Innovación tecnológica, transformación social y buen vivir

Iñigo 2

En nuestras sociedades la innovación tecnológica tiende a presentarse como la principal herramienta para el bienestar. Aparenta ser un instrumento, como mínimo, éticamente neutro y, por lo tanto, susceptible siempre de ser utilizado para el bien. En el discurso dominante la innovación tecnológica es deseable, per se, siempre y en todo lugar. Es un proceso que, en general, ha hecho, hace y va a hacer la vida mejor, más aún, el principal proceso que nos ha hecho progresar, según parece. Nuestras autoridades, antes que fotografiarse junto al altar de una catedral, prefieren hacerlo al lado de algún aparato de última generación. Hoy en día, frecuentemente, más que hablar de reforma social, de desarrollo social o de transformación social, se hablaría de innovación social, ampliándose el radio de acción de una innovación, inicialmente, tecnológica.

Sin embargo este discurso puede ser cuestionado, cuando constatamos el inmenso poder que tiene la innovación tecnológica para transformar la sociedad y al propio ser humano. Para transformar y, no pocas veces, para deformar y para destruir la sociedad y el ser humano. La tecnología es un subsistema social con capacidad de agencia que con frecuencia resulta disfuncional y que, en lugar de servir al conjunto del sistema social, muchas veces, se sirve de él, colonizándolo e instrumentalizándolo, llevándolo al deterioro y al colapso.

No todo saber o conocimiento humano es o se convierte en tecnología. Es más, posiblemente, los principales saberes que tenemos las personas no pueden formatearse como tecnología: saberes éticos, científicos, espirituales, emocionales o prácticos que atesoramos, construimos y compartimos los seres humanos, legados que recibimos y transmitimos, que reinterpretamos y reelaboramos colectivamente, deliberativamente, comunitariamente. Y que no son, generan o desembocan en innovaciones tecnológicas.

Posiblemente la novedad principal de la época que nos ha tocado vivir es que, por primera vez en su historia, los seres humanos tienen la capacidad tecnológica para destruir toda la vida humana sobre la tierra. Y el riesgo de asimetría de poder y de dominación por parte de quienes se apropian de esas capacidades es enorme. La combinación de la innovación tecnológica con la desregulación capitalista es, posiblemente, la mayor amenaza que hoy enfrenta la humanidad.

Según Albert Camus, “en política son los medios los que deben justificar el fin”. O, en palabras de Mahatma Gandhi, “el fin está en los medios como el árbol en la semilla”. Frente a la interesada y suicida racionalidad instrumental, alienante y consumista, que nos conduce a hacer inexorablemente todo aquello que es posible hacer, caiga quien caiga, hemos de proponer, practicar y defender el buen vivir construido democráticamente desde un universalismo inclusivo y mediante la gobernanza participativa y la gestión colaborativa del trabajo, el conocimiento y la innovación.

(Notas para la próxima celebración del décimo aniversario de Home Care Lab, división de innovación del Grupo Servicios Sociales Integrados.)

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