Cinco claves para un giro necesario en políticas sociales

mataro

En Europa, ha sido en buena medida el éxito de las políticas sociales, en la segunda mitad del siglo XX (en España con cierto retraso), el que ha transformado la sociedad, de modo que la potencia combinada de la economía del conocimiento y el Estado de bienestar nos ha permitido, en muchos casos para bien, romper anclajes de género, familiares, intergeneracionales, comunitarios, laborales, económicos, morales o religiosos.

Sin embargo, ello nos coloca ante nuevos riesgos sociales, para los cuales el sistema de bienestar tradicional no está preparado. Frente a una sociedad ordenada con mecanismos de inclusión social que van apareciendo en cascada (primero familia, luego mercado, después Estado y, finalmente, tercer sector), emerge una sociedad compleja, globalizada, reticular, de consumo, individualizada, reflexiva, longeva, financiarizada, digitalizada, desacralizada y del riesgo, con oportunidades inéditas de calidad de vida e inclusión social pero con nuevas y potencialmente catastróficas amenazas de fragmentación y exclusión social. Ante esta realidad algunas claves para el cambio necesario en políticas sociales serían:

1. Predistribución, como enfoque complementario al de la redistribución. Las políticas redistributivas actúan después de que los mecanismos biológicos, familiares o mercantiles, fundamentalmente, han generado desigualdades y las compensan o corrigen en parte. Sin embargo, en la sociedad que hemos descrito, esa redistribución llega demasiado tarde y por eso se necesitan unas políticas sociales más proactivas y preventivas, que construyan capacidades individuales y colectivas y eviten cuanto antes (aguas arriba) tanta divergencia hacia la desigualdad de oportunidades, apoyos y resultados en las trayectorias de las personas.

2. Revinculación, como imperativo para la sostenibilidad. La globalización neoliberal ha ido demasiado lejos en su intento de individualización, mercantilización, financiarización y deslocalización de las actividades humanas y estamos aprendiendo, a base de mucho sufrimiento en ocasiones, el valor de la proximidad, de la circularidad, de la reciprocidad, de la confianza, de la comunidad, pues, en definitiva, somos cuerpos físicos altamente vulnerables embebidos en un entorno humano y natural con el que nos tenemos que reconciliar, también los seres urbanos y las nómadas globales.

3. Experimentación, como dinámica imprescindible de generación de conocimiento. La sociedad del conocimiento es la sociedad de la investigación, de la tecnología y de la innovación en todos los niveles: operativo, organizativo y político. Las políticas sociales deben volverse exploratorias y, cada vez más, experimentales y aspirar a estar basadas en la evidencia, resultando imperativo fortalecer el trabajo de formulación de teorías del cambio y las herramientas de evaluación de los impactos, en el marco de ecosistemas de conocimiento abiertos, plurales, densos y dinámicos.

4. Integración tanto vertical (multinivel) como horizontal (intersectorial), como imperativo ante el riesgo de la saturación, confusión y disfunción del conjunto de políticas públicas y actividades profesionales. Cada vez más, necesitamos una arquitectura ordenada de las políticas sectoriales, transversales e intersectoriales en las que no hablemos de una coordinación o trabajo en red a partir de unidades concebidas como independientes sino de una dinámica estructurada de atención, gestión y gobernanza integradas, aprovechando las posibilidades de la capa digital.

5. Coproducción, como capacidad de aprovechar las ventajas comparativas de cada tipo de agente para determinadas funciones, para determinado conocimiento. Coproducción es innovación social en la medida en que supone innovación en los medios o concierto entre agentes. Es especialmente la hora de la emergencia de la sociedad civil organizada, del procomún, de la espiral del don, de la economía solidaria, del tercer sector como estación intermodal entre Estado, mercado y comunidad. Un tercer sector que, sin dejar de ser samaritano y proveedor, ha de ser, cada vez más, navegador.

Estas cinco claves pretenden ayudar a enfocar la transformación de nuestro sistema de bienestar, sugiriendo alternativas frente un exceso de monetización y burocratización de la política social y a preocupantes síntomas de aumento de la ineficiencia e inequidad. Parecen necesarias especialmente para que los grandes programas tradicionales (como pensiones y sanidad) no se conviertan en parte del problema y, en general, para poder sortear el riesgo de colapso de nuestras políticas sociales.

(A partir de notas compartidas en una colaboración con el Ayuntamiento de Mataró, cuyo puerto aparece en la fotografía.)

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