Trasladarse temporalmente desde el centro residencial a un domicilio particular, una alternativa ante el Covid-19

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Posiblemente, una característica de la emergencia que estamos viviendo en el mundo en las últimas semanas es su carácter novedoso y vertiginoso. La experiencia nos resulta enormemente nueva, los acontecimientos se suceden con gran rapidez y, frecuentemente, pensamos en una solución cuando ya es tarde para implementarla.

En España, por ejemplo, el decreto aprobado por el Gobierno el 14 de marzo, mediante el cual declara el estado de alarma contiene una relación de los servicios que deben seguir funcionando abiertos al público, mencionando inicialmente, por ejemplo, las peluquerías. En cambio, no hace, sorprendentemente, ninguna referencia, en ningún sentido, a los servicios sociales.

Sin embargo, seis días después, cuando las residencias para personas mayores ocupan todas las primeras planas de los periódicos debido a la cantidad de personas que enferman y mueren en ellas, el Gobierno acuerda declarar los servicios sociales como “servicios esenciales” y, en general, los servicios sociales de carácter residencial son rápidamente puestos bajo los focos para diferentes estrategias de intervención. Por ejemplo, en la prensa del 24 de marzo se informa de que el ejército ha entrado en más de 300 residencias de personas mayores para labores de desinfección.

Para enfocar adecuadamente esta situación, hay que entender que la atención social de carácter residencial (es decir, los servicios sociales que, además de los cuidados y apoyos característicos de los servicios sociales, proporcionan, también, alojamiento a las personas) debe ser vista como una más de las modalidades de atención que ofrecen los servicios sociales, junto a otras como la telemática, la domiciliaria, la ambulatoria, la diurna o la que se realiza en el espacio público.

En función del diagnóstico profesional y de las preferencias de la persona, puede estar indicado para una persona un servicio de carácter residencial, pero ello no quiere decir que esta persona no pueda, en otro momento, volver a su casa o trasladarse a otro domicilio particular y recibir cuidados y apoyos en cualquiera de las otras modalidades mencionadas.

La experiencia que estamos viviendo en España hace pensar que no resulta particularmente fácil manejar una situación de emergencia sanitaria, distancia social y confinamiento domiciliario en los centros residenciales, especialmente si un número importante de personas en situación de dependencia funcional vive en ellos.

En ese contexto, una de las medidas que ha de considerarse y potenciarse es que las personas usuarias de los servicios sociales residenciales se trasladen temporalmente a sus domicilios particulares o a domicilios de familiares u otras personas que tengan capacidad y disponibilidad para acogerlas. Ello puede ser coyunturalmente más fácil en la medida en que muchas personas pasan muchas más horas en sus domicilios mientras dure el confinamiento y la emergencia y pueden tener, coyunturalmente, mayor disposición para acompañar y atender a las personas que salen temporalmente de las residencias.

Lógicamente, para que esta medida funcione, la persona debe poder contar con los necesarios apoyos por parte del sistema público de servicios sociales y con un entorno amigable que garanticen en el domicilio particular una calidad de vida igual o mejor que la que tenía cuando estaba ingresada en el centro residencial. Obviamente, es necesario comprobar que ni la persona que sale de la residencia ni aquellas que la acogen están infectadas.

Esta medida, a la vez, contribuye a descongestionar los servicios residenciales y facilita una mejor atención para las personas que no pueden o, sencillamente, no quieren abandonar temporalmente la residencia, ya que dejan más espacio físico y personal profesional a disposición de estas personas que permanecen en el centro residencial.

Posiblemente, en este momento, en España, muchas personas se están arrepintiendo de no haber tomado esta medida (entre otras) cuando todavía estaban a tiempo. Otras, afortunadamente, lo están haciendo en estos días.

(Versión en castellano de la entrada en inglés, preparada para la web LTC responses to Covid-19 de la International Long Term Care Policy Network, que contiene enlaces a artículos de prensa en castellano.)


  1. Totalmente de acuerdo con el post ( como casi siempre !!!!) pero tenemos que garantizar que a las personas se les reserve la plaza y debemos saber quien pagará el copago . Nuestros servicios sociales son rígidos y no los tenemos adaptados a situacions de flexibilidad . Es uno de les aprendizajes que podremos tener después de esta crisi.

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