La intervención social ante las situaciones de soledad

…………………..Muskiz

Si proponemos la interacción (es decir, la autonomía e interdependencia de las personas en la vida diaria y en las relaciones primarias) como el objeto de la intervención social (se realice ésta dentro o fuera de la rama de actividad de los servicios sociales), cabe entender que las de soledad son situaciones que conciernen a la intervención social y que su estudio interesa a las disciplinas de la intervención social (tales como el trabajo social, la educación social o la psicología de la intervención social).

Decimos que una persona está en una situación de soledad en la medida en que mantiene menor cantidad o calidad de relaciones con otras personas que las que le gustaría (por lo tanto hay que considerar el proyecto de vida y las preferencias de cada persona). Se suele hablar de tres tipos de soledad: la soledad social, que haría más bien referencia al número de relaciones; la soledad emocional, que haría más bien referencia a la calidad de las relaciones; y la soledad existencial, a la que nos referiríamos cuando la soledad ha calado más profundamente, afectando a la identidad e identificación de la persona como parte de la comunidad.

Las situaciones de soledad son motivo de preocupación en tanto en cuanto entendemos que la pertenencia a la comunidad, el apoyo mutuo y las relaciones interpersonales son bienes valiosos, bienes de primera necesidad con sentido en sí mismos. Además, como los grandes bienes de primera necesidad tienen sinergias entre sí, las situaciones de soledad pueden contribuir a agravar otros males que podemos padecer, tales como enfermedades, fragilidad funcional, pobreza económica, precariedad laboral, vulnerabilidad residencial, inseguridad física u otros.

Nuestra sociedad ha evolucionado (en lo demográfico, en lo laboral, en lo residencial, en lo familiar y en lo moral) en un sentido que hace que se hayan ido incrementando y se sigan incrementando las situaciones de soledad. Por eso estamos construyendo estrategias para hacer frente a este reto, estrategias que pueden ser de:

  • Prevención primaria o universal, con toda la población, con cualquier persona, con la comunidad.
  • Prevención secundaria o selectiva, con segmentos de población que pueden presentar mayor riesgo de llegar a una situación de soledad.
  • Prevención terciaria o indicada, con personas que hemos detectado que se encuentran en situación de soledad.

En estos momentos nuestra intervención social suele activarse cuando las situaciones de soledad son bastante acentuadas y, además, se presentan enlazadas con otras preocupantes que se han comentado más arriba. Muy tarde. Por ello es necesario innovar e intentar aumentar nuestra capacidad de prevención selectiva y, sobre todo, universal, impulsando procesos de participación comunitaria y comunidades amigables, en las que todas las personas desarrollemos una mirada activa hacia las otras personas y hacia nosotras mismas, construyendo nuevas relaciones en la diversidad, que nos ayuden a dar respuesta a nuestras necesidades y las de las otras personas, especialmente en las transiciones individuales y colectivas, fortaleciéndonos personal y comunitariamente ante los riesgos que conllevan las situaciones de soledad.

(Notas para una intervención hoy en Muskiz, con el grupo cooperativo de la economía solidaria Servicios Sociales Integrados y profesionales de servicios de bienestar de la localidad.)

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