Economía de los cuidados: ¿hacia una tormenta perfecta?

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De forma aparentemente inexorable nos vamos adentrando en una tormenta perfecta por los cuidados de larga duración.

En nuestro país, la aprobación de la Ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia (pronto cumple quince años) puede ser vista como un momento significativo en el proceso de toma de conciencia política acerca de ese desafío y, específicamente, para la configuración de un mercado eficiente de cuidados profesionales, pretendidamente dominado por el sector público.

Sin embargo, la realidad social ha tomado claramente la delantera a la política y a la economía y nos encontramos ante un mercado de los cuidados notablemente disfuncional, entre otros factores, por dos:

  • Por la radical insuficiencia de la demanda solvente de cuidados profesionales (sea con dinero privado o público), especialmente en la medida en que el envejecimiento del envejecimiento genera cada vez con más frecuencia costes catastróficos para quienes necesitan cuidados (más difícilmente asumibles, además, en un contexto cultural de histórica desvalorización o devaluación de éstos).
  • Por la enorme y creciente dependencia de la inmigración para las labores de cuidado profesional, lo que somete a esta actividad a mayores riesgos de insuficiencia o  interrupción del flujo de personal cualificado disponible por causas como cambios en la política de inmigración (Vox gana peso al respecto), complicación de los papeleos, situaciones en los países de origen o, sin ir más lejos, una pandemia como la de la covid-19.

Además, estas disfunciones del mercado de los cuidados se producen junto a tensiones similares en nichos de actividad próximos como, por ejemplo, el de los servicios sanitarios, especialmente en la atención primaria de salud (con, por ejemplo, personal de enfermería que “tendría que estar” en los servicios sociales y está en los sanitarios u otro que “tendría que estar” en nuestra sanidad pública y se va a otros países), o en el de la vivienda (un bien que opera frecuentemente como refugio para la inversión en detrimento de su usabilidad).

Por último, estas tensiones, disfunciones, bloqueos y retrocesos en materia de cuidados se dan en un contexto económico y financiero convulso en el que el aumento de liquidez habilitada por las autoridades monetarias podría generar tensiones inflacionistas y los límites ecológicos pueden crear crecientes problemas por el lado de la oferta para un sistema económico basado en el crecimiento de las expectativas, de la demanda, de la productividad y de los recursos, sometido al triple desafío de la transición digital, ecológica y demográfica.

Quienes trabajamos en el desarrollo y la mejora de las políticas públicas de cuidados y para su mayor profesionalización e innovación tecnológica y social debemos incorporar en nuestros análisis estratégicos un conocimiento más profundo de estas dinámicas complejas (a veces endiabladas) de la economía de los cuidados y de la longevidad. Nuestra humanidad se juega mucho en ello en estos momentos y, por ello, no está de más recordar aquella frase que utilizó en su día Bill Clinton: es la economía…

(Reflexiones en el marco del proyecto #ZainLab. En la fotografía una gasolinera británica desabastecida por la falta de transportistas de otros países tras la salida del Reino Unido de la Unión Europea.)

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