Cartografiando la ayuda en la emergencia

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En la emergencia muchas personas (servidoras públicas, vecinas, familiares, voluntarias, profesionales, ciudadanas) queremos ayudar y conversamos sobre cómo hacerlo, a quién ayudar, con quién hacerlo, en qué ayudar, cuánto hacerlo.

Podríamos decir que la emergencia tensiona, muestra y, a veces, destruye los mecanismos y procesos mediante los cuales solemos dar respuesta a nuestras necesidades. Mecanismos y procesos que, muchas veces, habíamos naturalizado, que dábamos por supuestos y de los que no éramos conscientes. Mecanismos y procesos como comprar ropa con dinero sacado de un cajero, como ejercer el derecho a recibir cuidados de enfermería públicos y gratuitos, como sentirse bien tras abrazar a alguien que encontramos por la calle, como que una compañera del banco del tiempo del barrio nos eche una mano con un programa informático.

En la emergencia estamos organizando comunitariamente procesos y mecanismos de ayuda mutua en los barrios. Nos basamos en el conocimiento recíproco y en la confianza que nace de la proximidad física y moral. Nos valemos de saberes construidos en el activismo y nos beneficia la diversidad de hornadas generacionales a las que pertenecemos (desde el ácrata sesentón a la maker veinteañera). Y hacemos el esfuerzo de delimitar en qué podemos ayudar: en actividades sencillas de la vida diaria en las que algunas personas, familias o unidades de convivencia no pueden arreglarse en este momento especial.

Los servicios públicos y las actividades profesionales se preguntan en qué medida son imprescindibles o no, en qué medida pueden parar o deben seguir. Y, en todo caso, cómo se deben adaptar o reconfigurar. Descubrimos más interdependencia y complejidad en las cadenas de valor de las que veíamos al principio. De aplaudir al personal sanitario pasamos a vitorear al del supermercado. De no mencionar los servicios sociales al decretar la alarma, a declararlos como esenciales. Comprendemos mejor la necesidad de la especialización para cada fin (se contrata más personal sanitario cualificado) y la contribución de otros ramos de actividad para fines diferentes a los suyos propios (la policía de tráfico que impide pasar a la persona que se quiere ir de puente a su segunda residencia).

En la emergencia miramos con nueva luz las ayudas económicas (sean públicas o no). En la medida en que siga habiendo provisión de bienes y capacidad funcional de acceder a ellos, la ayuda económica puede ser muy interesante y eficiente. Sin embargo, en otras ocasiones, se nos hace más evidente algo que ya sabíamos: que contar con recursos económicos no es suficiente (y que a veces no es necesario e incluso puede ser contraproducente). Y pensamos sobre el tiempo dedicado a racionar ayudas públicas en dinero, como si el dinero fuera una simple y firme representación del valor, cuando las autoridades políticas y agentes con poder económico parecen poder estirarlo y encogerlo de formas inéditas, cuando interesa.

En fin, hablando de ayuda, en todo caso, quizá sea sano acabar con un poco de irónica autocrítica de nuestras ganas, medida, capacidad y legitimidad de ayudar, recordando a Facundo Cabral, que contaba que, en una ocasión, presentó a su madre a un presidente de su país, que, más o menos, le dijo: “qué gusto conocerla, Sara, ¿en qué la puedo ayudar?” A lo que ella respondió: “con que no me joda es suficiente”.

(En la fotografía, un comercio del barrio de San Francisco, Bilbao, con carteles ofreciendo cauces de ayuda vecinal.)


  1. Gracias por tus apreciaciones Fernando, indudablemente este momento tan paradigmático nos interpela sobre todos los aspectos, y la ayuda solidaria y el voluntariado son uno de ellos. Ayer falleció Marco Marchioni, referente esencial del Trabajo Social Comunitario en España. El nos dejó una amplia fuente de conocimientos sobre el trabajo en redes que sería imprescindible rescatar cuando pase este Tsunami Sanitario. A propósito de ello se me ocurría pensar que son las grandes emergencias las que hacen surgir las solidaridades, cuando ellas debieran formar parte del día a día de nuestros barrios. Antes de que comenzara esta situación no hacíamos más que hablar sobre la soledad de las personas mayores… hoy el foco está en hacerlas el centro de nuestra solidaridad.
    Al leer la tan bien traída anécdota de la madre de Facundo Cabral pensaba que esta emergencia es ante todo SANITARIA por lo que es imprescindible que recordemos que para ayudar de manera directa hay que cumplir los protocolos que garanticen que no somos vectores de posible contagio,
    Gracias Fernando, unas palabras para la reflexión que se agradecen en tiempos de aislamiento. Un abrazo virtual.

    • Gracias enormes a ti, querida Clarisa. En estos días se echan mucho de menos los cálidos abrazos y encuentros, como los que hemos compartido con nuestro común amigo Marco. Me atrevo a decir que en las actuales circunstancias se percibe, por ejemplo, el acierto de los focos de trabajo que vais impulsando en la Fundación Pilares y, ya que hablamos de Marco, vuestro y tu siempre presente enfoque comunitario. Y muy oportuno el recordatorio de que sigamos las indicaciones del sistema de salud. ¡Gran abrazo!

      • Ya sabes, “esto también pasará” y nos reencontraremos luchando porque esta experiencia nos deje un caudal de aprendizajes para mejorar la calidad de vida de las personas. Cuídate!!!

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