Analizando la organización social de los cuidados prolongados

Vertebradores 2

A la hora de comprender cómo, desde las políticas públicas, se está incidiendo y se puede llegar a incidir en el mundo de los cuidados de larga duración, podemos analizar siete grandes mecanismos de estructuración de las actividades que dan respuesta a las necesidades de las personas, siete grandes elementos que pueden ensamblarse de muy diferentes maneras:

  1. Ambiente-territorio: cuando la respuesta a la necesidad depende del entorno natural, de la tierra y sus recursos.
  2. Ayuda mutua: cuando la respuesta a la necesidad depende del don y de la reciprocidad en las redes y relaciones primarias familiares y comunitarias.
  3. Competencia profesional: cuando la respuesta a la necesidad depende de la actividad de personas cualificadas para realizarla y remuneradas por ella.
  4. Poder público: cuando la respuesta a la necesidad depende del ejercicio de una autoridad que garantiza derechos y está legitimada para imponer obligaciones.
  5. Mercado autorregulado: cuando la respuesta a la necesidad depende de la posibilidad efectiva de intercambios entre agentes.
  6. Aseguramiento financiero: cuando la respuesta a la necesidad depende del ahorro o la inversión que se ha llevado a cabo previamente.
  7. Innovación tecnológica: cuando la respuesta a la necesidad depende de la existencia de soluciones estandarizadas, formateadas a partir de conocimiento, en principio, científico.

En el cuadro vemos algunos ejemplos de grandes áreas de necesidad o actividad y distinguimos, para cada caso, cuál de esos siete es el elemento vertebrador, qué otro elemento resulta fundamental y qué otros elementos son importantes en cada caso. Cabe entender que la denominada Ley de Dependencia (de 2006) pretendía convertir el poder público (específicamente los sistemas públicos de la rama de actividad de los servicios sociales) en el elemento vertebrador de la organización social de los cuidados prolongados (o de la respuesta a las necesidades permanentes de cuidados), en principio con la competencia profesional como elemento fundamental.

¿Por qué no ha funcionado el modelo de la Ley de Dependencia? Posiblemente porque, en realidad, los servicios sociales no habían sido concebidos como servicios de cuidados sino como servicios para intentar evitar, paliar o revertir procesos de exclusión social (debidos a la necesidad de cuidados o a muchas otras). Por otra parte, la ayuda mutua familiar (la patriarcal todavía dominante y la pospatriarcal, ojalá, emergente) ha mostrado más resiliencia de la prevista (tirando, además, frecuentemente de un mercado feminizado colonial en proceso de irse autorregulando), en un ámbito en el que la autodeterminación y el deseo de libre elección de las personas en materia de cuidados parece casar mal con la estructura organizativa y la cultura asistencial de los servicios sociales (más orientadas a la tutela y el control). Todo ello sin desconocer que el gasto público destinado a los servicios sociales profesionales de cuidado ha sido limitado.

(Notas para el proyecto #ZainLab2, de Servicios Sociales Integrados, financiado por el Gobierno Vasco.)

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