros sistemas públicos de salud son complejos mecanismos vertebrados por competencias profesionales y tecnologías generadas desde algunas áreas de conocimiento y soportados por los poderes y presupuestos públicos con fuerte legitimación social. Son artefactos organizacionales sofisticados que surgen y se desarrollan en determinados contextos económicos, sociales y morales y que se deterioran en su ausencia. Podría decirse que hay un círculo virtuoso entre la cohesión social y territorial y los sistemas públicos de salud, del mismo modo que hay un círculo vicioso entre deterioro de los servicios sanitarios públicos y la desmoralización propia de los contextos de segregación y desigualdad entre las personas.

Nuestros sistemas universales de salud se configuran con activos y estructuras procedentes de la Beneficencia, de la Seguridad Social, de otros orígenes o generadas dentro de los propios sistemas ya universalizados. Sea como fuere, para las actuales usuarias de estos servicios todos ellos tienen unas características parecidas en cuanto a profesionalidad, gratuidad, accesibilidad o calidad, por citar algunos importantes valores que solemos atribuir a estos sistemas. En su estructura organizativa territorializada resulta fundamental la diferenciación e integración vertical entre la atención primaria y comunitaria y la atención especializada y, en su caso, hospitalaria.

¿Qué rol puede desempeñar el voluntariado en nuestros sistemas de salud? No, desde luego, el de un mal menor o un parche coyuntural en el caso de carencias de recursos humanos profesionales remunerados, sino el de una aportación sustantiva de valor que enriquece la vida y el funcionamiento de los servicios sanitarios con los valores propios de la acción voluntaria, como iniciativa, proximidad, solidaridad o participación.

Habrá quien verá el virus del voluntariado como una molestia menor y pasajera en nuestros sistemas públicos y profesionalizados. Habrá quien dirá que es un peligroso troyano que desconfigura la sanidad pública (jaqueada, por tanto, por el virus del voluntariado). Desde otro punto de vista, sin embargo, el voluntariado puede ser un buen driver (intermediario) que mejore nuestros sistemas de salud, potenciando sus mejores valores, añadiendo otros y, específicamente, corrigiendo tendencias autoritarias o tecnocráticas. Las voluntarias y voluntarios ayudarían en el funcionamiento cotidiano, no tanto porque puedan, en algún caso, hacer que éste sea algo menos costoso, sino más bien por su aporte de frescura, humanidad, generosidad y comunidad.

(La ilustración esta tomada del cartel anunciador de la jornada organizada hoy por el Consorci de Salut i Social de Catalunya.)

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