Cuidado, innovación, empleo y territorio: el rol del “servicio público a pie de calle”

manlleu

A estas alturas de la pandemia hay pocas dudas acerca de la gravedad de lo sucedido, por ejemplo, en las residencias de mayores. Sin embargo no se ha decantado un relato canónico al respecto: no sabemos quién es “el malo de la película” (no hay un análisis causal de consenso sobre lo ocurrido) ni mucho menos cuál puede ser el “final feliz” (el modelo de cuidados de larga duración para el futuro). En  todo caso, sí cabe afirmar que las búsquedas de las instancias interesadas parecen alumbrar unos cuidados más:

  • Profesionalizados y diversificados: por el aumento de una demanda de atención, necesariamente más personalizada, y por la exigencia justa de mejora de la equidad de género y las condiciones laborales en el empleo de cuidados.
  • Tecnológicos y digitalizados: por la eficiencia, sostenibilidad, interoperabilidad y escalabilidad que pueden aportar estos desarrollos e innovaciones, potenciando la autonomía y relaciones de todas las personas.
  • Comunitarios y territorializados: por la revalorización del kilómetro cero, las relaciones de proximidad y la escala humana en el contexto de la experiencia pandémica y del aumento de la credibilidad de las amenazas de colapso de diversos sistemas.

Podemos pensar en un círculo virtuoso entre una comunidad más cuidadora, una economía de proximidad más robusta, una innovación tecnológica más social, un empleo de mayor calidad, una gobernanza más participativa y un territorio más sostenible. Sin embargo nadie puede asegurarnos que no se impondrá el círculo vicioso tan reconocible entre precariedad laboral, vulnerabilidad económica, deterioro ambiental, segregación territorial, aislamiento relacional, angustia emocional, deshumanización tecnológica y caos de cuidados.

En ese contexto, las servidoras y servidores públicos a pie de calle (street-level bureaucrats, según el concepto acuñado por Richard Lipsky hace treinta años) ocupan una posición estratégica en los procesos de implementación, innovación y legitimación de las políticas de bienestar. Tanto mediante su integración vertical en profesiones, gremios y disciplinas como a través de su integración horizontal intersectorial en el territorio, pueden actuar concertadamente y añadir valor a una práctica cotidiana inteligente en la que, necesariamente, su alianza sagrada sólo puede ser con la ciudadanía de la que son parte y a la que tienen la obligación ética de ofrecer una atención profesional y experta basada en el mejor conocimiento científico y tecnológico disponible.

En un reciente encuentro hablábamos de “cuidar la vida, garantizar la inclusión y convivir en diversidad”. Olvidar estas referencias (u otras similares) es garantía de quemarse y perderse en estos tiempos de brumas densas e interesadas. El servicio público a pie de calle, vital, ciudadano e innovador, es un agente indispensable en la construcción de esa comunidad de los cuidados que constituye hoy el reto central de las políticas públicas, urbano-territoriales y de bienestar.

(En la foto, Manlleu, “donde” hoy conversaremos sobre estos asuntos.)

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