Tres trayectos paradójicos para las profesiones de la intervención social

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Se plantea la reflexión sobre la contribución de las tres disciplinas y profesiones de la intervención social de superior rango académico en nuestro país (trabajo social, educación social y psicología de la intervención social) a la justicia social en clave de compromiso político. Y ésta podría ser una propuesta de tres paradójicas y contraintuitivas estrategias:

  1. Fortalecer la configuración, identidad y posicionamiento de las disciplinas y profesiones de la intervención social como áreas de conocimiento disciplinar y profesional ancladas en el saber científico y técnico, permitiendo que estos saberes ganen terreno frente a (y pongan en cuestión) prácticas y valores preexistentes y posicionamientos ideológicos y políticos anteriormente instalados en la comunidad de la intervención social o en muchos de sus miembros.
  2. Romper la vinculación directa y automática que existe, muchas veces, en nuestras prácticas y en nuestras mentes, entre intervención social y colectivos (considerados) vulnerables, construyendo miradas y capacidades cada vez más universales e inclusivas y más capaces de identificar y abordar unas necesidades y capacidades específicas de cualquier ser humano.
  3. Aceptar y asumir, en mayor medida, que la intervención social es (y no puede dejar de ser) parte del sistema establecido (del sistema de políticas públicas, del sistema institucional académico y de otros) e incardinarnos en las estructuras sectoriales del sistema de bienestar (y, específicamente, del sistema público de servicios sociales) sabiendo que, al hacerlo, asumimos la contradicción de formar parte de estructuras injustas y, en parte, contribuimos a mantenerlas.

Para un área de conocimiento, para una comunidad profesional, si quiere obtener un impacto real, si quiere ejercer su compromiso político con la justicia social (que, necesariamente, es un compromiso con las víctimas pasadas, actuales y futuras de las injusticias sociales), no hay atajos y, por el contrario, lo que sí hay son este tipo de caminos extraños o trayectos paradójicos.

No por ser menos científicos vamos a ser más políticos. No por ser menos universales vamos a beneficiar más a las víctimas de la injusticia estructural. No necesariamente por tener más maniobrabilidad como profesionales o como profesiones vamos a ser más eficaces en la transformación sostenible.

Como agentes de la intervención social sabemos muy bien que los procesos de transformación no son lineales y simples y que, frecuentemente, exigen retrocesos y rodeos, comportan decisiones cuya lógica no es fácil de advertir a primera vista. Claro que aspiramos a unas disciplinas y unas profesiones de calado político, comprometidas con la justicia social y eficaces en la defensa y garantía de los derechos humanos, especialmente de aquellas personas que los ven más conculcados. Pero quizá lo que toca hoy es, más bien, fortalecer el músculo y la identidad de carácter científico, universal y estructural, para después (y también mientras tanto y siempre) potenciar nuestra capacidad e impacto de carácter político, ético y transformador.

(Adaptación de un fragmento de la intervención de hoy en el congreso de educación social. Más adelante se colgará el texto completo.)

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