(Español) ¿Hacia el colapso relacional?

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Hay necesidades de las personas cuya satisfacción depende, fundamentalmente, de las condiciones medioambientales del entorno en el que se desenvuelven. Otras, más bien, de las instituciones públicas que puedan regir sus vidas o de la actividad económica en la que tengan ocasión de participar. Hay otras necesidades, en cambio, cuya posibilidad de respuesta viene mediada, principalmente, por las relaciones primarias de carácter familiar o comunitario en las que las personas están inmersas.

Entre estas últimas, cabe citar, junto a otras, las necesidades de cuidado. No se quiere decir, en absoluto, que éstas no requieran el concurso de otros agentes, sino que, en primera instancia, las limitaciones funcionales de cualquier criatura recién nacida, de una persona adulta que adquiere una discapacidad temporal o permanente o de quien envejece y llega a una situación de dependencia funcional (por poner tres ejemplos) llaman, usualmente, en primera instancia, al compromiso de las personas (progenitores, hermanas, hijos, amigas, vecinos u otras) con las que las personas mantienen unas relaciones afectivas y significativas de reciprocidad.

En este momento histórico, en nuestro entorno, son varios los procesos en curso que están transformando de manera importante nuestra trama relacional familiar y comunitaria y que podrían conducir en no muchos años a situaciones, más localizadas o más generalizadas, de colapso relacional, es decir, de grave dificultad para que dichas redes convivenciales primarias puedan cumplir, mínimamente, las funciones que se esperan de ellas. Se trata de fenómenos como:

  • El incremento del número de años que las personas vivimos con discapacidad y, específicamente, con mayores grados de dependencia funcional (se calcula, por ejemplo, que para 2050 se habrá duplicado el número personas con demencia).
  • La llegada a edades en las que es más probable la discapacidad y la dependencia (de cada 10 personas en situación de dependencia funcional, 7 tienen 65 años o más) de las generaciones del baby boom, comparativamente más numerosas que las generaciones más jóvenes (en las décadas del baby boom hubo en España por encima de 650.000 nacimientos anuales; en las siguientes, por debajo de 500.000).
  • El aumento de hogares unipersonales (el 25% ya en el País Vasco).
  • El incremento de la actividad laboral de las mujeres (en 25 años ha subido 15 puntos porcentuales en Euskadi) sin un aumento correlativo de la participación en el trabajo de cuidado de los hombres (sólo el 15% del cuidado de personas en situación de dependencia realizado por familiares de 40 a 65 años es desempeñado por varones en España).
  • La verticalización de las estructuras familiares, con disminución de vínculos intrageneracionales y dispersión de los intergeneracionales (en los últimos 20 años se ha pasado en España de una ratio de 15 a una ratio de 9 personas que potencialmente podrían implicarse en el cuidado de cada persona mayor en situación de dependencia con la que  tuvieran un vínculo, en una tendencia que se acelera).
  • El aumento de la movilidad geográfica de las personas (los contratos laborales que implicaban trasladarse de provincia superaron los 3 millones por primera vez en España en 2018).

Esta amenaza de “tormenta perfecta“, sin duda, llama a fortalecer el papel de otros agentes (y, singularmente, de los poderes públicos) en la provisión de cuidados y otros apoyos que anteriormente recibíamos en el seno afectivo de las relaciones primarias (todavía un 80% del cuidado de personas en situación de dependencia funcional en nuestro país es cuidado familiar). Sin embargo, en no menor medida, y de forma más estratégica, llama, posiblemente, a políticas públicas y estrategias sociales mucho más proactivas y ambiciosas para proteger, fortalecer y regenerar dicha trama de relaciones familiares y comunitarias en nuevos contextos sociales, culturales, morales y (quizá en primer, más que en último lugar) tecnológicos.

Y no sólo estamos hablando de los cuidados, ya que, por referirnos a otro aspecto de la vida especialmente mediado por las relaciones primarias, cerca de la mitad de la población española está en riesgo de aislamiento social o se siente sola. Con frecuencia, oímos hablar del riesgo de colapso ambiental, de colapso financiero u otros. En la medida en que se intensifiquen las tensiones derivadas de las tendencias mencionadas, posiblemente, cada vez hayamos de prestar más atención al riesgo de colapso relacional.

(Con datos de: Fundación FOESSA, Fundación la Caixa, INE, Envejecimiento en Red, Servicio Púbico de Empleo Estatal del Gobierno de España, Eustat, Órgano Estadístico del Departamento de Empleo y Políticas Sociales del Gobierno Vasco, OMS y otras).


  1. …Colapso relacional…..término que retrata la situación intra e intergeneracional,en mayor o en menor medida según en la parte del mundo en el que vivas y la región del mismo,aún dentro de un mismo país.Corresponderá a las Políticas del Estado,poner atención a esos aspectos,conciliados con las estadísticas actualizadas del respectivo país.¡¡Como siempre un aporte que ide Fernando Fantovas,que ilumina el análisis !!

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