Una hipótesis sobre el tercer sector de acción social en el País Vasco

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El reciente barómetro sobre la realidad del tercer sector de acción social del País Vasco pone de manifiesto la envergadura de este fenómeno, del que forman parte 3.938 organizaciones, en las que trabajan de forma remunerada 38.525 personas, mientras que 158.599 lo hacen de manera voluntaria. Este conjunto de entidades gestiona 1.736 millones de euros, lo que viene a representar un 2,3% del Producto Interior Bruto vasco.

Son muchos los aspectos que se pueden comentar sobre las tendencias que se observan en nuestro tercer sector de acción social, pero aquí interesa hoy esbozar una hipótesis a partir de datos como el de que el 20 % de las organizaciones tiene menos de 5 años y, entre estas organizaciones nuevas, predominan las pequeñas de carácter cívico, transversal y comunitario de defensa de derechos, mientras que baja el porcentaje de las incardinadas en la prestación de servicios sociales, entre otras.

La hipótesis que esbozaríamos sería la de puede existir un núcleo duro de organizaciones maduras prestadoras de servicios sociales de responsabilidad (o, al menos, financiación) pública no especialmente permeables o sensibles a problemas emergentes (lo cual provocaría el surgimiento de nuevas y pequeñas entidades preocupadas por ellos) y protegido y encerrado por importantes barreras de entrada a los mecanismos de financiación y, en general, de relación con las Administraciones públicas, que dificultarían el acceso de nuevas organizaciones (y preocupaciones) a ese núcleo de entidades más fuertes, percibiéndose lógicas más competitivas que colaborativas.

Si, tomando como indicador el escaso desarrollo y aplicación de la Ley de Servicios Sociales del País Vasco, pudiéramos describir el estado de las Administraciones públicas vascas en materia de servicios sociales como de crisis y parálisis y de falta de aliento estratégico, nos encontraríamos con dos actores (el sector público y el tercer sector de acción social) que se retroalimentan entre sí pero que, posiblemente, llevarían tiempo perdiendo sensibilidad y apertura hacia cambios sociales y tendencias emergentes. A esa situación, se uniría, la baja capacidad del sector para acceder a financiación para investigación, desarrollo e innovación, de la que puede ser expresión el hecho de que menos de un 5% de las entidades (y descendiendo) accede a fondos europeos.

Aunque intenta apoyarse en datos, este análisis no pasa, en todo caso, de ser una conjetura que se somete a contraste y debate y que, de todos modos, sólo se refiere a unos determinados aspectos parciales de la situación del tercer sector de acción social vasco, entre los muchos, muchos de ellos positivos, sin duda, que podrían merecer atención.

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