Los servicios sociales ante la emergencia general

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Cabe hablar de emergencia general cuando, con independencia de la naturaleza del problema identificado como origen o causa de la situación excepcional (sanitario, por ejemplo), la disrupción del curso normal de la vida (a menor o mayor escala, más local o más global) llega a afectar al resto de esferas o ámbitos de satisfacción de las necesidades de las personas (como transporte, alimentación, alojamiento, actividad cultural, seguridad, uso del espacio público, administración de justicia, ambiente, telecomunicaciones u otras).

¿Cuál sería, en ese contexto, el papel de los servicios sociales?

Es sabido que nuestros servicios sociales públicos tienen encomendados algunos trámites administrativos de ayudas económicas para necesidades de subsistencia que constituyen, en todo caso, una pequeña parte del monto total que aportan las instituciones públicas para ese fin. Sin embargo, obviamente, en una emergencia general, no es principalmente para esos trámites para los que se necesita a los servicios sociales (trámites para los que resultan más eficientes, de cualquier modo, la Seguridad Social, las haciendas u otras estructuras), sino fundamentalmente para sus cometidos específicos, propios e intransferibles, es decir, para los cuidados, apoyos e intervenciones que tienen que ver con el riesgo o situación de afectación o limitación de la autonomía funcional o decisional de las personas o de los vínculos o apoyos familiares o comunitarios con los que cuentan en su vida diaria o cotidiana.

Lógicamente, en la emergencia general, la primera y principal responsabilidad de los servicios sociales la constituyen ese pequeño porcentaje de personas que, en el momento de la emergencia, estén ingresadas (estén viviendo) en sus servicios residenciales (con independencia de que deban o puedan seguir en ellos), dado que son las usuarias de los servicios sociales que en mayor medida dependen de éstos. También tendrían prioridad otras personas en condiciones de especial vulnerabilidad (como algunas que viven en la calle) que tengan como referencia principal el sistema de servicios sociales para su atención y seguimiento (o cuya protección o atención les esté encomendada legal, judicial o administrativamente).

Sin embargo, parece fundamental que esa atención prioritaria a los mencionados colectivos y en los citados servicios, no conlleve una significativa pérdida de tensión hacia el resto de perfiles y de modalidades de apoyo. Los servicios sociales telemáticos, domiciliarios, de medio abierto, ambulatorios y diurnos forman una red esencial para la sostenibilidad y la calidad de la vida de muchas personas en sus casas, vecindarios, barrios y pueblos. Personas con diferentes grados de fragilidad, afectación o limitación funcional o relacional que, si no están en el radar de la prevención, seguimiento, atención y acompañamiento de los servicios sociales, pueden ver rápidamente agravada su situación. Los servicios sociales están llamados a estar a disposición de toda la población y esto debe seguir siendo así, sin desdoro de la lógica prioridad hacia la mayor vulnerabilidad, también en las situaciones de emergencia. En ocasiones, una breve llamada telefónica (“¿cómo se encuentra?”) puede marcar la diferencia.

Además, si algo se pone a prueba en una emergencia general es la conectividad y capacidad de funcionamiento en red de los dispositivos y sistemas de cualquier tipo. En el caso de los servicios sociales, posiblemente, sea fundamental su integración horizontal en el territorio con otros servicios de bienestar (como los de salud) y su capacidad de identificación, activación y sostenimiento de capacidades familiares, vecinales, comunitarias y solidarias de proximidad, de modo que se produzca un efecto multiplicador de la protección entre la intervención social profesional y esas dinámicas naturales o espontaneas de ayuda mutua y autoorganización cívica que surgen en la población.


  1. Al hilo de la entrada, una de los debates que emergen es si somos un sistema subsidiario o imprescindible. El primero encierra un carácter de prescindibilidad. Por ejemplo, algunos servicios domiciliarios han suspendido la atención o, en el mejor de los casos la hemos disminuido, devolviendo las familias la responsabilidad en el cuidado. Esto refuerza la primera aseveración con el riesgo de recortes en el servicio cuando lleguen las épocas difíciles. En fin, es una autocrítica que quería compartir y que estamos trabajando en el equipo del que formo parte.
    Gracias por la reflexión

  2. Sin duda nos encontramos ante una situación de emergencia que, afectando a la población en su conjunto, perjudica sobremanera a las capas menos favorecidas de la sociedad y todos aquellos que por una u otra razón son demandantes de ayuda de los servicios sociales. Los profesionales de este ámbito, al igual que los del sanitario, van a tener que redoblar sus esfuerzos para atender lo mejor posible sus necesidades de ayuda.

  3. Sin duda nos encontramos ante una situación de emergencia que, afectando a la población en su conjunto, perjudica sobremanera a las capas menos favorecidas de la sociedad y todos aquellos que por una u otra razón son demandantes de ayuda de los servicios sociales. Los profesionales de este ámbito, al igual que los del sanitario, van a tener que redoblar sus esfuerzos para atender lo mejor posible sus necesidades de ayuda.

  4. Me interesa especialmente pensar en el efecto multiplicador de la protección con las dinámicas sociales naturales. Y me surgen algunas preguntas: los servicios sociales conocen y reconocen suficientemente tales dinámicas? Si llega a hacerlo se relaciona con ellas desde un plano horizontal reconociendo sus cualidades y no solo sus limitaciones?
    Estos días vemos multitud de iniciativas comunitarias de apoyo al mundo sanitario (elaboración de mascarillas y viseras, recogida de material informático…). Cada vez más creo en la necesidad de unos servicios sociales que reconocen y se implican en la comunidad, siendo así reconocidos por ella. Servicios motores de ese efecto multiplicador que mencionas. Para ello es necesario lo de siempre: delimitar su objeto, liberar agendas para lo comunitario… Corremos el riesgo de involucionar en lo avanzado en este sentido para atender la gran precariedad que dejará la pandemia. Recuerdo perfectamente el desbordamiento por la crisis del 2008, espero que hayamos aprendido algo de ese momento!

  5. Desde un confinamiento informativamente activo lamento la invisibilidad de lo que nos ha gustado denominar servicios sociales. Se veía venir. Muy poca gente nos identifica como profesionales esenciales en los espacios en los que hemos desarrollado nuestra tarea laboral. Quizá nuestro momento venga después, una vez superada la crisis sanitaria; espero que no asumamos, una vez más. la función de tramitadores y fiscalización administrativa sin apenas dedicación a la intervención. En este sentido, Fernando, la reflexión en la que avanzas desde hace meses/años cuál es la de recuperar, reconstruir, reorientar y revalorar el papel de la comunidad en el cuidado, autonomía y audeterminación de las personas, me temo que no es lo que tienen pensado para nuestro gremio. Finalmente, creo que, cuando sea el momento oportuno, deberíamos como profesionales de los servicios sociales auto organizar un Congreso (o cómo quiera llamarse) de Reconstrucción Social en el que quede claro cuál es el mejor valor añadido que socialmente podemos aportar los servicios sociales.

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