¿Es la hora de estrategias contraintuitivas en los servicios sociales?

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A veces, en ocasiones extraordinarias, pueden funcionar bien decisiones extrañas, aparentemente contraproducentes, que a primera vista parecen ir en sentido opuesto a las que mayoritariamente se plantean. A continuación, se proponen cuatro para nuestra intervención social y servicios sociales a partir de las situaciones pandemia y emergencia que estamos viviendo. Seguramente, resultarán impracticables o inadecuadas en muchos contextos, pero quizá merezca la pena dedicarles unos minutos de reflexión. Primero se enuncian y a continuación se dedica un párrafo a cada una de ellas, con la apertura de siempre al diálogo, a la matización y a la corrección:

  1. Dejar de entregar recursos para la subsistencia.
  2. Cerrar centros.
  3. Suspender relaciones con los servicios sanitarios.
  4. Experimentar y teorizar.

1. Las gentes de la intervención social y los servicios sociales, normalmente vocacionadas y formadas para las relaciones de ayuda y los procesos comunitarios, no obstante, hemos aceptado muchas veces dedicarnos a gestionar y realizar el reparto o racionamiento de dinero y bienes materiales para la supervivencia de las personas. Ahora vuelve a suceder con fuerza. Sin embargo, esto puede resultar cada vez más irracional y frustrante, en tanto en cuanto el desarrollo tecnológico y logístico de otras organizaciones públicas o mercantiles (del ámbito del aseguramiento, las finanzas, la distribución u otros) las coloca en condiciones de realizar esta labor de manera mucho más pertinente y eficiente. Por ello, seguramente, cada día está más justificado, desde el punto de vista ético y estratégico, que nos neguemos a aceptar el encargo de la garantía de subsistencia, máxime cuando el contexto parece determinar que ese trabajo sea cada vez más incompatible con la labor de intervención social.

2. Durante esta pandemia, algunos de nuestros centros se han convertido en lugares especialmente visitados por el sufrimiento y la muerte. A partir de esa experiencia, se habla de la mejora o transformación de algunos de nuestros servicios, pero, quizá, debamos hablar con claridad de servicios que no pueden o deben ser reformados o modificados sino que, simplemente, han de ser cerrados y sustituidos por otros diferentes. Quizá hay dispositivos y formatos que, por su planteamiento, por su  tamaño, por la homogeneidad de sus personas usuarias, por su funcionamiento o por otras razones, deban ser reemplazados por otros y quizás sea conveniente hacerlo visible, hacer comprensible y creíble para la ciudadanía que tenemos la voluntad y la estrategia para un cambio significativo y tangible del estado de las cosas. Parece difícil conseguirlo sin cerrar algunos centros o algunos tipos de centros y explicar y demostrar claramente por qué apoyos y servicios los reemplazamos.

3. En nuestro entorno, los sistemas públicos de salud suelen cuadruplicar en presupuesto a los sistemas públicos de servicios sociales. Fácilmente, hablando de personal con titulación similar, el sueldo en el sistema sanitario puede ser el doble que el que se recibe en los servicios sociales. Aun con todo, no hay por qué cuestionar que el sistema sanitario necesite más recursos pero si cabe pensar que no es sólo o fundamentalmente por cuestión de recursos que hayamos fallado como sistema a la hora de prever por donde venían las amenazas a nuestra salud. Por otro lado, está claro que, pese a que llevamos, al menos, cuarenta años hablando de cómo colaborar entre los servicios sanitarios y los servicios sociales, en la pandemia nos estamos entendiendo muy mal, con graves consecuencias. Quizá sea el momento, como en algunas parejas, de tomarnos un tiempo de separación y reflexión.

4. Por último, parece que en las situaciones de emergencia se trata de hacer, hacer y hacer. Sin embargo, posiblemente, en el mundo de la intervención social y los servicios sociales, esta pandemia nos ha atrapado en medio de una mudanza profunda en cuanto a la comprensión, instrumentación, articulación y realización de la propia intervención social y, en unas circunstancias de estas características, el aumento de los recursos o la inversión en procesos de carácter obsoleto puede resultar contraproducente. Seguramente, no nos queda más remedio que dedicar tiempo, a pesar de la emergencia o precisamente por ella, al estudio y la investigación para el prototipado y creación de nuevos programas y estructuras de intervención social; para la construcción, en el menor tiempo sea posible, de los nuevos servicios sociales que la situación que vivimos demanda.


  1. Al leer este tipo de propuestas me viene a la cabeza la que parece ser una idea bastante extendida: las personas pobres y vulneradas deben conformarse con lo que se les da, no tienen derecho a elegir y mucho menos a plantearse soluciones radicales. El problema es que incluso yo misma, que creo mantenerme alejada de ese esquema mental, me he descubierto inmersa en él al leer este post por primera vez, ya que he pensado: ¿cerrar centros? será mejor lo que hay que nada. Y no, eso no es verdad, entre otras cosas porque la alternativa no es “la nada”. Pensar y actuar desde lo deseable y no solo desde lo posible es la única posibilidad de acabar con lo que nos violenta. Gracias por esta entrada, y gracias por plantear siempre soluciones concretas.

  2. Al leer este tipo de propuestas me viene a la cabeza la que parece ser una idea bastante extendida: las personas pobres y vulneradas deben conformarse con lo que se les da, no tienen derecho a elegir y mucho menos a plantearse soluciones radicales. El problema es que incluso yo misma, que creo mantenerme alejada de ese esquema mental, me he descubierto inmersa en él al leer este post por primera vez, ya que he pensado: ¿cerrar centros? será mejor lo que hay que nada. Y no, eso no es verdad, entre otras cosas porque la alternativa no es “la nada”. Pensar y actuar desde lo deseable y no solo desde lo posible es la única posibilidad de acabar con lo que nos violenta. Gracias por esta entrada, y gracias por plantear siempre soluciones concretas.

  3. Creo, Fernando, que las dos primeras van, poco a poco, siendo asumidas por las/los profesionales. La tercera y cuarta, precisan, según las leo, un mayor desarrollo. Gracias de nuevo por tu “provocación/animación” a la reflexión.

  4. Un planteamiento acertado para abordar un problema de difícil solución. La sombra de la tradicional “beneficencia o asistencia social” planea sobre los servicios sociales actuales y, probablemente, es una de las rémoras más pesadas que soporta. Y es bastante probable que el enfoque de un cambio radical de dirección supusiera una gran mejora en el logro de objetivos. Sin embargo, no es fácil romper las inercias y hace falta mucho empuje y decisión para llegar a buen puerto. Enhorabuena por la entrada.

  5. Soy tremendamente escéptico y pesimista. Me temo que esta nueva crisis (continuación de las anteriores) volverá a desaprovecharse y en vez de afrontarse como una oportunidad de cambio estructural, no hará más que reforzar modelos ineficaces, ineficientes y alejados de la realidad a la que dicen dar respuesta. Más de lo mismo, eso sí, con más personal y con más dinero, consumiendo preciados recursos del conjunto de las políticas sociales. Una pena.

  6. Una entrada valiente y cuestionadora. Necesitamos un revulsivo: “… cada día está más justificado … que nos neguemos a aceptar el encargo de la garantía de subsistencia, máxime cuando el contexto parece determinar que ese trabajo sea cada vez más incompatible con la labor de intervención social”. Esto junto a la idea de diferenciar lo social de lo sanitario, o de lo laboral y atender personas con necesidades complejas desde nuestro saber. Buscando nuevos desarrollos, planteamientos y estrategias diferentes. En serio, intentamos hacer lo que sabemos, propongamos cambios en profundidad, de calado. Tenemos tarea.

  7. Una entrada valiente y cuestionadora. Necesitamos un revulsivo: “… cada día está más justificado … que nos neguemos a aceptar el encargo de la garantía de subsistencia, máxime cuando el contexto parece determinar que ese trabajo sea cada vez más incompatible con la labor de intervención social”. Esto junto a la idea de diferenciar lo social de lo sanitario, o de lo laboral y atender personas con necesidades complejas desde nuestro saber. Buscando nuevos desarrollos, planteamientos y estrategias diferentes. En serio, intentamos hacer lo que sabemos, propongamos cambios en profundidad, de calado

  8. una propuesta que merece la pena tener en cuenta, como siempre Fernando. sin embargo, creo que seria oportuno ver a dónde queremos que nos lleve. Es decir, qué queremos ser? Sin una visión clara de lo que son o deben ser los servicios sociales , los pasos a dar son difíciles de emprender. Ya sé que lo has dibujado a menudo, pero acompañar este texto con la visión final creo que nos ayudará a entender su sentido.
    Gracias una vez más por tu inquebrantable empeño en hacernos pensar!

  9. Leo el apartado sobre cerrar centros e inmediatamente pienso en los CRMF del IMSERSO.
    Tuvieron su razón de ser en el momento de su creación, pero en la actualidad ninguno de ellos cumple con sus objetivos.
    Cerrarlos y acondicionarlos para dar respuesta a necesidades concretas, sería una estupenda idea.

  10. Hola Sr. Fontova
    Interesante reflexión y mucho a reflexionar.
    En relación al punto al punto 3 ” suspender relaciones con los servicios sanitarios” no se bien a que quiere hacer referencia. Si la persona es un todo, los servicios hemos de ser capaces de atender las necesidades de ese todo y ponernos de acuerdo. ES NUESTRA OBLIGACIÓN hacia la ciudadania.
    Queria también matizar sus afirmaciones que, entiendo, como generales tienen excepciones: dudo que los profesionales trabajadores sociales del sistema de salud cobremos el doble que los del sistema de bienestar social, vaya estoy segura que no es así, como tampoco que en todos los lugares mantengamos mala relación, le podria hablar de municipos en que hay excelente relación/coordinación/integración entre los S.Sociales y los de Salud
    Cordialmente

Utzi erantzuna M. Antònia R.A.(r)i Utzi erantzuna

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