¿De verdad es tan “natural” vivir en una residencia?

Print

Continúa la pandemia y, mes tras mes, siguen corriendo ríos de tinta y horas de radio y televisión sobre las residencias, especialmente sobre aquellas en las que están ingresadas personas de avanzada edad. Análisis, denuncias, recomendaciones o reivindicaciones se suceden por doquier.

Y muchas propuestas para mejorar las residencias. Y muy pocas sobre alternativas a las residencias. ¿Por qué?

Quizá sucede que las personas que escribimos y hablamos sobre el tema, sea en informes técnicos, artículos diversos o declaraciones a los medios, todas ellas, seguramente, habitamos en viviendas con personas con las que hemos elegido vivir. Compramos comida o comemos en diferentes lugares y tenemos diversas organizaciones proveedoras de actividades de ocio u otras.

Es decir, no vivimos en establecimientos colectivos junto a otras personas usuarias del mismo servicio. La organización que dio o da respuesta a nuestra necesidad de alojamiento no es la misma que la que nos proporciona alimento, diversión o cuidados.

Sin embargo, cuando hablamos y escribimos, da la impresión de que consideramos la cosa más natural del mundo que determinadas personas (otras personas), en función de ciertas características (como la edad, la autonomía u otras), sean usuarias de un lote de alojamiento, cuidados, alimentación, ocio y otras prestaciones, todas en las mismas instalaciones y por parte de la misma proveedora.

¿Hemos dedicado cinco minutos a imaginar nuestra vida en esas condiciones? ¿Nos hemos preguntado en qué circunstancias, por cuánto tiempo y bajo qué supuestos aceptaríamos ser ingresadas en un centro que se hiciera cargo de dar satisfacción a todas esas necesidades? ¿Tenemos presente el porcentaje de personas usuarias de residencias que han elegido serlo?

En la medida en que hablamos y escribimos acerca de cómo mejorar las residencias, seguramente, naturalizamos dichos dispositivos, los legitimamos como una solución normal, aceptable, deseable y sostenible. Incluso como la alternativa “natural” para algunos perfiles de personas. ¿Y las otras alternativas?

Quizá, cuando pensamos en cómo mejorar las residencias, dejamos de pensar en lo excepcional que tendría que ser la situación para que estuviera indicado y aceptásemos que el mismo proveedor, en las mismas infraestructuras, nos proporcionase cuidados, alojamiento, alimentación, recreación y más cosas, como parte de un grupo menor o mayor de personas usuarias.

Y mientras seguimos naturalizando las residencias (para otras personas, no para nosotras) acaso dejamos de pensar en políticas de vivienda y urbanismo, en tecnologías, en políticas de servicios sociales, en formas de vida comunitaria, en políticas de garantía de ingresos y en otras políticas y actuaciones y en sus márgenes de mejora para facilitar que las personas (más personas) vivamos (nos cuidemos o seamos cuidadas, nos alojemos, nos alimentemos y nos divirtamos) como queramos, donde queramos y con quien queramos.

Es decir, para ampliar nuestra libertad efectiva de elección (la de todas) para cada una de esas cuestiones en las diferentes situaciones y momentos de nuestra vida.

(La ilustración es de la Asociación Canadiense para la Vida Comunitaria, ahora Inclusion Canada.)


  1. Una vez más, Fernando, has entrado en “lo mollar” del problema al que te refieres. Distraídos con debates sobre lo público/privado, sobre si han de estar o no medicalizadas, sobre el grado de “control” de los/as residentes, no fijamos nuestra atención, siquiera mínimamente, en lo que tú muy bien has expuesto. ¡Salud!

Utzi erantzuna

Zure helbide elektronikoa ez da argitaratuko. Beharrezko eremuak * markatuta daude

CAPTCHA image
*

Ondorengo XHTML etiketa eta atributuak erabil ditzakezu: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

WP-SpamFree by Pole Position Marketing