¿Qué es hacer consultoría?

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En los diferentes ámbitos de actividad (como sanidad, restauración, movilidad, servicios sociales, telecomunicaciones, seguridad u otros) o en áreas instrumentales (como gobierno, gestión, relaciones humanas, administración, contabilidad u otras) o en distintas partes de ellas o intersecciones entre ellas (o en otros asuntos) operan organizaciones que se ocupan de diferentes eslabones de las cadenas de valor. Teorías económicas, empresariales o de las organizaciones intentan explicarnos cuándo es más eficiente configurarse como organización y cuándo lo es desagregarse o fragmentarse.

Frecuentemente, las personas u organizaciones que se dedican a la consultoría fueron anteriormente parte de esas organizaciones sectoriales, instrumentales u otras de las que hemos hablado. En un momento dado, quizá, vieron la oportunidad de (o se vieron forzadas a) dejar de hacer lo que hacían dentro de las organizaciones para pasar a ser proveedoras externas de ellas. Provisión externa que, para ser denominada consultoría, parece que debe ser altamente intangible y basada en el conocimiento.

La consultora, podríamos decir, pedalea durante un trecho con la organización cliente o destinataria y le asesora o ayuda para realizar labores de planificación, diseño, evaluación, aprendizaje o similares. Pareciera que es connatural a la consultoría esta dimensión temporal y finita de la colaboración y, quizás, la voluntad de que la organización cliente o destinataria se apropie en alguna medida del saber del que era portador el consultor.

Ahora bien, del mismo modo que la organización se apropia, deseablemente, de saberes (contenidos, prácticas, técnicas, instrumentos, tecnologías, estrategias, valores u otros) que obraban en poder del consultor, la persona u organización que hace consultoría también aprende en el proceso. De hecho, para la consultora, seguramente, su trabajo es la principal fuente de aprendizaje y, por tanto, de desarrollo sostenible de su actividad.

Sin embargo, posiblemente, quién hace consultoría no debiera conformarse con el aprendizaje que proviene de la práctica y debiera adquirir, sostener, cumplir y evidenciar un compromiso con la participación en una comunidad de conocimiento más amplia y, singularmente, con una labor de contrabando fronterizo entre el mundo de las organizaciones destinatarias de su trabajo (en las que se toman las decisiones y se realizan las operaciones que desembocan en las personas destinatarias) y unas determinadas personas y organizaciones (académicas, de investigación o similares) más bien generadoras de conocimiento. Ante aquellas, la consultora aparece como conocedora del estado del arte. Ante estas, como transmisora del pulso de la práctica de las decisiones y actuaciones en la vida real.

La consultoría se legitima por su función social en el seno de comunidades de práctica y conocimiento, en la medida en que añade valor a los saberes eficaces existentes en dichas comunidades y en sus organizaciones y personas. Su compromiso ético y su competencia profesional hacen que contribuya a la autonomía y conexión de los agentes con los que se relaciona y al incremento del valor social agregado de los sistemas, comunidades y redes en las que participa.

(Notas a partir de una conversación con Clàudia Manyá, en el marco del grupo de trabajo compartido con Guiomar Vargas, Elena Masanas y Marta Ballester.)


  1. Consultoría, puede ser un paso lógico cuando te interesa el conocimiento que se adquiere equilibrando teoría y práctica. Quizá un paso intermedio sea compartir parte del conocimiento mediante la formación. Esto exige darle forma para poder compartirlo.
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