Soledad, políticas públicas y servicios sociales

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En nuestras sociedades complejas cobra mucha fuerza la dinámica de diferenciación funcional y especialización de estructuras organizativas, traccionada y vertebrada por el conocimiento científico, técnico y tecnológico. Las grandes necesidades (o áreas de necesidad) humanas son la referencia de los grandes bienes que protegen y promueven las políticas sectoriales y sus sistemas públicos (correspondientes a ramas de actividad). Así, por ejemplo, la salud, la movilidad, el alojamiento, la seguridad, el alimento, el territorio, la participación o el conocimiento.

¿Cuál sería la necesidad satisfecha o el bien protegible opuesto a ese sentimiento insatisfactorio de soledad en una situación de aislamiento social y en un contexto de desvinculación relacional? Cabe proponer que pudiera ser la interacción, definida como la interdependencia (más intensa o más ligera, más directa o más indirecta) entre personas que mantienen entre sí relaciones primarias (o semejantes), entendidas como vinculaciones interpersonales gratuitas de afecto y reciprocidad en las que se da un cierto compromiso de cuidado de la otra persona en equidad, de responsabilidad compartida por la sostenibilidad de su vida.

Este bien de la interacción debe ser visto como un fin en sí mismo, como un universal antropológico en el terreno de los valores. Un bien no menos ni más valioso, en principio, que los otros bienes que hemos citado, como la salud o la seguridad (el hecho de que unos bienes sean también medio para otros no les resta valor como fines). Un bien, por otra parte, tan disfrutable individualmente como esencialmente colectivo, comunitario, social, desde el momento que sólo podemos desarrollarnos como seres humanos mediante relaciones con otros seres humanos.

Los servicios sociales, y particularmente los sistemas públicos de servicios sociales, podrían ir encargándose de la prevención y abordaje del malestar de la soledad, del aislamiento social, de la exclusión relacional y de la protección y promoción de la interacción de todas las personas (universal). Sí, pero, seguramente, para ello, debieran ir dejando en manos de otros subsistemas y agentes la parte residual que todavía retienen del encargo de la subsistencia material o la garantía de ingresos. Y debieran integrarse horizontalmente (no subsidiariamente) con los sistemas y políticas de salud y de vivienda y urbanismo. Y debieran, en todo caso, desarrollar y perfeccionar actuaciones eficaces para cumplir tal encargo.

(Notas a partir de un artículo, de próxima publicación, elaborado para el Ayuntamiento de Barcelona, dentro del trabajo de su Consejo Asesor Científico contra la Soledad, al que corresponde la ilustración.)


  1. Los Servicios Sociales necesitan un ejercicio de introspección y autoconocimiento a la vez que un análisis riguroso y científico de la realidad social, como estás haciendo sin descanso, Fernando, para transformarse y adaptarse a un contexto volatil, complejo y atravesado por multitud de pandemias sociales. La desigualdad, la soledad, la pobreza, la polarizacion ideológica y política , la violencia contra las mujeres, el maltrato infantil, el fracaso escolar, los flujos migratorios destinafos a la exclusión social, la falta de derecho a la vivienda, el desempleo juvenil, el radicalismo terrorista y otros fenómenos aceleran la fractura de las comunidades humanas. Los Sistemas de Protección Social están ante la necesidad y la oportunidad de integrar modelos científicos de detección, medición, y análisis de la complejidad social y los riesgos asociados. Un cambio de paradigma cuyo mayor obstáculo es la resistencia interna al cambio, muy propio de los sistemas dominados por la homeostasis y faltos de dinámicas morfogeneticas.

  2. El bien a proteger no es tanto individual, sino colectivo: el vinculo comunitario. Por ello es, sin quitarle valor, el “tratamiento” no es tanto el “acompañamiento” de las personas (por ejemplo, por voluntarios), sino es “más comunidad”! Y eso significa un compromiso profesional y político con el abordaje del refuerzo del poderío comunitario en nuestros barrios, mas allá del asistencialismo y la neo-caridad.

    Un abrazo

    Javier Segura

  3. Sin duda, el sistema de servicios sociales necesita definir y sobre todo concretar su objeto y por tanto, partiendo de su principal objeto como son las necesidades sociales, tenemos que hacer un esfuerzo de concreción y en este caso la soledad, a mi juicio estoy de acuerdo con Fernando, es una de las concreciones del objeto de los servicios sociales y seguidamente, tenemos que definir las prestaciones que responderían a dicha necesidad y entre ellas estaría el acompañamiento social y otras prestaciones en forma de recursos materiales como son los centros de día configurados como espacios de convivencia.

    Gracias Fernando por compartir las reflexiones

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