¿Canguros para la conciliación o baterías para coches eléctricos? (Cañones o mantequilla)

Samuelson

Paul Samuelson, Premio Nobel de Economía en 1970 (en la foto), planteaba en sus manuales una situación hipotética en la que un país tenía dos productos (cañones y mantequilla, utilizando una disyuntiva anteriormente planteada) y se veía en la tesitura de decidir cuánto de cada uno de ellos producir. La referencia a los cañones y la mantequilla se ha utilizado repetidamente para explicar que la economía es la ciencia que nace a partir de la existencia de recursos limitados susceptibles de usos alternativos y específicamente para referirse al concepto (estudiado anteriormente por David Ricardo) de coste de oportunidad, es decir, de lo que perdemos o dejamos de ganar por tomar un determinado curso de acción en lugar de otro.

La necesidad de optar entre cañones y mantequilla se ha utilizado frecuentemente para ilustrar opciones de política pública, por ejemplo, entre gasto militar y gasto social o, en el caso de la pandemia, entre política sanitaria y política industrial, por ejemplo. La prensa de estos días, sin embargo, nos pone encima de la mesa dos ejemplos de utilización de recursos públicos y de decisiones políticas que quizá nos muestran que nuestros gobiernos tienen ante sí mucha más variedad de opciones que los del siglo pasado. Y cursos de acción quizá más diversos y extremos.

Así, el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España ha anunciado la financiación pública para canguros profesionales que atiendan a criaturas, con la finalidad declarada de que sus madres y padres puedan conciliar mejor (y, deseablemente, con mayor corresponsabilidad entre mujeres y hombres) sus responsabilidades familiares con las laborales y otras que puedan tener. Al mismo tiempo, el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo ha comunicado que va a crear un consorcio público-privado con empresas eléctricas y automovilísticas para fabricar baterías para coches eléctricos, en una iniciativa que se considera estratégica para que España pueda retener e incrementar producción y empleo en el contexto del cambio tecnológico en el que está inmersa la industria del automóvil.

Lógicamente, si los poderes públicos decidieran ahora en España contratar más médicas, maestros o juezas o tender kilómetros de carreteras o vías férreas, estaría bastante claro qué organizaciones públicas incorporarían o canalizarían los recursos correspondientes. Sin embargo, cuando el Estado se adentra en el territorio más ignoto, por ejemplo, de los canguros o las baterías, eso no está tan claro. ¿Qué instrumentos jurídicos, mediaciones organizativas y anclajes institucionales se utilizarán para que el Estado logre la contratación de canguros o la fabricación de baterías? Todavía es una incógnita.

Los poderes públicos están obligados a emprender, innovar y a experimentar; deben “pensar fuera de la caja” y “salir de su zona de confort”; y deben esforzarse en saber y en comunicar cuándo sus iniciativas son coyunturales, cuándo son experimentales y cuándo buscan generar y estabilizar estructuras estables y sostenibles. El papel del Estado en la satisfacción de las distintas necesidades de las personas es un contenido fundamental del contrato social, que consiste en una claridad que nos permita a las ciudadanas y ciudadanos saber qué derechos tenemos y qué aportación se espera de nosotras. En determinados momentos y ámbitos es el propio Estado el que tiene que arremangarse y hacer. En otros, le corresponden otros papeles no menos relevantes (como, por ejemplo, regular, incentivar, financiar o controlar). Ojalá acertemos con los canguros, las baterías y todo lo demás.

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