Reencuentro en Vilafranca (relato breve sobre destrucción creativa)

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Pablo, María, Eduardo y Gloria están cenando, un día de 2019, en la casa en la que se criaron a mediados del pasado siglo y están recordando una cena similar, compartida en 1979, después del fallecimiento, con pocos días de diferencia, de Elvira y Joan, madre y padre de Gloria, Eduardo, María y Pablo. También de José, que estuvo en 1979 y no está en 2019. Conversan sobre los cambios en su vida y en sus entornos en estos últimos cuarenta años.

En 1979 Pablo llegó a la cena vistiendo su sotana recién planchada por una empleada doméstica del convento en el que vivía. Pertenecía a una congregación religiosa masculina con miles de miembros en activo en todo el mundo, dedicada a la educación y atención de la infancia. Pablo abandonó la congregación y dejó de ser sacerdote en la década de los ochenta y, en la actualidad, los miembros en activo de esa congregación son poco más de doscientos, ninguno se dedica a la educación y atención de la infancia y varios responsables de la institución están denunciados ante los tribunales por casos de pederastia.

María aprovechó el encuentro de 1979 para comunicar al resto el día de su boda con Alberto, su novio de toda la vida, y su decisión de dejar su empleo para ser ama de casa, así como de ser madre, cuanto antes, de familia numerosa. María, tras dar a luz a dos hijos, se divorció de Alberto y, posteriormente, lo hizo también de José Manuel, su segundo marido, con quien tuvo una hija. En la actualidad, María tiene una relación de pareja con Mercedes, compañera de trabajo.

Eduardo era en 1979 un prometedor ejecutivo de la multinacional Kodak, líder mundial del sector de la fotografía, y acababa de recibir la propuesta de un importante ascenso para liderar una estrategia de expansión de la empresa en América Latina. Cuarenta años después sabemos que Kodak fue una empresa que se destruyó al ser incapaz de transformarse en el contexto del proceso de desarrollo de las tecnologías digitales y la contracción del mercado de la película fotográfica y la fotografía analógica.

Gloria se había metido en política en aquellos años de la transición y gracias a Carlos Bustelo, ministro de Industria en 1979, había obtenido un puesto directivo en Telefónica, empresa pública que acababa de instalar el teléfono 10 millones en España. Hoy esa empresa es una multinacional privada y María es una ejecutiva dentro del área de transmisión digital de contenidos audiovisuales. Carlos, Bustelo, con quien María sigue teniendo contacto, ha participado recientemente en actos del partido Vox.

En 1979, José, el hermano pequeño, no quería estudiar y se iba a hacer la mili. Moriría por el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) pocos años después, tras una historia de adicción a la heroína, ingresos en servicios sanitarios y sociales y vida en la calle. En 2019 la mili no existe; el sistema sanitario español consiguió invertir radicalmente la tendencia, reduciendo, por ejemplo, un 68% las muertes por SIDA entre 1995 y 1998; y profesionales de los servicios sociales que, en su momento, atendieron a José continúan en el sistema, trabajando por su mejora, integración y universalización en este mundo cambiante.

(La fotografía, tomada de El País, corresponde a una bodega modernista de la comarca del Penedés y el relato tomó forma en una conversación con responsables de servicios sociales de la zona, preparando el encuentro de hoy, que comenzaremos con su lectura.)

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