Transformación estratégica de los sistemas de servicios sociales

luna 2

Los sistemas de servicios sociales, como cualquier sistema, tienen un funcionamiento ordinario e inercial, que, utilizando los recursos disponibles, desencadena una serie de efectos en sus personas destinatarias y entornos. Mediante dicho funcionamiento regular, los sistemas pueden mejorar su funcionamiento o pueden deteriorarse, llegando a colapsarse, fragmentarse o destruirse. Los subsistemas políticos o de gobierno de los sistemas de servicios sociales (no solos) tienen como principal función la reflexión, evaluación, planificación y actuación estratégica para la transformación cualitativa y estructural de los sistemas, de modo que se conjuren esos riesgos y los sistemas puedan configurarse de modo cada vez más idóneo, eficaz, eficiente y pertinente.

Sea como fuere, en los procesos de gobernanza, gestión y actuación estratégica no siempre resulta fácil identificar las relaciones causa-efecto. No siempre resulta fácil escoger unas u otras entre herramientas como las de la regulación normativa, la de la inversión en cobertura o abaratamiento de los servicios existentes, la de la apuesta por la innovación, la de la gestión de recursos humanos, la de la gobernanza multinivel y participativa u otras. Y no siempre resulta evidente en qué subsistema o entorno tendrá consecuencias, en cada momento, la elección y utilización de una u otra de esas herramientas: qué impacto tendrán, por ejemplo, en el posicionamiento ante la ciudadanía, en la satisfacción de las personas usuarias, en la implicación del personal, en el gancho electoral, en el ahorro de costes, en la consecución de recursos, en la mejora de la calidad de la atención y así sucesivamente.

En estos momentos los subsistemas políticos de los sistemas de servicios sociales, posiblemente, deben identificar que la respuesta a los retos que tienen delante los sistemas de servicios sociales depende más bien de los subsistemas de conocimiento y concretamente de las disciplinas científicas (o de base o vocación científica) directamente relacionadas con las profesiones más presentes en los servicios sociales. Disciplinas que, lamentablemente, están muy de espaldas unas a otras, en las que hay un notable divorcio entre la academia y las organizaciones en las que sucede la intervención social y que presentan una dinámica pobre de investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación en las prácticas de intervención social. El subsistema de gobierno debe, seguramente, utilizar regulaciones, recursos e interlocución para dinamizar el subsistema de conocimiento y, específicamente, la colaboración entre agentes portadores de los diferentes tipos de conocimiento: ético, científico, tecnológico y práctico. Es como el subsistema político que decidió mandar una persona a la Luna, que no tenía el conocimiento y la tecnología disponible para hacerlo y tuvo que impulsar su creación.

En realidad sabemos que, posiblemente, serán los subsistemas profesionales los que empujarán y orientarán a los subsistemas políticos. Para ello han de apoyarse en una buena organización y gestión, en procesos de integración vertical y horizontal digitalizada de los sistemas de servicios sociales y en procesos de diferenciación, visibilización y potenciación de las actividades de mayor valor añadido propio y específico de los servicios sociales, que contribuyan (junto con una buena gestión de la información, las relaciones y el posicionamiento) a que más segmentos (también generacionales) de la ciudadanía aprecien los servicios sociales por su contribución a la promoción y protección de la interacción de todas las personas, es decir, de su autonomía funcional y autodeterminación para la vida diaria en relaciones familiares y comunitarias. Dicho de otra forma: en su intervención y gestión cotidianas, las personas con responsabilidades técnicas y de gestión en las administraciones públicas y el tercer sector de los servicios sociales deben hacer creíble ante el subsistema político que construir los nuevos servicios sociales para la sostenibilidad autónoma y relacional de la vida en el territorio es una misión tan factible, importante y exigente, precisamente, como fue la de mandar una persona a la Luna.

(A partir de trabajos de la semana pasada con el Gobierno de Navarra, Podemos, el Gobierno de Cantabria, el Partido Socialista de Euskadi-Euskadiko Ezkerra, Servicios Sociales Integrados, Dincat, el Seminario de Intervención y Políticas Sociales, la Universidad del País Vasco, el Instituto Diocesano de Teología y Pastoral de Bilbao y el Consejo Asesor de Sanidad y Servicios Sociales del Gobierno de España y de cara a encuentros con el Ayuntamiento de Logroño, el Gobierno de Asturias, el Consell Comarcal de Osona, Colaborabora, Korapilatzen y la Red Española de Política Social en esta semana.)


  1. Que gran verdad: “disciplinas que, lamentablemente, están muy de espaldas unas a otras …. divorcio entre la academia y las organizaciones en las que sucede la intervención social … dinámica pobre de investigación científica, desarrollo tecnológico e innovación…”. Parece que la cosa está cambiando poco a poco.
    Añadiria otra cuestión que me preocupa, tb están de espaldas disciplinas cuya intervención directa es complementaria y confluye en la mejora de la calidad de vida de las personas: Salud, Educación, Servicios de Empleo. Cada uno por separado atiende a su objeto, concencidos de que son necesarias atenciones integradas pero cuyo desempeño todavía no supera experiencias piloto. Aquí va a ser necesaria innovación, formación conjunta para generar “supraequipos” cooperativos de alto rendimiento que transciendan su objeto para diluirse hacía la mejora integral de la persona.
    Como siempre gran reflexión

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