Garantizar la subsistencia en tiempos de emergencias

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Si algo parece caracterizar este tiempo de emergencias que estamos viviendo es la rapidez y aparente imprevisibilidad con la que van cayendo las fichas de dominó, una detrás de otra. De momentos en los que la atención sanitaria está en el centro del huracán pasamos a otros en los que la información se concentra en los cuidados proporcionados por los servicios sociales o, de pronto, empezamos a preocuparnos más por la subsistencia material de la población, es decir, su alimentación, vestido, suministros del hogar u otros.

En estos momentos, posiblemente, vemos más clara la importancia de contar con un modelo universal, integrado, flexible y mixto de garantía de subsistencia. Universal, porque cualquier persona puede ver deteriorarse, de forma imprevisible e inasumible, sus condiciones de subsistencia material. Integrado, porque es fundamental que los diferentes sistemas o mecanismos se articulen y complementen de manera que cubran todas las contingencias, sin lagunas ni duplicidades. Flexible, para poder activar, modular y modificar las respuestas con rapidez en circunstancias tan cambiantes. Mixto, porque no cabe desdeñar la contribución de ninguno de los agentes de interés.

Un modelo de garantía de subsistencia llama, en primer lugar, a la responsabilidad fundamental de las proveedoras (con independencia de su titularidad), mayor cuanto más poderosas son. Las grandes empresas o redes que manejan las cadenas alimentarias, la industria textil, el sector energético u otros similares tienen una responsabilidad con las personas destinatarias finales de sus productos y servicios, mayor en la medida en la que el acceso a ellos está determinado por aspectos estructurales que no están al alcance dela mayoría de los individuos. No estamos hablando, necesariamente, de la nacionalización de estas empresas ni de la gratuidad de aquello que nos proporcionan sino de que las proveedoras han de presentar y ejecutar, bajo regulación y control públicos, una propuesta creíble, eficaz, eficiente y sostenible que demuestre que, por encima de la rentabilidad económica para sus accionistas, ponen el acceso de toda la población a determinados bienes y servicios de primera necesidad, cuidando, especialmente, los primeros y últimos eslabones de las cadenas, como es el caso, por ejemplo, de las productoras y comercios de proximidad.

Los poderes y administraciones públicas son, sin duda, fundamentales en la garantía de subsistencia. En nuestro país el buque insignia al respecto lo constituye la Seguridad Social, especialmente con sus pensiones contributivas. Por ello, la propuesta de un Ingreso Mínimo Vital, como una nueva prestación no contributiva de la Seguridad Social, de cierre (complementado con las rentas mínimas o garantizadas autonómicas), tiene mucho interés, en una línea de universalización e integración de la política de garantía de ingresos, en perspectiva europea. Los cambios sociales y tecnológicos (especialmente con la progresiva desaparición del dinero en metálico) apuntarían en la línea de una creciente interoperabilidad, básicamente, entre la Seguridad Social (incluyendo Empleo), las Haciendas y el sistema bancario y monetario. Ello nos llevaría a un escenario de simplificación de la asignación y el control de los recursos económicos (fundamentalmente en función de su carencia relativa), superando la actual situación en la que crecen la fragmentación, los costes de transacción y los riesgos morales (fundamentalmente de insuficiencia, inadecuación, inequidad, estigmatización y discriminación). Especialmente en la parte de la garantía de subsistencia que corresponde al sistema público de servicios sociales, que debería ir siendo relevado de esa función (para dedicarse sólo al cuidado, apoyo e intervención social).

Por último, las redes familiares y comunitarias, las unidades de convivencia y los vecindarios, las iniciativas solidarias y colaborativas tienen también un papel importante ante este impresionante desafío. Su capital de reciprocidad, capilaridad, confianza, compromiso y proximidad ha de ser potenciado por todas las instancias, en clave de innovación social. No tanto para hacer lo mismo que los otros agentes como para generar dinámicas en las que las personas que tienen alguna necesidad de subsistencia sin cubrir y otras personas cercanas pueden empoderarse e implicarse conjuntamente: en la respuesta, comunitaria y local, solidaria y colaborativa (con bancos de tiempo, monedas sociales, mercados de trueque u otras iniciativas), a dichas necesidades y en la denuncia reivindicativa de las estructuras y actuaciones injustas que impiden su satisfacción adecuada y sostenible.


  1. Muy claro y lúcido. Ojalá esta pandemia ayude a poner en marcha en Salario Mínimo Vital que ya veníamos reclamando hace años. Seria un gran paso para reconstruir la cohesión social.

  2. Que frase más importante: “garantía de subsistencia que corresponde al sistema público de servicios sociales, que debería ir siendo relevado de esa función (para dedicarse sólo al cuidado, apoyo e intervención social).” No termino de ver que en la profesión lo tengamos claro, tampoco en la academia donde aprecio cierta “sociologización” de las profesiones sociales, descuidando la intervención social que, en mi opinión, es lo importante y la gestión de recursos puede servir como soporte o incluso inicio al cubrir necesidades de subsistencia. Está crisis ha puesto de manifiesto la necesidad de aclarar nuestro objeto y desde ahí las prioridades que podemos atender con los recursos que tenemos disponibles.

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