Vecindarios habitables para la autonomía en convivencia: ¿adiós a los servicios sociales?

cerdá

A la hora de diseñar, implementar y evaluar las políticas de bienestar es imprescindible identificar el bien que debe proteger y promover cada ámbito sectorial (la salud en el caso de la sanidad, el conocimiento en el de la educación, el alojamiento en el de la vivienda y así sucesivamente). Sin embargo, no cabe desconocer el impacto que cada rama especializada puede desencadenar en las necesidades que son, en principio, objeto de otras. Así, por ejemplo, Richard Sennett, en Construir y habitar, identifica momentos de la historia en las que determinados problemas de salud fueron mejor afrontados por el urbanismo que por la propia medicina.

Ciertamente, cabe abogar (ver Diseño de políticas sociales) por unos servicios sociales dedicados a la protección y promoción de la interacción (entendida como autonomía para las decisiones y actividades de la vida diaria y cotidiana en el seno de relaciones primarias de carácter familiar y, en general, comunitario). No obstante, las políticas e intervenciones urbanísticas y habitacionales pueden ganar por la mano a los servicios sociales en el apoyo a la autonomía de las personas en el marco de relaciones de convivencia, facilitadas por viviendas, barrios, comunidades y territorios adecuadamente diseñados, construidos, comunicados, dotados y regulados.

Del mismo modo que los aguadores fueron desplazados cuando el conocimiento y la tecnología hicieron posible que el líquido que transportaban en vasijas llegara por tuberías a los grifos de las viviendas, la propuesta de los servicios sociales, centrada en la atención presencial de personal de baja cualificación (sea en centros residenciales o diurnos o en los domicilios realmente existentes), se ve retada, como vemos en varios estudios publicados por la Fundación Pilares o en Neighbourhoods of the future, de Agile Ageing, por un enfoque basado en el codiseño de soluciones habitacionales flexibles y facilitadoras de los cuidados comunitarios, en vecindarios de alta accesibilidad, densidad, diversidad, sostenibilidad y equidad (amigables, inteligentes y compasivos), dotados de tecnologías avanzadas de control, apoyo, movilidad, comunicación y decisión.

Amaia Pérez Orozco, en Subversión feminista de la economía, muestra nuestros cuerpos vulnerables, interdependientes y ecodependientes, en medio de una encarnizada batalla entre el capital y la vida. No parece claro que vayamos a lograr que las políticas públicas se pongan eficazmente del lado de la vida y todavía es más difícil saber cuáles puedan ser los pilares de un futuro sistema de bienestar. Si los servicios sociales persisten en ser básicamente administración de dinero y asistencia física de último recurso, poco futuro cabe augurarles. Ojalá, por el contrario, el desarrollo de las políticas urbanísticas y de vivienda y el de los servicios sociales puedan ir de la mano, dentro de estrategias de innovación y desarrollo comunitario y territorial, para facilitar la vida, empoderamiento, convivencia, igualdad y felicidad de todas las personas.

(La fotografía, tomada de La Vanguardia, corresponde a La Carbonería, primer edificio del Eixample de Barcelona diseñado por Ildefons Cerdá, figura de primera magnitud en la historia del urbanismo.)

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

CAPTCHA image
*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

WP-SpamFree by Pole Position Marketing