Ensamblando las políticas de empleo

empleo 3

El primer reto de las políticas de empleo es lograr una definición y visión compartida acerca del bien que protegen y promueven. ¿En qué sentido se ocupan del empleo? ¿O sólo se ocupan del desempleo? ¿Se ocupan nada más de la cantidad de empleos disponibles o también de sus características? ¿Se trata de influir en la creación de empleo por parte del sistema económico o también de crear directamente empleo? Y por cierto: ¿en qué medida y circunstancias interesa invertir en la creación de empleo o más bien usar esos recursos para garantizar ingresos u otros bienes?

En este momento, una de las disyuntivas de las políticas de empleo (y de las políticas públicas en general) tiene que ver con los cuidados: ¿en qué medida y de qué manera transformar en empleo el trabajo de cuidados realizado anteriormente en el seno de las relaciones primarias gratuitas y de reciprocidad? Y, más en general, ¿qué actividades de nuestra vida queremos que sean profesionales y remuneradas y cuáles no? Por otra parte, ¿en qué medida y en qué sentido queremos tratar el trabajo como una mercancía que se compra y se vende en un mercado (el denominado “mercado de trabajo”)? Un nuevo contrato social requiere, seguramente, nuevos arreglos de profesionalización y desmercantilización.

Los servicios públicos de empleo (con sus actividades de evaluación, diagnóstico, orientación, formación, intermediación y otras) son una pieza fundamental de las políticas de empleo y deben fortalecer su capacidad de prescripción. Sin embargo, no cabe duda de que, a diferentes escalas, son muchos más los agentes con intereses y efectos (más directos o indirectos) en el empleo. Los agentes sociales tradicionales (emprendedoras y propietarias de empresas, por un lado, y trabajadoras, por otro, directamente o a través de sus representantes patronales y sindicales) son fundamentales, pero hay que considerar a las diversas administraciones, a agentes del conocimiento, a otras políticas sectoriales o transversales, al tercer sector, a la ciudadanía consumidora y a otros. En los diferentes niveles (desde el barrio o pueblo hasta el mundo) los ecosistemas de agentes deben configurarse de manera ordenada y eficiente y también flexible y dinámica.

En la pandemia y después, las políticas de empleo tienen un doble desafío. Por una parte, fortalecer técnica, organizativa y estratégicamente su núcleo duro de actividades y prestaciones centradas en la persona, que cada individuo puede reclamar como derecho subjetivo. Por otra, impulsar procesos de gobernanza compleja de la reconstrucción, apostando por sectores estratégicos enraizados en las lógicas del territorio y conectados con las dinámicas globales y facilitando las difíciles y arriesgadas transiciones que conllevan. Enarbolando y honrando siempre la bandera del empleo significativo, digno, cualificado, suficiente, productivo, satisfactorio, inclusivo y sostenible.

(Notas tras el reciente Congreso sobre el Sistema Vasco de Empleo, organizado recientemente por el Gobierno Vasco.)


  1. Añado dos conceptos: empleabilidad, hacer a la persona más “atractiva” para el mercado laboral, y ocupabilidad, formar a las personas de acuerdo a las ofertas de empleo de una zona concreta. Una de las cuestiones que le doy muchas vueltas es que la ciudadanía acude a las agencias de (des) empleo para “buscar” trabajo y nostras les ofrecemos formación. Esto lo hacemos porque trabajar es saber solucionar problemas por los que otra parte de la ciudadanía está dispuesta a pagar.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

CAPTCHA image
*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

WP-SpamFree by Pole Position Marketing